La visita del Presidente Clinton a Bogotá, parece convertirse en el disparador del llamado «Plan Colombia».
En principio fue definido como una operación destinada a combatir el narcotráfico, complementada con acciones sociales. Pero a medida que el tiempo avanza, el controvertido plan parece perfilarse cada vez más como una acción militar de imprevisibles alcances.
El transcurrir de los próximos meses revelará hasta dónde la intervención de los Estados Unidos, no implica una ingerencia abierta en el conflicto interno colombiano. Mientras tanto, es oportuno buscar «pistas» en el agitado mundo de la diplomacia continental.
El Canciller brasileño expresó en las últimas horas su convencimiento de que «habrá una intensificación del conflicto colombiano a partir de enero próximo». Dijo claramente que su país, «está fuertemente preocupado» por las consecuencias militares del Plan Colombia. El Canciller Luiz Felipe Lampreia teme fundamentalmente dos cosas: que las acciones militares de hostigamiento puedan trasladarse a territorio brasile_o, y que los combates originen la migraci¢n de poblaci¢n civil colombiana.
No descarta una tercera consecuencia que tambi’n temen otros pa¡ses lim¡trofes: los cultivos de coca, las plantaciones, tambi’n pueden migrar hacia otros suelos m s propicios.
La posible implicaci¢n de otros pa¡ses en el conflicto interno colombiano es desechada por el canciller brasile_o.
Thomas Pickering, nomero dos del Departamento de Estado norteamericano dijo hace pocos d¡as que se trataba de «un conflicto regional».
Luis Lampreia afirma al respecto: «Nosotros decimos exactamente lo contrario». «Es m s, esperamos que el conflicto no traspase a nuestros pa¡ses».
Tampoco Argentina escapa a las posibles consecuencias militares del Plan Colombia. Hace pocas horas, Javier Calder¢n, representante para el Cono Sur de las FARC colombianas, denunciaba fuertes presiones de Estados Unidos «para que Argentina sea punta de lanza en la intervenci¢n en Colombia».
Segon su denuncia, esa estrategia es a medio plazo, ya que considera que por el momento el gobierno argentino descarta su participaci¢n. Apunt¢ que en octubre el Presidente Pastrana, de Colombia, visitar¡a Buenos Aires. Record¢ que hace meses, el presidente De la Roa dijo que «Si Pastrana lo solicitara, estudiar¡a enviar tropas a Colombia» . El portavoz de las FARC a_adi¢ que «all¡ puede estar la clave» de la decisi¢n final del gobierno Argentino.
Mientras tanto, la dura realidad colombiana sigue mostrando cotidianamente las denuncias por matanzas, amenazas o exilios forzados. Crece el nomero de v¡ctimas entre la poblaci¢n civil que padece desplazamientos forzosos con sus consecuencias de desarraigo, p’rdida de cultivos y pertenencias, fragmentaci¢n familiar y miseria.
Las oltimas denuncias revelaban el asesinato de Freddy Gallego, gestor y l¡der de las Comunidades de Paz del Urab .
La violencia estructural cobra nuevas v¡ctimas en ese macabro d¡a a d¡a.
La poblaci¢n colombiana sigue clamando por una paz justa. La sociedad civil en Am’rica Latina y en el resto del mundo, es su onica aliada posible en esa urgente demanda. (Co-Cs/QR/Au-Pf/Am-Ri/pt).
Carlos Iaquinandi Castro
