Frente al «caso Cononaco», a las primeras inculpaciones, a la relación con la situación del país fronterizo y las aceleradas implicaciones de Ecuador en el Plan Colombia, la Asamblea Permanente de Derechos Humanos, APDH del Ecuador, expone a la comunidad nacional e internacional:
1. Las actuales versiones policiales e investigaciones oficiales del suceso de Cononaco, tienden a trizar la previa e irresponsable tesis inculpatoria del Ministro Moeller a uno de los frentes insurgentes de Colombia en este hecho producido en territorio ecuatoriano. Cada vez resulta visible que no se trataría de una «guerrilla a la ecuatoriana» sino de grupos delincuenciales embrionarios, en cuya captura, detención y criminalización, parece que se usaron mecanismos ilegales similares a los que la errónea actitud oficial y sectores de la prensa desataron en el caso Putumayo, ocurrido hace casi una década.
2. Si la calidad y cantidad del armamento presentado evidencia la pobreza instrumental de la supuesta «guerrilla», las primeras entrevistas -con su dosis de sensacionalismo incluida- evidencian el grado de impreparaci¢n cultural y pol¡tica de los «comandantes» inculpados, y refuerzan la tesis delincuencial, aunque no por ello se descarte la inclusi¢n de disidentes de las Farc, ¢ de paramilitares colombianos de ultraderecha, que declararon haber entrenado ecuatorianos hace un a_o en la frontera.
3. Preocupa el trato ilegal de FF.AA. a una de las detenidas, de quien se presume su minor¡a de edad y, sin embargo, se la env¡a a un centro de detenci¢n para adultas; as¡ como las probables torturas a las que habr¡ase sometido a los detenidos: el supuesto «comandante Alex», quien ha negado ser comandante pero ya ha sido criminalizado como tal, al parecer fue sometido a descargas el’ctricas en su lengua, asunto citado por un diario del pa¡s que se_al¢ la dificultad del detenido para hablar. El otro capturado fue presentado con moretones visibles, supuestamente ocasionados «durante la captura», pero esos hechos poco importan a una opini¢n poblica dirigida hacia el sensacionalismo primario.
4. Provoca desaz¢n que una ni_a de un a_o de edad haya sido presentada con sus padres como «parte de los detenidos» ante la prensa. Se nota el irrespeto de captores y algunos medios a clar¡simos preceptos de la Constituci¢n, C¢digo de Menores y leyes internacionales sobre los derechos inherentes a la ni_ez. En pa¡ses avanzados esa actitud provocar¡a sanciones a los responsables de tama_a omisi¢n.
5. Preocupa que los militares apostados para vigilancia hayan impedido a delegadas de una Ong de DDHH ingresar al hospital Espejo para constatar el estado f¡sico de los detenidos, bajo el torpe criterio de que «los defensores de DDHH defienden delincuentes». El fantasma del caso Putumayo vuelve a rondar el modus-operandi de FF.AA. y de las elites en este asunto.
6. Llama la atenci¢n lo que un importante diario del pa¡s informara: que gentes del poblado ocupado por militares durante el operativo de rastreo, testimoniaran que todas las mujeres del lugar fueron agrupadas en una casa comunal y que a los hombres se condujo selva adentro, que se les golpe¢ y amenaz¢ si «apoyaban la guerrilla» o si hablaban del operativo militar montado en esa poblaci¢n.
7. Acaso se pretende alarmar al pa¡s con versiones que parecen apuntar a restituir la golpeada cohesi¢n interna del Ej’rcito, luego del 21 de Enero, usando la tesis del «enemigo interno» y la irresponsable intervenci¢n ecuatoriana en el Plan Colombia? Vigilar que se cumplan preceptos del debido proceso y que prime la verdad, no significa «defender terroristas ni delincuentes». Es nuestro derecho y deber como defensores de DDHH. No van a atemorizarnos las sistem ticas muletillas y frases hechas que buscan censurar y acallar puntos de vista contrarios a la verdad oficial.
Alexis Ponce
VOCERO APDH
