En las grandes ciudades la crisis social está por todas partes. Igualmente dramática y poco visible es la crisis social en el campo.
Desde el inicio del primer gobierno de Fernando Henrique Cardoso (FHC), la agricultura, con innumerables formas de manifestaciones colectivas, viene señalando, continua y crecientemente, los contornos políticos explosivos de la crisis que afecta el agro nacional.
Ya en 1995, agricultores patronales de todo el país colocaron tractores y camiones en las carreteras y se dirigieron a Brasilia. Desde entonces, proliferan actos de protesta, «camionazos» y hasta cierres de la frontera con los países del Mercosur.
Los agricultores familiares y trabajadores rurales, centenas de millares de ellos ya transformados en sin tierra, multiplican sus manifestaciones de masas en los Estados y en Brasilia, para emitir sus «Gritos» de desesperación ante la tragedia social que se abate sobre el sector. Para los trabajadores sin tierra, condenados a la miseria y a la desesperaci¢n, la alternativa ha sido la radicalizaci¢n de sus acciones pol¡ticas por tierra, comida y condiciones de producci¢n.
Entonces, +c¢mo explicar esa agenda de reclamos del campo si el gobierno de Fernando Henrique garantiza fant sticas realizaciones con la reforma agraria, supersafras anuales y avances en el comercio agr¡cola externo? La respuesta es simple: fraude pol¡tico.
Los or¡genes de la crisis en la agricultura remontan a los desdoblamientos de la ruptura del patr¢n de financiamiento de la econom¡a vigente hasta la d’cada de los ’70. Desvi ndose del nocleo del problema, los gobiernos de la ‘poca eligieron a los subsidios agr¡colas como los villanos de las cuentas poblicas.
A mediados de la d’cada de 1980, se implementaron profundos recortes en los recursos destinados a la agricultura. De una media anual en torno a los US$ 19 mil millones de d¢lares, en el per¡odo entre 1975 y 1979, los recursos destinados al cr’dito rural, en el per¡odo reciente, giran en torno a los US$ 4 mil millones de d¢lares anuales, y los subsidios en el cr’dito, que totalizaron cerca de US$ 31.5 mil millones entre 1970 y 1985, dejaron de existir, desde esa oltima fecha.
El primero y m s visible s¡ntoma de la crisis sectorial instalada fue el crecimiento exponencial del grado de endeudamiento del sector, que viene siendo «empujado con la barriga». No es gratuito que el Censo Agropecuario de 1996 verific¢ que, desde 1985, por primera vez en la historia del pa¡s, se registraba la extinci¢n de unidades agr¡colas en Brasil. Sumaron nada menos que 940 mil unidades, de las cuales el 96% correspond¡a a reas inferiores a 100 hect reas, y de ‘stas el 73% era de las que alcanzaban hasta diez hect reas.
De acuerdo con el secretario de la Pol¡tica Agr¡cola del primer gobierno de Fernando Henrique Cardoso, del total de las peque_as unidades que se extinguieron, 400 mil se dieron en los a_os de 1985 y 1996.
En la d’cada considerada, 21.3 millones de hect reas dejaron de ser cultivadas entre 1985 y 1996, y el personal dedicado a la actividad agr¡cola se redujo en 5.5 millones de trabajadores.
Con el acceso al poder de Fernando Henrique Cardoso se produce una radicalizaci¢n del proceso de liberalizaci¢n de la agricultura, a despecho del mantenimiento del escenario proteccionista ostensivo de este sector por parte de los pa¡ses ricos, conforme anunciaba el Acuerdo Agr¡cola recientemente firmado en el mbito de la Organizaci¢n Mundial del Comercio (OMC).
Con esa estrategia, el gobierno, m s all de las motivaciones, pretend¡a un nuevo ciclo de modernizaci¢n conservadora de la agricultura. De hecho apostaba a la llamada ancla verde como l¡nea auxiliar de la ancla cambiaria en la sustentaci¢n del programa de estabilizaci¢n de la moneda.
En cuanto al precio depresivo en los precios dom’sticos, la estrategia ha sido plenamente exitosa, pues las importaciones agr¡colas predatorias -frente a las distorsiones provocadas por los subsidios agr¡colas de US$360 mil millones de d¢lares por a_o, solamente en los pa¡ses de la OCDE- saltaron de la media anual de US$3 mil millones de d¢lares en el per¡odo 1991-94, a US$6.8 mil millones de d¢lares, en promedio de 1995 a 1999, imponiendo, as¡, un esquema inclinado a la trayectoria de los precios agr¡colas internos.
En consecuencia, segon estimaciones de la Confederaci¢n Nacional Agraria (CNA), de 1995 a 1999 se dio una transferencia de cerca de US$ 24.5 mil millones de d¢lares de la agricultura hacia los sectores urbanos, y la renta agr¡cola, medida segon el concepto de valor bruto de la producci¢n, declin¢, en precios reales, de R$ 78.3 mil millones de reales, en 1994, a R$ 72.4 mil millones, en 1999.
En s¡ntesis, se puede afirmar que la agricultura brasile_a, a partir del gobierno de Fernando Henrique Cardoso, sufri¢ una reducci¢n de su capacidad productiva por efecto de una pol¡tica agr¡cola negativa y socialmente excluyente que provoc¢ el ‘xodo rural de cerca de 4 millones de personas, entre 1995 y 1999, mientras el gobierno resalta el asentamiento en el agro, por proyectos de reforma agraria, en el mismo per¡odo, del nomero poco confiable de 1.8 millones de personas.
Los costos de los financiamientos para la agricultura familiar, en 1996, fueron superiores en un 19.5% a la tasa de inflaci¢n del a_o, en 1997 superaron en un 86.3% la inflaci¢n y, en 1998, en un 461%. En 1999, por cuenta de la desvalorizaci¢n cambiar¡a, se situaron, at¡picamente, en un 36% por debajo de la inflaci¢n. El incumplimiento con el cr’dito rural es evidentemente explosiva. Creci¢ 182% entre 1997 y 1999, de acuerdo a los datos del Banco Central.
La producci¢n «per capita» de granos declin¢ del nivel de 522.15 kilogramos por persona, en 1995, a 503 kilogramos por persona, en 1999, mientras el rea plantada de granos se redujo, en el mismo per¡odo, en 2 millones de hect reas.
+ltimamente el Producto Interno Bruto calculado por la Esalq de la Universidad de Sao Paulo, a partir de la metodolog¡a que corrige problemas de doble cuenta, se mantuvo, en 1999, ligeramente inferior al observado en 1995 (R$ 269,784 mil millones de reales).
Las manifestaciones del Movimiento de los Sin Tierra (MST) y de la Confederaci¢n de los Trabajadores de la Agricultura (CONTAG) son apenas el siflido de la olla de presi¢n. Congelar el salario m¡nimo, criminalizar a los movimientos sociales y promulgar medidas anti-reforma agraria s¢lo contribuyen al agravamiento de la crisis. ¥La tierra grita! (Br/Yz/Gr-Ca/Pe/ap)
Aloizio Mercadante
PELIGROSA CRISIS EN EL CAMPO BRASILEíO
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