Contra la Unal y contra la universidad pública hay una guerra oficial desatada desde hace muchos años. El objetivo, desmantelarla en beneficio de la educación privada, negocio redondo de conocidas familias y poderosos sectores económicos del país. Recortar el presupuesto, cerrar facultades especialmente de humanidades, acabar residencias y cafeterías y cercenar la autonomía universitaria ha sido y es la política oficial. Hace pocas semanas el gobierno de Pastrana fracasó en su intento de colocar a una de sus fichas en la rectoría de la universidad nacional. La vía plebiscitaría logró defender una rectoría y unos órganos directivos comprometidos con la universidad y no con su privatización. De esta manera la muerte del agente, en los propios predios universitarios,cae como anillo al dedo para los intereses de los enemigos de la universidad.
Se dice que en los hechos del 30 de agosto está la mano larga y misteriosa de los servicios de inteligencia. Que siempre han instrumentalizado los tropeles o los han hecho abortar o degenar. Y los acontecimientos de este dia tuvieron el caracter¡stico sello de la provocaci¢n oficial. Mientras sobre la calle 26 con carrera 30 se concentraban y preparaban los manifestantes para marchar hacia la embajada gringa, a cinco cuadras de la nacional, un bus es quemado precisamente sobre la misma ruta que debe tomar la manifestaci¢n. Mientras se desarrolla el mitin frente a la embajada ocurre la muerte del agente antimotines.
A partir de este momento se desata toda la furia de los enemigos de la universidad.
Las tropas de asalto del Fiscal general allanan abusivamente la universidad aprovechando las sombras de la medianoche. (Que el se_or Fiscal anda feliz con los 90 millones de d¢lares que le corresponden del Plan Colombia, con la medalla que recientemente le otorgaron las Fuerzas Armadas. Y en plan de reelecci¢n), Se allanan otras universidades poblicas, redactores policiales escriben fantasmag¢ricos novelones en los medios . . . y se desata la cacer¡a de brujas.
Un estudiante fue secuestrado y paseado encapuchado en un carro durante largas horas, un dirigente estudiantil es extra_amente detenido por la polic¡a bajandolo de un taxi, se le hacen seguimientos a muchos y los servicios de inteligencia dejan filtrar a un medio la noticia de que cinco estudiantes identificaron a quien dio muerte al agente de polic¡a soltando a medias nombre, estatura y facultad. A estas alturas ya la Fiscal¡a ha descartado el v¡deo como prueba.
No hay ninguna duda que en cualquier momento la polic¡a mostrar algon inculpado. A cualquiera. Preferiblemente a algon activista estudiantil de izquierda.
Y en medio de este caos el ministro de educaci¢n tiene manos libres para avanzar en el recorte presupuestal y de autonom¡a, mientras Directivos, profesores y estudiantes andan ocupados defendiendose de la ofensiva de los medios, discutiendo sobre la vigencia del tropel o sencillamente corrriendo de los seguimientos y de las amenazas.
Es hora de que por encima del doloroso hecho de la muerte del agente antimotines el mundo de la cultura, de la academia del humanismo y de la democracia se ponga de pie para defender la Universidad.
