El hombre, viejo militante de la izquierda venezolana, estaba sentado en un ôbotiquínö (bar) de Sabana Grande, en Caracas, y después de ver el noticiero por televisión, y la cuña publicitaria opositora que identificaba al presidente Hugo Chávez con una gallina, tomó su último sorbo de cerveza para dejar sentado que ôvotar por (Francisco) Arias Cárdenas es como cambiar de camarote en el Titanic, por uno con vista al icebergö.
La lucha presidencial -sucia, llena de golpes bajos, sin fondo ni contenido- en Venezuela está polarizada entre dos ex tenientes coronel, ambos líderes de un levantamiento militar frustrado ûel del 4 de febrero de 1992-, uno en la presidencia de la República Bolivariana por mandato popular y, el otro, Arias, ex gobernador del estado Zulia, ahora candidato de la +oposición?.
Las encuestas coinciden en que sólo un milagro ûy ambos candidatos creen en ellos- puede hacer que Arias suceda a Hugo Chávez en la presidencia venezolana. El tercero en discordia, el soci¢logo socialdem¢crata Claudio Ferm¡n, ni siquiera aparece en la consideraci¢n de los especuladores y pronosticadores electorales.
Roberto Giusti, uno de los buenos periodistas venezolanos, enfrentado a Ch vez, coment¢ la desaparici¢n del presidente de los medios masivos. «Algunos dicen que se perdi¢ en el camino, entre los cardonales de Falc¢n y los esteros del Camagu n, pero algunos aseguran haberlo visto por el piedemonte barin’s, cabalgando a pelo un brioso zaino, en pos de la montonera zamorana que persegu¡a las huestes oligarcas en el siglo pasado, en plena retirada hacia los p ramos meride_os. Otros cuentan que divisaron su perfil orgulloso de guerrero tropical fum ndose un cigarrito, encapillado, detr s de la tribuna, minutos antes del escu lido mitin de Guanare. Mientras que algunos rumores daban cuenta de que anduvo por las monta_as de Sorte, consultando a los or culos de Mar¡a Lionza y de paso haci’ndose un despojo».
Para los periodistas de la capital, Ch vez est perdido y todo pareciera indicar que se tom¢ en serio su anuncio de no abusar de las cadenas nacionales de radio y televisi¢n (los medios de comunicaci¢n -todos, salvo los oficiales, en su contra-) porque cuando todos esperaban un aplastante blitzkrieg medi tico en la recta final de la campa_a, desapareci¢ de las pantallas, se evapor¢ del ‘ter, y suspendi¢ incluso su dominical programa radial Al¢ Presidente. Pero no es as¡: est recorriendo entre tres y cuatro estados diferentes al d¡a, manejando su propia Blazer -de una caravana de seis-, en su intenci¢n de no dejar poblado grande sin visitar, sin que lo vean, de carne y hueso. «Mira, Carlos, dile al alem n de Der Spiegel que si quiere conversar que nos encontramos ma_ana en Barinas», le comenta a su viceministro de Gesti¢n Comunicacional, el capit n Carlos Aguilera, mientras sigue estrechando manos, acariciando cabecitas de ni_os, abrazando viejitas, dialogando con su pueblo. («Mira, ese es el encargado de llevar la tarima a todos los actos, donde se para Ch vez para hablar, y f¡jate que Arias, con lo peque_o que es, no tiene tarima nunca», me explica un camar¢grafo acostumbrado a estas giras). Lo cierto es que la multitud rural quiere tocarlo, hablar con ‘l de sus problemas personales, antes que preguntarle sobre los esc ndalos que envuelven al presidente del Congresillo Luis Miquilena o la intervenci¢n del banco Cavendes, y lo recibe entre cohetazos, incondicional y gozosa, dispuesta a mimetizarse con ‘l.
Pero lo cierto es que la gran prensa quiere olvidarse de ‘l: no lo siguen muchas c maras y resulta m¡nimo el despliegue de medios capitalinos. Ch vez habla a la provincia y su eco no retumba en Caracas. O por los menos en los medios, porque hay un pueblo silente que lo sigue, esperanzado por ahora. Sin previo aviso cesaron los insultos a los obispos, preocupados por la revoluci¢n que termin¢ con los subsidios a la Iglesia, los anatemas en contra de los medios, los ataques a sus ex aliados de Patria Para Todos (PPT), las agresiones a sus ex compa_eros de armas y ahora m s que adversarios.
La prensa capitalina cree que Ch vez calla. Al menos en Caracas, donde le quita el cuerpo a una avalancha de adversidades: antejuicios de m’rito, tr fico de influencias, amigos enredados, falsos testimonios, quiebras de bancos, decisiones del fiscal, humillantes insultos de los ex hermanos del alma y del arma. «Son cuestiones que simplemente se ignoran, poniendo el pa¡s profundo de por medio», se_ala Giusti, como la separaci¢n del PPT a trece d¡as de las elecciones, la debacle anticipada de los candidatos chavistas a gobernador, el dilema de la Fuerza Armada, supuestamente cansada de repartir papas y limpiar ca_adas, en lugar de dedicarse a sus tareas espec¡ficas.
Una periodista se le acerca, en una de las poblaciones de Anzo tegui, al oriente del pa¡s y le se_ala que el retiro del apoyo del PPT afectar los resultados electorales de su candidatura. «No, para nada, absolutamente para nada, es irrelevante, chica», le contesta. Y cuando interviene un dirigente vecinal, con la boina roja distintiva del chavismo, se da media vuelta y le contesta que «las fuerzas reales no se miden tanto en los partidos pol¡ticos, sino en el apoyo de la masa popular».
Y de regreso con la periodista le se_ala que «aqu¡ lo que le da vida a este proyecto no son los partidos pol¡ticos, que se est n ubicando de nuevo donde tienen que ubicarse, intermediarios entre el estado y la sociedad y no tratando de hegemonizar, abarcar todos los espacios pol¡ticos y sociales del pa¡s. La fuerza real de nuestro proyecto va m s all de los partidos pol¡ticos. Es el pueblo, es la sociedad civil, son los millones de seres humanos que impulsan este proyecto y lo cual hemos visto por todas partes».
Un poco m s atr s divisa a un camar¢grafo internacional y le grita, en el medio de la multitud: «Los invito a todos, me voy esta noche, amanezco en M’rida. Despu’s me voy a San Crist¢bal, ma_ana mismo, pasando por La Fr¡a y todos los pueblos de M’rida y T chira intermedios. Pasado ma_ana amanecemos en Guasdualito y de all¡ vamos a Barinas. » Comparen ustedes lo que pas¢ la semana pasada en nuestras caravanas multitudinarias y vamos a ver si esta semana que viene hay alguna merma del apoyo en la calle a nuestras caravanas, a nuestros mitines, a nuestro recorrido… Ah¡ de manera objetiva se pudiera medir. Para m¡, va a ser imperceptible».
Un corresponsal espa_ol le dice que ya no se puede ir a rezar, porque el enfrentamiento pol¡tico lleg¢ a las iglesias. «Aqu¡ hay la rebeli¢n de las masas. Ortega y Gasset dec¡a cuando hablaba de la rebeli¢n de las masas, que las masas se hab¡an metido en todas partes. La masa lo invade todo y hoy en d¡a no hay ningon espacio en Venezuela donde no est’ el conflicto». El corresponsal sonr¡e y le recuerda a su fot¢grafo que Ortega era un reaccionario y no un revolucionario, precisamente.
Mientras, Ch vez sigue insistiendo en que «el hecho de que el conflicto hist¢rico que Venezuela est viviendo invada todos los espacios es positivo: donde quieran que ustedes vayan, v yanse al Apure, a una isla, al Meta, a los campamentos ind¡genas, en todas partes est un conflicto planteado y eso es positivo».
Una humilde ama de casa dice que siente miedo por los enfrentamientos entre partidarios de los dos candidatos: «Yo no he visto miedo, lo que veo es alegr¡a en todas partes y he visto, he caminado y he estado con millones de personas, no con cien personas ni con mil, con millones de personas y +saben lo que veo en todas partes? Optimismo, alegr¡a. Ahora, que otros est’n empe_ados en hablar de miedo, de eso est n hablando hace muchos a_os, de que hay terror en la calle, de que hay rumores. Rumores siempre hay, pero por encima de eso, hay un gran optimismo en todas las calles de Venezuela», le contesta a la mujer, a sabiendas que los periodistas lo est n siguiendo, grabador y c maras en mano. De regreso en Caracas, es Teodoro Petkoff, ex guerrillero, ex fundador del Movimiento Al Socialismo, ex ministro de Planificaci¢n de Rafael Caldera y ahora director del vespertino TalCual el que interpreta la decisi¢n del PPT -junto con el MAS y el chavista Movimiento V Repoblica, base de la coalici¢n oficialista Polo Patri¢tico- de no apoyar la candidatura presidencial de Ch vez (pero tampoco la de Arias).
«La ruptura del PPT con el chavismo y con el Presidente es un episodio m s de la interminable cadena de separaciones que ha caracterizado el proceso conducido por Hugo Ch vez. ¨C¢mo explicar esta serie de divorcios, que comenz¢ con el de Jorge Olavarr¡a y llega, por ahora, hasta el PPT, pasando por el m s traum tico de todos, el de los militares del 4F, encabezados por Arias C rdenas? Con Ch vez han roto conservadores, izquierdistas, gente de centro derecha y centro izquierda, populistas, militares y civiles. Ser¡a dif¡cil encontrar una raz¢n ideol¢gica o pol¡tica comon a los distintos sectores que se han alejado del Presidente. No se han ido, Ch vez los ha echado de su lado. Lo que los ha alejado es, sin duda, una concepci¢n pol¡tica excluyente y brutal, que s¢lo acepta relaciones de subordinaci¢n», se_ala.
Lo cierto es que en la vereda de enfrente, y asesorado por expertos estadounidenses y cubano-miameros (David Doak, Joaqu¡n P’rez Rodr¡guez), el candidato presidencial opositor, ha endurecido su mensaje y se ha esforzado en captar los votos de una clase media resentida con Ch vez, procurando estimular el voto-castigo al gobierno, ampar ndose en el apoyo irrestricto que ha tenido en todos los medios de comunicaci¢n, como forma de irradiar su mensaje hacia el interior.
Sus presentaciones han sido principalmente en escenarios cerrados, y las veces que ha ido a visitar barrios pobres y marginales (la base de apoyo chavista) no le ha ido bien: se ha ganado tomatazos, huevazos e improperios de grueso calibre cada vez que insiste en que el presidente traicion¢ el proceso revolucionario para refundar a Venezuela y lo convirti¢ «en una revoluci¢n de la miseria, del hambre, del desempleo y la delincuencia».
«En s¢lo 14 meses de gobierno, el proceso se ha convertido «en un fracaso y un fiasco», dijo en la barriada caraque_a de El Valle, donde uno de sus acompa_antes le quit¢ una pancarta con la foto de Ch vez a uno de los habitantes de la zona, generando una peque_a gresca. Y Arias hizo mutis por el foro, justo al lado de la estaci¢n del Metro.
Cuando estuvo en la barriada de Catia, Arias tampoco se detuvo a conversar con la gente: pareciera que le rehuye, que no se siente c¢modo, y tambi’n recibi¢ la espont nea raci¢n de tomates y huevos. La gente de pueblo lo ve pasar, raudo y veloz, pero en general no lo escucha, y menos aon cuando se_ala, sin la potencia de voz de su antiguo camarada de armas y hermano del alma, que «mi experiencia como gobernador del estado de Zulia es la que propongo para gobernar Venezuela y salvarla del loco Ch vez».
«Se limita a capitalizar el voto antichavista, corriendo el riesgo de no alcanzar siquiera el 38,8% de los votos logrado por el conservador Henrique Salas Romerr en diciembre de 1998», advierte Manuel Felipe Sierra, director de la revista Primicia. «+Usted lo vio cargar (levantar) a un ni_o o abrazarse a un negro?», pregunta un desdentado buhonero (vendedor ambulante) en un bar de Guarenas, en la periferia caraque_a, dejando en claro que m s all de la pol¡tica, en esto de votar por un presidente hay mucho de lo que los gringos llamar¡an feeling, con el perd¢n de Frank Sinatra.
Y en los sectores de menores recursos, Arias no ha logrado calar. All¡ Ch vez no s¢lo tiene apoyo sino credibilidad. Es m s que eso, la gente cree en ‘l. Si uno le pregunta si es que ahora vive mejor, seguramente le contestar que no. «Pero por lo menos es de los nuestros y entiende lo que queremos», contesta ante las c maras de televisi¢n Yuraima Guaramato, una desocupada, que sobrevive vendiendo dulces que fabrica en su casa.
En un clima electoral que la prensa gusta calificar como de ataques y de posibles escenarios de violencia, Arias insiste en alertar sobre la creciente politizaci¢n de la Fuerza Armada, provocado por el militarismo de Hugo Ch vez «quien sac¢ a la milicia de los cuarteles para meterlos a la arena electoral. Est n apartadas de su funci¢n de salvaguardar la soberan¡a nacional, ahora venden tomates, construyen casas y realizan funciones administrativas, debido a que Ch vez quiere convertirlas en un partido de gobierno», afirm¢ Arias.
En sus discursos en salas cerradas suele insistir en que «cuando yo gane las elecciones» las fuerzas armadas regresar n a los cuarteles y a sus funciones de seguridad nacional», aon cuando resalta que «yo me considero bolivariano y no pretendo ganar estas elecciones para quitarle ese nombre al pa¡s».
De acuerdo con estudio acad’mico multidisciplinario es un candidato «fr¡o, introvertido, racional, conceptual, de recintos cerrados y no masivos, busca llegar a las clases media y alta de Venezuela». Su discurso es m s objetivo, anal¡tico, en todas sus apreciaciones, razona sus opiniones. Busca mostrar un rompimiento con su pasado golpista, pero no se averg_enza de ello, quiere dar la imagen de que es un hombre con un proyecto diferente que de seguridad a la inversi¢n y a la econom¡a.
No s¢lo Ch vez es agresivo: Arias ha dejado de lado la moderaci¢n y ahora utiliza un lenguaje m s duro para referirse al presidente y candidato, a quien acus¢ de «disfrazarse de Fidel Castro al usar un uniforme militar para ganar votos, pero en el fondo es un cobarde». Advirti¢ tambi’n sobre la violencia pol¡tica en Venezuela y las agresiones que ha recibido por parte de simpatizantes de Ch vez, «pero no nos vamos a amedrentar, vamos a responder de igual forma ante estos malandros y delincuentes».
Este ex seminarista y ex teniente coronel golpista insiste ante los medios que «tenemos que terminar con esta farsa que encabeza Ch vez, no podemos dejar que siga acabando con el pa¡s, que sigan asesinando tan s¢lo en Caracas 100 personas a la semana, cerrando empresas y la gente no tenga empleo» todo bajo el argumento de la revoluci¢n pac¡fica. Ch vez quiere ocupar todos los espacios, los de la prensa, los partidos y hasta la Iglesia».
Las encuestas a diez d¡as de las megalecciones del 28 de mayo ubican a Arias con una simpat¡a del 31.1 por ciento, pero ‘ste afirm¢ que no cree en estas consultas y asegur¢ que ganar con m s de un mill¢n de votos sobre el candidato oficial.
Con ‘l manda el pueblo: no puede ser (rec)
Lo cierto, es que una gran cantidad de vallas en el pa¡s est n ocupadas por dos personajes dis¡miles: El candidato Hugo Ch vez, quien proclama que con ‘l «manda el pueblo» y la cadena de tiendas «No puede ser», con su logotipo y su nombre. ¨Coincidencia o intencionalidad? Coincidencia, dice la empresa due_a de las vallas. «No puede ser», se_alan los anunciantes.
A Ernesto Alvarenga, coordinador de la campa_a publicitaria de Movimiento V Repoblica no le gusta la uni¢n: «Imag¡nate, nosotros arriba diciendo que con Ch vez manda el pueblo y abajo diciendo que eso no puede ser. Nos perjudica totalmente».
Un vocero de la empresa publicitaria Vepaco, por su parte, afirma que las vallas se posicionan con un sistema que descarta productos que son competidores directos.
Por Aram Ruben Aharonian
Corresponsal Informativos.Net, Caracas
