Después de haber conversado con altos funcionarios del Estado, con dirigentes nacionales de los campesinos(as) e indígenas y con sus organizaciones y bases locales en Puerto Asís (Putumayo), Cauca, Tolima, Magdalena Medio y Cubará (Boyacá), pensamos que la difícil situación de la población rural colombiana se relaciona directamente con la problemática global y la lucha de millones de campesinos en el mundo: la soberanía alimentaria, el derecho de las naciones y las comunidades de decidir sobre su economía y alimentación, la reforma agraria y la lucha contra el intento de las transnacionales por copar todos los espacios mediante los grandes proyectos de inversión y la apropiación del patrimonio genético y los saberes culturales.
Son escandalosas las estadísticas que muestran que entre 1984 y 1997 los propietarios de fincas de más de 500 hectáreas (0.2% de los propietarios) pasaron de tener el 32 % a tener el 45 % de la tierra y también desde 1.974 ha disminuido el área cultivada en cerca de un mill¢n de hect reas. Estas cifras muestran que el derecho humano a la alimentaci¢n, que implica el derecho de acceso a la tierra como recurso para alimentarse en autodeterminaci¢n, no est respetado. El instrumento m s eficaz para garantizar el derecho a la alimentaci¢n, la Reforma Agraria, no se implementa para garantizar al campesinado el acceso a la tierra. La ley de Reforma Agraria de 1994 excluye gran numero del mill¢n familias sin tierra y de campesinos pobres del beneficio del programa por su sistema de cr’dito. La obligaci¢n a financiar el 30% del precio de la tierra ha dejado un gran numero de beneficiarios con deudas impagables.
Adem s, las instituciones para implementar la Reforma Agraria, el INCORA y el Banco Agrario, carecen de fondos suficientes para aumentar el volumen de tierras redistribuidas.
Constatamos que en directa correlaci¢n con el incremento de la violencia, Colombia ha perdido su soberan¡a y seguridad alimentaria, pasando a depender de las importaciones de alimentos y reduciendo dr sticamente el rea sembrada, mientras se incrementa la concentraci¢n de la propiedad de la tierra. En vez de la alimentaci¢n de los colombianos, el modelo vigente prioriza los grandes proyectos de inversi¢n petroleros y viales y en torno a las reas estrat’gicas donde deben ser realizados.
Estas cifras muestran que hay beneficiarios directos de la violencia y creemos que la responsabilidad de estos grandes propietarios en la guerra y en el desplazamiento de miles de campesinos a los cultivos ilegales debe ser denunciada ante la comunidad internacional, a la cual se ha dado una falsa imagen de las causas del conflicto colombiano.
Nos preocupa especialmente que haya una legislaci¢n para desplazar forzada aunque legalmente a los campesinos cuyas tierras est’n a menos de 5 kil¢metros de pozos petroleros u otras explotaciones. Y desde luego nos preocupa y nos indigna el desplazamiento violento de cerca de dos millones de campesinos(as) durante los oltimos 15 a_os.
Es imposible dejar de pensar que el desplazamiento sistem tico de los campesinos no obedece a un plan preconcebido por los gestores de un modelo de desarrollo, supuestamente acelerado, quienes consideran al campesinado y a los ind¡genas como poblaciones inviables u obst culos al desarrollo y desean extirpar a como de lugar a las econom¡as campesinas y a las culturas ind¡genas, considerando que si el mercado no ha podido hacerlo por s¡ mismo, la guerra puede cumplir el papel de un programa econ¢mico.
Se quiere hacer creer al mundo que el narcotr fico es la causa y esencia de lo que ocurre en Colombia, cuando en verdad es la consecuencia del modelo neoliberal de globalizaci¢n, de la apertura econ¢mica, la concentraci¢n violenta de la propiedad de la tierra que expulsa a los campesinos a la colonizaci¢n y la corrupci¢n que desde hace muchas d’cadas dominan altas esferas de la sociedad colombiana.
Hoy pensamos que la principal raz¢n por la que esta terrible realidad subsiste es porque el mundo no la conoce. La diplomacia y los medios de comunicaci¢n han divulgado la imagen de Colombia como la democracia m s antigua de Am’rica Latina, cuando a una sola de las organizaciones campesinas le asesinaron 1.700 de sus activistas en los oltimos 14 a_os y otro tanto le ha ocurrido a otras.
No pensamos que pueda denominarse como democr tico un r’gimen en el cual se ha cometido y se sigue cometiendo un verdadero genocidio contra los dirigentes campesinos, ind¡genas, sindicales y de la oposici¢n pol¡tica y que se funda en un modelo bipartidista conservador liberal.
Nos impresion¢ e indign¢ la lista de dirigentes sindicales y campesinos asesinados, desaparecidos y exiliados en el pasado m s reciente, inclusive este mismo a_o y mucho m s el conocer las circunstancias en que fueron y son perseguidos por luchar por los derechos de la mayor¡a de la poblaci¢n rural. Fue doloroso saber como los ind¡genas Chimila del Magdalena y los Embera de Murr¡ est n como presos y cercados en su propio territorio.
Las transnacionales est n imponiendo su modelo de globalizaci¢n, nosotros estamos construyendo la globalizaci¢n de la lucha contra ese modelo de exclusi¢n y violencia y construimos la solidaridad con los campesinos, asalariados rurales e ind¡genas de Colombia y con las organizaciones que valientemente mantienen en medio de la violencia, ocupa desde ya un lugar indispensable en nuestro trabajo.
A la vez, causa admiraci¢n y llena de esperanza, ver que la lucha ind¡gena y campesina continoa con valor y firmeza. Ver al pueblo ind¡gena Uwa movilizado, al lado de miles de campesinos de Arauca, Norte de Santander y Boyac , enfrent ndose a la Occidental Pertroleum, al gigantesco poder de las transnacionales petroleras. Esto nos ha llenado de alegr¡a y esperanza. Hablar con los campesinos del Cauca sobre su paro de octubre pasado, ver su organizaci¢n; conocer a los campesinos del Magdalena Medio cercados por los paramilitares y por la desinformaci¢n de los medios de comunicaci¢n; conocer a los campesinos e ind¡genas del Putumayo listos a labrar su futuro y plantar cara al Plan Colombia, es reconfortante y esperanzador.
Vamos con el compromiso de la solidaridad, a la que nos empuja sin vacilar, ver la decisi¢n de dar hasta su propia vida por la vida de su gente, que vimos en todos y cada uno de los l¡deres campesinos e ind¡genas, quienes en cualquier momento pueden ser las v¡ctimas del d¡a de los sicarios o ser detenidos , salvajemente torturados y luego desaparecidos.
En este contexto llamamos a los pueblos del mundo en general y a las organizaciones afiliadas a V¡a Campesina a realizar una activa oposici¢n y denuncia al llamado Plan Colombia, particularmente impulsado por los Estados Unidos, que segon hemos visto y analizado, no garantiza el desarrollo integral del campesinado en Colombia. Esperamos que la UNI.N EUROPEA no se involucre ni apoye este plan que busca perpetuar la tragedia colombiana; que aplica recetas militaristas, beneficiando la expansi¢n de la propiedad terrateniente, mediante el cultivo de la palma africana; que impone la explotaci¢n de las transnacionales petroleras en Putumayo, el territorio U’wa, mineras en el Magdalena Medio y otros lugares del pa¡s; que abre la Amazon¡a a las transnacionales para acceder a su biodiversidad y patrimonio gen’tico, sin que se solucione el problema de los cultivos ilegales, pues dada su situaci¢n los campesinos(as) simplemente ir n m s adentro en la selva, tumb ndola para repetir y ampliar esos mismos cultivos, causando mayor da_o ecol¢gico, tanto con la dispersi¢n de los cultivos, como con las fumigaciones qu¡micas y con hongos cuyo comportamiento puede ser fatal para la selva y la vida humana.
Es nuestra profunda convicci¢n que la soluci¢n a la grave situaci¢n de Colombia no esta en m s esfuerzos de guerra como lo presenta el Plan Colombia, sino con actitudes y pol¡ticas en el sentido de la real democratizaci¢n del pa¡s, de la erradicaci¢n de la corrupci¢n y de la voluntad pol¡tica para terminar con la impunidad de tantos cr¡menes y de la complicidad con las fuerzas paramilitares; de la efectiva resoluci¢n de los problemas econ¢micos y sociales, que reduzcan los ¡ndices de pobreza e injusticia social de la poblaci¢n y que frene el desplazamiento forzado.
¥La solidaridad superar la indignaci¢n y la lucha alimentar la esperanza!
Firman,
JOSE JOVE, Vocero de la Conf’d’ration Paysanne de Francia
JOAQUIM MIRANDA, presidente de la Comisi¢n de Desarollo y Cooperaci¢n del Parlamento Europeo
UNZALU SALTERAIN presidente de la organizaci¢n campesina vasca EHNE y miembro de la Coordination
Paysanne Europ’nne – CPE
ALBA PALACIO, Diputada del Parlamento Centroamericano y dirigente de la Asociaci¢n de Trabajadores del Campo de Nicaragua
EVO MORALES, dirigente campesino y diputado de Bolivia
STEFAN OTTERINGER, representante de FIAN internacional
JOSE MANUEL DE LAS HERAS, Secretario General de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos – COAG, Espa_a
SUSANA PAIM FIGUEREIDO, abogada del Movimiento de Trabajadores sin Tierra- Brasil
GARY ESPINOZA MARTINEZ, Secretario General de la Federaci¢n Nacional de Organizaciones Campesinas e Ind¡genas del Ecuador; FENOCI
FLORENCIA COSTA, periodista, Brasil
GEORGES BARTOLLI, periodista Franc’s
