Juan Cantos un oscuro diputado de origen cholo oriundo del Chimborazo y enriquecido con la venta de «gorras» a los indígenas de la sierra central, una prenda que ha reemplazado en esta región progresivamente al antiguo sombrero, es el protagonista de un escándalo de hondo contenido racista contra el movimiento indígena del Ecuador.
Como se recordará, el 21 de enero del 2000, el movimiento indígena ecuatoriano en alianza con militares de baja graduación y diversos movimientos sociales urbanos, derrocaron a Jamil Mahuad, uno de los presidentes más ineptos, pusilánimes, indecisos y comprometido con la banca que haya tenido el Ecuador en los últimos tiempos. Esta inédita movilización social que tuvo la capacidad de patear el tablero del poder en el Ecuador, despertó el añejo racismo de más de cuatro siglos que se mantenía medio aletargado en el país. «Pesadilla monstruosa», «comedia bufa», «golpismo antidemocrático», «noche trágica» y otros calificativos de igual resonancia se utilizaron para estigmatizar la osad¡a de indios, populares y militares que quisieron tomar el cielo por asalto. Los pitucos comenzaron a reunirse en Los Shirys acusando de golpista a todo indio y cholo que pas¢ por all¡. El Le¢n de Guayaquil rugi¢ en los o¡dos de unos asustados diputados que casi pierden el empleo, exigi’ndoles mano dura contra los indios. Al punto, como movidos por un centenario resorte comon, la vieja clase pol¡tica salt¢ a la defensa de los supuestos bienes de la democracia, olvidaron por un momento sus viejas rencillas, su canibalismo pol¡tico y hasta se propusieron lograr los consensos necesarios para implementar la llamada ley «trole», los diversos cambios que exig¡a el FMI y la nueva pol¡tica de dolarizaci¢n. Pero no solo ello. Consideraron necesario castigar a los golpistas: defenestraron a dos diputados, encarcelaron a los coroneles e iniciaron presurosos varios juicios a los sublevados. Pero aon esto no era suficiente. La amenaza india los hab¡a conmovido demasiado. Angustiados se preguntaron +c¢mo golpear y parar al movimiento ind¡gena? +c¢mo cuestionar esa enorme reserva moral de los m s pobres del Ecuador que tanto hab¡a atra¡do a los coroneles j¢venes? +c¢mo evitar que capitalice el Movimiento Pachakutik en votos a su favor la movilizaci¢n y la simpat¡a que provoc¢ entre los de abajo en las cercanas elecciones de mayo? +c¢mo disminuir y desprestigiar la idea de la consulta contra la dolarizaci¢n que gana aliados en la galopante inflaci¢n que vivimos? +d¢nde encontrar un personaje otil y los argumentos necesarios para enfrentarlos?.
Para el sector de la Democracia Popular que desde el Congreso impuls¢ esta campa_a, el cuestionador deb¡a provenir de la provincia con mayor nomero de indios, de una persona familiarizada con los indios aunque sea a trav’s de la venta de gorras, de un mestizo cholo cuya presencia no huela a pituco para no levantar demasiadas sospechas, en fin de alguien, que si pierde y se desprestigia sabe que no tiene otra oportunidad entre los hijos de la DP.
En Bolivia, pero sobre todo en el Pero contempor neo se considera que hay dos tipos de mestizos: los blanqueados y la choler¡a . Se podr¡a concluir que en estos pa¡ses la impresionante crisis del campo que llev¢ a miles de ind¡genas a la ciudad produjo este proceso de cholificaci¢n, que se autoreconoce como tal y que incluso tiene claros comportamientos pol¡ticos que as¡ lo ratifican: el triunfo de Fujimori sobre Vargas Llosa y el ascenso de «Choledo» en las oltimas elecciones son muy elocuentes. En el Ecuador si bien podr¡a reconocerse esta clasificaci¢n, la situaci¢n es m s ambigua. Existe un variopinto mundo mestizo en el que es posible encontrar diversos grupos cuya identidad es muy fluida: longos, cholos, chagras, chazos, montuvios, mulatos, zambos, pupos y blanqueados. Cada una de estas categor¡as es ambigua. En algunos contextos hay quienes se identifican con alguna de estas categor¡as, pero en otros es un calificativo peyorativo para desvalorizarlos.
El t’rmino cholo es aplicado por un buen sector del pa¡s a los ind¡genas que se convierten en mestizos, sobre todo cuando van a la ciudad; pero tal como lo se_ala Hern n Ibarra, los artesanos de origen mestizo de larga tradici¢n en la ciudad son considerados cholos por los grupos dominantes y varios de ellos se identifican como tales. Mas aon, el chagra que es un campesino mestizo cuando ingresa al mundo urbano pasa a ser conceptuado como cholo . Una reciente investigaci¢n en el rea de las comunas huancavilcas mostr¢ que el 85% de ellos se consideran cholos , es decir el t’rmino resulta ambiguo y din mico: tiene connotaciones ‘tnicas, pero tambi’n clasistas, incorpora aspectos de marginalidad urbana y formas peyorativas de los de arriba para diferenciarse de lo popular urbano. El t’rmino longo, otra de las categor¡as utilizadas para referirse a este sector, en el mundo ind¡gena es utilizado con cari_o para referirse a un o una joven, pero en el mundo mestizo es utilizado de manera peyorativa de manera indistinta para ind¡genas como para mestizos populares. El t’rmino montuvio tiene tambi’n una gran ambig_edad, es utilizado como elemento de identidad tanto por los ind¡genas como por los campesinos mestizos manabitas, y en general por varios ecuatorianos para referirse al sector rural coste_o. El t’rmino chagra ha sido utilizado en la sierra para referirse a los mestizos de origen rural y pueblerino, sin embargo, en el reciente libro de Fabi n Corrral, se intenta crear una imagen mestiza de campesinos y hacendados de la sierra : «el hacendado no aparece como la nobleza aristocr tica, sino como un sector mestizo que comparte elementos de identidad con el chagrer¡o» . Esta reivindicaci¢n de lo chagra comienza a ganar fuerza en los pueblos, en las corridas de toros populares y en las demostraciones de los jinetes a caballo. Los t’rminos pupo en Carchi, chazo en Azuay y Loja, tienen resonancias similares a las del chagra, aunque tambi’n pueden ser utilizados en su connotaci¢n ‘tnica y clasista. Aunque parezca curioso, los mestizos pueblerinos de Loja lo utilizan para referirse a los «sucos» del rea rural de habla rostica, b rbara y arcaica de probable ascendencia sefardita.
El comportamiento pol¡tico electoral muestra tambi’n esa ambig_edad: las mayores adhesiones al movimiento ind¡gena provienen del mestizo urbano de Quito y Cuenca, en tanto en el choler¡o en el que se esperar¡a encontrar mayor adhesi¢n no hubo el respaldo que se esperaba. En verdad hay muchos cholos vergonzantes que se comportan como blanqueados queriendo exorcizar al indio que llevan por dentro: tal la esquizofrenia de los cholos en ascenso.
Este viejo conflicto de las identidades en el Ecuador, es m s profundo en una ciudad como Riobamba que tiene un fuerte raigambre colonial y tiene la mayor poblaci¢n ind¡gena del Ecuador. En el siglo XVIII los mestizos fueron tratados en los peores t’rminos por los criollos. Juan de Velasco los consider¢ «el oprobio de los habitadores del Nuevo Mundo» (1977:357). Otro criollo del mismo per¡odo, Manuel Pont¢n en un informe de 1778 sobre la zona de Guano se lanza contra los mestizos a los que acusa de ser «monas y arlequines de los Cavalleros, con la altivez, la desverguenza, y atrevimientos pretenden hacer papel de nobles…Estos defraudan las Iglesias, Monasterios y a las familias principales…dominan, triunphan y son…el esc ndalo de los pueblos y la polilla de las casas» . El comportamiento mestizo fue dual: en ocasiones se alinearon con los indios, como en la revuelta de Guano de 1803, pero en otras, como en el «levantamiento de los pueblos o de la plebe» de 1843 se reclamaron como mestizos, en tanto en la de Daquilema de 1871 se alinearon con los blancos.
Ese comportamiento dual se mantiene: muchos cholos reencuentran su identidad, pero otros se enfilan con los dominantes. En Riobamba la profunda divisi¢n de castas de la ‘poca colonial, atraviesa a las categor¡as de clase, al g’nero, las generaciones y las mentalidades de los riobambe_os. Muchos cholos que han logrado cierto ascenso social por la v¡a de los negocios, buscan desesperados algon reconocimiento sirviendo de instrumentos otiles a los grupos dominantes: tal el comportamiento de Cantos.
La tramoya se arm¢ con elementos falsos, pero muy impresionantes. Cantos dijo al pa¡s haber descubierto tres evidencias ocultas: que hab¡a un proyecto en el que se pagan latisueldos en d¢lares, que all¡ trabajan los dirigentes de la CONAIE y que de all¡ proven¡an los fondos que financiaron el levantamiento de enero. De estas supuestas evidencias, Cantos extra¡a varias conclusiones pol¡ticas que las lanz¢ a manera de preguntas para se_alar que hay un doble discurso: (i) c¢mo es posible, enfatiz¢, que hablen contra la miseria si hay un grupo de dirigentes indios privilegiados que ganan en d¢lares; (ii) c¢mo es posible, se_al¢, que hablen contra la dolarizaci¢n si ellos mismos ganan en d¢lares; y (iii) c¢mo es posible, dijo finalmente, que hablen contra la corrupci¢n, si ellos tambi’n han sido corruptos. Esto de «tambi’n han sido corruptos», no era un lapsus, sino la bosqueda de complicidad. En todo caso, la trama estaba completa y se aprestaron a difundirla por todos los medios.
Un sector de los medios de comunicaci¢n que vive del esc ndalo crey¢ haber encontrado la punta del ovillo que por fin explicara que los indios se movilizan pagados con ingentes fondos y no por conciencia, que son mentirosos y tienen doble discurso como se hab¡a dicho siempre desde la ‘poca colonial. Con sorprendente rapidez publicaron y comentaron la diatriba sin preocuparse en lo m s m¡nimo de su veracidad; realizaron largas entrevistas al «denunciante» al que ayudaron a articular sus enredados razonamientos; manipularon las im genes mostrando cuadros de pobreza extrema que contrastaban con los supuestos latisueldos, o mostraron im genes de los dirigentes indios mientras se hablaba sobre la «denuncia» para establecer una relaci¢n subliminal; incluso hubo quienes se dedicaron a identificar en la lista de consultores a los de apellido ind¡gena de aquellos no ind¡genas para reclamar airados por qu’ ‘stos se han cambiado de apellido.
Los datos y los hechos mostraron de manera clara, simple y llana que las acusaciones de Cantos eran grandes mentiras, las de un cholo vergonzante con aspiraci¢n a dorado.
Hablemos de los honorarios de los consultores. El PRODEPINE mostr¢ que los honorarios se pagaban en sucres y no en d¢lares como lo hab¡a afirmado el «honorable» porque los desembolsos provenientes del Banco Mundial y del FIDA ingresan por el Banco Central que los sucretiza al depositarlos en las cuentas del Proyecto. El PRODEPINE mostr¢ que los honorarios se nominaron en d¢lares porque esa es la moneda de todo convenio internacional para todos los rubros, pero que, por efectos del decreto de sucretizaci¢n de febrero de 1998 y la ley de marzo expedida ese mismo a_o por el Congreso, se pagaba a una cotizaci¢n de 7.217, 5 por d¢lar, cambio al que se realiz¢ un reajuste hasta 13.000 sucres por d¢lar, con lo que los sueldos reales llegaban apenas al 48% del sueldo nominal. Se mostr¢ que hay una diferencia importante entre sueldo y honorario: los consultores reciben un honorario en el que no se reconoce ningon sobresueldo, ninguna compensaci¢n, ni bonificaci¢n, tampoco estabilidad laboral. Se demostr¢ t’cnicamente que para un Proyecto de 50 millones de d¢lares, por la responsabilidad y solvencia t’cnica que se requiere, los est ndares ecuatorianos reconocen una inversi¢n en honorarios del 12 a 14% del monto del Proyecto, pero que por consideraciones ‘ticas el PRODEPINE baj¢ al 9.6% y que con la sucretizaci¢n baj¢ a 4.6% del presupuesto total. Los honorarios actuales son los m s bajos de este tipo de proyectos (hay 19 en ejecuci¢n el pa¡s), que no logran competir con los precios que paga el mercado, por lo que muchos consultores son tentados por otras propuestas, manteni’ndose por puro amor a la camiseta. Cuando los consultores encararon en la Comisi¢n de Fiscalizaci¢n del Congreso, a la cual asistieron por su propia iniciativa para exigir la fiscalizaci¢n, el «honorable» dijo que «‘l no hab¡a dicho a los medios de comunicaci¢n que cobraban a 25.000 sucres por d¢lar, sino que as¡ estaba el cambio». Tampoco dijo haber estado informado de la sucretizaci¢n y del congelamiento a 7.217,5. +d¢nde estaba este diputado cuando se aprob¢ esta ley? +puede soportarse una desfachatez tan grande?.
Hablemos de los supuestos dirigentes de la CONAIE que traban en el PRODEPINE. Se mostr¢ que este no es un Proyecto de la CONAIE, sino del Gobierno Ecuatoriano, que procede de un convenio internacional con el Banco Mundial y el FIDA, y que cuenta con la participaci¢n de seis organizaciones nacionales ind¡genas y afroecuatorianas (CONAIE, FENOCIN, FEINE, FENACLE, FEI y CNA), es decir, es la experiencia m s interesante de concertaci¢n que se haya logrado en el Ecuador entre actores disc¡miles. Se demostr¢ que los consultores se reclutaron a trav’s de concursos poblicos, cuyas convocatorias salieron en los principales diarios del pa¡s, en el que participaron cientos de profesionales de toda procedencia ‘tnica y que los que ganaron, lo lograron por m’ritos acad’micos, por experiencia y conocimiento de metodolog¡as del desarrollo y por haber trabajado con ind¡genas y negros. Cuando el PRODEPINE enfrent¢ a Cantos, ‘ste dijo «que no hab¡a dicho que all¡ trabajaban dirigentes de la CONAIE, sino el hermano de Antonio Vargas», a lo que le respondieron que s¡, que este consultor de origen z paro habla tres idiomas, se gradu¢ en Europa y es un t’cnico de trayectoria reconocida. ¨Hay algon delito que el hermano de un dirigente, trabaje por sus m’ritos en algon proyecto del pa¡s? +o por ser indio no puede ser consultor?.
Hablemos del supuesto financiamiento a los levantamientos ind¡genas. El Proyecto mostr¢ que los fondos se invierten segon rubros elaborados en el presupuesto aprobado en el convenio internacional, que la gesti¢n es auditada por la Contralor¡a que hasta el momento ha realizado tres auditor¡as, las que han resultado totalmente limpias; que hay auditor¡as y No Objeciones para los gastos por parte del Banco Mundial y el FIDA; y hay un seguimiento permanente del Ministerio de Finanzas. Con todas estas formas de control, no es posible, ni remotamente financiar levantamientos de ninguna organizaci¢n. +Es posible que un diputado levante falsas acusaciones y se quede tan campante sin merecer un castigo por su delito?.
El racismo se define como la capacidad que tiene un individuo o un grupo con poder, para excluir, discriminar, desvalorizar, difamar o eliminar a otra persona o a grupos sociales con menos poder, por razones raciales y ‘tnicas. Esta definici¢n que goza de consenso universal, calza como tramojo al puerco en la acci¢n del diputado.
Analicemos el transfondo de los hechos: (i) el «honorable» eligi¢ 1 de los 19 proyectos con pr’stamos internacionales para escandalizar al pa¡s. Tal exclusi¢n, que juzga con distinta vara a un proyecto respecto a los 18 restantes, tiene una profunda connotaci¢n racista; (ii) el «honorable» se escandaliza de que existan t’cnicos indios y negros de alto nivel con un salario razonable en el mercado de trabajo de consultor¡as en el pa¡s. Para Cantos no es posible que existan t’cnicos de alta calificaci¢n en el mundo ind¡gena y negro, menos aon que tengan salarios casi comparables a los t’cnicos mestizos, lo cual en cualquier idioma se llama discriminaci¢n >racial; (iii) el «honorable» considera que en un proyecto dirigido a ind¡genas y negros no deben trabajar t’cnicos provenientes de estos pueblos, cuando en cualquier experiencia en el mundo se sabe que se logra mejores resultados en el entendimiento y comunicaci¢n con la poblaci¢n meta cuando existen t’cnicos que provengan de los mismos pueblos. Mas aon, en el PRODEPINE, con profundo sentido intercultural existe un 30% de t’cnicos mestizos; (iv) «el honorable» usa el poder de inmunidad otorgado por la Constituci¢n para difamar a los indios y negros, qued ndose tan campante como si nada hubiese pasado; (v) el «honorable» toma un s¡mbolo ind¡gena actual, el poncho, para desvalorizarlo. Resulta que esta prenda en la simbolog¡a ecuatoriana representa a un indio, a uno de abajo, al que nunca se le hace justicia y es parte del atuendo tradicional de varios pueblos ind¡genas, con lo que, su desvalorizaci¢n y burla, se convierte en un acto profundamente racista; y (vi) al comparar la miseria de varios sectores ind¡genas y afroecuatorianos con los supuestos buenos salarios de otros indios, establece la perversa y mal’vola relaci¢n de que estos salarios son la causa de esta pobreza. Estos son los signos cotidianos, casi desapercibidos del racismo en el pa¡s: estamos pasando del arranche de productos que muchos mestizos hicieron en el pasado, al arranche de la honra de los indios.
Posiciones como las de Cantos son terriblemente peligrosas, nos llevan inexorablemente a un agudizamiento de las relaciones inter’tnicas, a destapar conflictos cuya complejidad desborda cualquier predicci¢n y aleja las posibilidades de construir una sociedad intercultural viable.
Las manifestaciones que se dieron a ra¡z del esc ndalo son muy claras: en varias provincias serranas los carros del Proyecto fueron apedreados por mestizos, varios «periodistas» mestizos se la tomaron contra los indios de manera agresiva y gratuita, hasta en las calles los indios sufrieron agresiones de mestizos pobres, que casi culpaban a los indios de su miseria. Por el lado indio tambi’n se agudizaron los odios raciales. Cientos de ind¡genas en Chimborazo consideraron que era necesario ba_ar y ortigar al diputado. Muchos profesionales ind¡genas se sienten exclu¡dos y discriminados de la competencia en el mercado laboral. El proceso electoral que debi¢ debatir tesis y programas, tom¢ en las provincias de mayor presencia ind¡gena el atajo de la confrontaci¢n inter’tnica. Las negociaciones de los movimientos ind¡genas con el Gobierno se empantanaron motivados entre otras cosas, por sospechas mutuas y recelos centenarios. En la costa, crecieron los odios raciales contra indios y negros en las calles, en los lugares de trabajo, en las relaciones diarias, movidos por algunas radios y peri¢dicos que destilan odio racial. Las posibilidades de consenso en el pa¡s se vieron fuertemente afectadas por los cantos al racismo que utilizaron a un cholo que hace m’ritos para pasar por blanco, sin considerar que solo aumentar su esquizofrenia.
Es necesario frenar esta escalada de enfrentamiento inter’tnico en el Ecuador. Para ello proponemos llevar el caso a varias instancias posibles: La Comisi¢n Interamericana de Derechos Humanos, La Corte Interamericana de Derechos Humanos o La Corte Internacional de Derechos Humanos, para obtener un claro pronunciamiento de estos organismos sobre este caso. Su pronunciamiento se convertir en un poderoso castigo moral que disminuir los cantos al racismo que est n subiendo de tono. A nivel del pa¡s, el caso debe ser conocido y ventilado por el ALDHU, la CEDHU y dem s organismos de derechos humanos para obtener pronunciamientos claros sobre el tema. Sugerimos a los medios de difusi¢n serios, a los centros acad’micos, a las ONGs organizar foros sobre el racismo en la cotidianidad y en la relaci¢n estado-sociedad, para profundizar sobre las diversas formas de racismo, desde las sutiles hasta las groseras, para avanzar en las posibilidades de fortalecer la interculturalidad en el pa¡s. Todav¡a estamos a punto de lograr un pa¡s para todos y todas.
Galo Ram¢n Valarezo
Boletin del Instituto cient¡fico de culturas ind¡genas
