En horas de la tarde una veintena de vehículos militares atraviesa, de ida y vuelta, la comunidad zapatista de La Realidad, en el estado de Chiapas. Es la dosis mínima diaria de militarización para los indígenas tojolabales obstinados en la resistencia.
El cerco militar se endurece y parece que se convertirá en permanente. Los más próximos cuarteles militares de esta comunidad se ha urbanizado completamente. Ciudadelas de acero y concreto en el corazón de la selva Lacandona, en contradicción con el paisaje vegetal y humano.
Guadalupe Tepeyac y Río Euseba, aún en construcción, son ya moles de piedra y calles asfaltadas: grandes arsenales, trincheras, torres, decenas de vehículos de combate, artillería ligera y pesada, helipuertos, supermercados, estacionamientos.
Los trabajos de edificación se aceleraron notablemente después de las elecciones del 2 de julio, como en una carrera contra reloj. Lo mismo ocurre en un sitio aún más lejano, la reserva de la biosfera Montes Azules, en la comunidad Amador Hern ndez. En semanas recientes se ha registrado un numeroso traslado de material de construcci¢n hacia ese lugar. Este cuartel militar tiene la particularidad de que se asienta en tierras ejidales y contra la voluntad de sus propietarios. (Mx/QR/Mt/Am-Dh/mc)
Pedro Ortega Lugo
