Latinoamérica no deja de dar sorpresas. Y es tal vez allí, en su capacidad propositiva de innovar y soñar, donde se encuentra una de las principales potencialidades de este continente. El que a pesar del modelo de ajuste y miseria que soporta -hasta la extenuación-, no resigna su mirada hacia el cambio.
Este primer cuatrimestre del año 2000, el último del siglo y el del balance imprescindible del milenio, quiere caminar ligerito en la hoy convulsiva región andina. Como si se tratara de recuperar tiempos perdidos y de completar la evaluación de lo actuado ratificando su apuesta popular hacia el futuro.
En la tercera semana de enero la movilización social, encabezada por el movimiento indígena ecuatoriano, desnudó el cortoplacismo del programa de ajuste, reiteró la vigencia del movimiento popular y anticipó días y noches calientes para después del 30 de junio, cuando la parte más cruda de la *dolarización* entre en escena.
Si bien el jaque indígeno-popular contra el Parlamento ac’falo y el derribo del presidente Jamil Mahuad no pudo frenar la continuidad del modelo, la advertencia, seria y sin pliegues adquiere valor de futuro.
Quito vivi¢ su *indigenazo*, el pa¡s su *ecuadoriazo* y las reglas de juego de la democracia formal obsoleta se estremecieron. No por casualidad los *Parlamentos de los Pueblos de Ecuador* se perfilan, aunque con la tibieza de todo comienzo, en una apuesta organizativa alternativa si la fractura pol¡tica se volviera a repetir dentro de poco. Pocas semanas m s tarde, la primera de abril, la indignaci¢n ecuatoriana fue retomada por los sectores populares bolivianos. La lucha en Cochabamba por el *agua poblica* (tan sencillo y tan profundo como esto!) y en contra de la privatizaci¢n de este bien comon de la humanidad, produjo un aumento paulatino de la efervescencia popular en las oltimas semanas.
La sociedad civil cochabambina no dud¢ en recurrir a los mecanismos democr ticos y lanz¢ una Consulta Popular en la oltima semana de marzo con resultados tan claros como contundentes. Un *no* estrepitoso a la privatizaci¢n retumb¢ en todo el centro boliviano. S¢lo el Gobierno y las empresas privadas interesadas no quisieron entender la se_al. Con el costo correspondiente, para ellos, de una amplia movilizaci¢n popular en ascenso, reprimida con furia, pero no derrotada.
Al agua se le sum¢ la exigencia de aumento salarial, el recuerdo constante de la necesidad de una reforma agraria verdadera y un mont¢n de reivindicaciones m s, que crecieron tan r pido hasta convertirse en torrente. El s bado 8 de abril el exdicator Hugo B nzer, transformado por arte de magia de la democracia formal en presidente constitucional, recuper¢ sus ma_as *escondidas* de general y represor, y decret¢ el Estado de Sitio por tres meses. Por si algon ingenuo desprevenido hubiera realmente cre¡do en la posible reconversi¢n -en serio- de un golpista en dem¢crata.
Como si Ecuador y Bolivia fueran poco, Pero tambi’n vive este domingo 9 de abril sus horas de preguntas y virajes. Pase lo que pase en este ejercicio electoral, transformado al fin de la campa_a en el pugilato entre el *Cholo* Toledo y el *Chino* Fujimori, las consecuencias no culminar n con el cierre de urnas. Es muy posible que la polarizaci¢n que marc¢ todo el proceso electoral traiga cola y que, aunque sea en la pol¡tica formal, en Pero, nada sea igual que antes, despu’s de estas elecciones un tanto *sorprendentes*.
Detr s y condicionando todo esta particular din mica andina -donde no se deber¡an olvidar los vaivenes irresueltos de la crisis colombiana- aparece el marco de pueblos extenuados por un modelo de ajuste que no da respiro al 80% de las poblaciones de la regi¢n, trituradas por el ahogo, golpeadas por la desesperaci¢n y confrontadas a una ecuaci¢n tan simple como contundente: estallido social o suicidio a plazos.
No por casualidad, Bolivia se inscribe hoy entre los pa¡ses m s empobrecidos del continente. Y Pero y Ecuador son dos de las tres naciones latinoamericanas – segon estad¡sticas de las instituciones internacionales – con mayor desigualdad en la distribuci¢n de la riqueza. Concepto que pareciera un tanto abstracto si no se recuerda que el 69 % de la poblaci¢n ecuatoriana vive en condiciones de pobreza, que 2 millones (de sus casi 13 millones de pobladores) viven en la indigencia y casi el 50 % de los ecuatorianos sobrevive con menos de 2 d¢lares diarios sin cubrir siquiera la *canasta b sica de la pobreza*.
La explosividad andina del dos mil parece tomar el relevo a toda una cadena de estallidos, confrontaciones, y cuestionamientos que no son nuevas en el continente. En la d’cada pasada, se sinti¢ el cachetazo chiapaneco. Y la entrada en escena con contundencia de los trabajadores sin tierra del Brasil (s¢lo por citar dos ejemplos ilustrativos).
En los ochenta, fue marcante el protagonismo de los movimientos populares en Centroam’rica, reivindicando el derecho a la autodeterminaci¢n, en el caso de Nicaragua, o al cambio de fondo en El Salvador y Guatemala. Y ahora, sin olvidar la continuidad de todo lo que naci¢ en estas dos d’cadas pasadas,- a pesar de sus matices, cambios, readecuaciones e incluso frustraciones- el tim¢n parece tomarlo el movimiento popular andino. Seria advertencia , cada vez m s masiva en el continente, a un modelo inviable, agotado y jaqueado desde abajo, En todo caso, no hay mucho lugar para la sorpresa. Desde siglos la rebeld¡a tiene nombre latinoamericano. (Ra/QR/Po-Au/Pp-Gp-Cs/pt).
Sergio Ferrari
