Los pensadores clásicos han caracterizado la existencia de un problema
agrario en las sociedades capitalistas del siglo pasado, al percibir que la
concentración de la propiedad de la tierra, originaria de los resquicios
del feudalismo y de la oligarquía rural, se transformó en obstáculo al
desarrollo de las fuerzas productivas en el campo y en la industria. De esa
forma, las élites burguesa-industriales recién llegadas al poder, a partir
de la revolución francesa, comprendieron la magnitud de este problema
agrario, de la concentración de la propiedad como una traba al desarrollo
mismo del capitalismo, y trataron de buscar una solución sencilla.
Propusieron la distribución, la democratización de la propiedad de la
tierra, y llamaron a ese proceso de reforma agraria.
Revisando las experiencias históricas de cómo esa burguesía industrial
impuso procesos de reforma agraria, se podrían enumerar distintas fases
progresivas.
1¡ Fase: Despu’s de las revoluciones burguesas
En el siglo pasado, despu’s de las revoluciones burguesas, en pr cticamente
todos los pa¡ses de Europa occidental, se llevaron a cabo procesos de
reforma agraria. Y se implant¢ una estructura de peque_as y medianas
propiedades, que ha perdurado hasta nuestros d¡as.
En los Estados Unidos de Am’rica, como parte de la victoria de los
norte_os, frente al latifundio esclavista del Sur, se implant¢ una ley de
colonizaci¢n del oeste, que estableci¢ un tama_o de propiedad m xima de
alrededor de 100 acres (89 hect reas) por familia, que funcion¢ como una
especie de reforma agraria, sobre las tierras poblicas, garantizando el
acceso m s democr tico a todos los que quisieran trabajar la tierra, de
forma familiar.
2 Fase: Despu’s de la Primera Guerra Mundial
El estallido de la primera revoluci¢n proletaria del mundo, en Rusia, bajo
el lema de tierra, pan y libertad, fue el grito de alerta a otras
burgues¡as europeas que todav¡a no hab¡an implantado la reforma agraria. Y
con el temor de que se repitiera la revoluci¢n rusa en sus pa¡ses, en el
per¡odo de 1917-20, se implantaron leyes de reforma agraria en
pr cticamente todos los pa¡ses de Europa oriental, incluso Yugoslavia.
3 Fase: Despu’s de la Segunda Guerra Mundial
Con la derrota de Jap¢n en la Segunda Guerra Mundial, y el dominio armado
norteamericano en pr cticamente toda Asia, se abri¢ espacio para que se
realizaran en Asia, tambi’n reformas agrarias netamente capitalistas. Bajo
la ordenanza de las fuerzas armadas intervencionistas del Gal. MacArthur,
se desarrollaron inmediatamente despu’s de la Segunda Guerra Mundial, leyes
de reforma agraria bastante radicales, aplicadas en Jap¢n. Despu’s de la
victoria de China Popular (1949), Estados Unidos implant¢ sus mismas leyes
de reforma agraria en la provincia aut¢noma de Taiwan, y posteriormente,
despu’s de la guerra de Corea (1953″56), se aplic¢ la reforma agraria en
Corea del Sur.
De igual forma, en el mismo per¡odo, bajo el clima de democratizaci¢n de la
victoria de la resistencia italiana, el nuevo gobierno de coalici¢n
implement¢ una ley de reforma agraria sobre los remanentes de latifundios
atrasados en el Sur de Italia.
Gracias a esos procesos de reforma agraria se abri¢ espacio para el
desarrollo de las fuerzas productivas en esos pa¡ses, se cre¢ un amplio
mercado interno, y hubo avances del desarrollo capitalista, con
democratizaci¢n de la propiedad de la tierra.
En ese mismo per¡odo, hubieron otras experiencias de reforma agraria
radicales, llamadas revolucionarias, porque fueron iniciativas de las
masas. La m s significativa fue la reforma agraria mexicana, hecha al calor
de la revoluci¢n de 1910-20 que, aparte de su car cter radical y violento,
no traspas¢ los l¡mites del capitalismo.
Hubo muchas otras reformas agrarias en los pa¡ses del hemisferio norte,
pero ya en el marco de la transici¢n del sistema econ¢mico capitalista al
socialismo. Esas reformas agrarias se caracterizaron no solamente por la
distribuci¢n de la tierra entre los campesinos, sino que tambi’n
representaron la nacionalizaci¢n de la propiedad social de los medios de
producci¢n agr¡cola, y la eliminaci¢n de las diferencias sociales en el
campo. As¡ ocurrieron las reformas agrarias socialistas de Rusia (1918 en
adelante), China (1949), Cuba (1960), Europa del Este (despu’s) de la
Segunda Guerra Mundial), Corea del Norte (1956), Vietnam, etc. Pero ello no
es objeto de estos comentarios, y por eso, no nos proponemos profundizar
sobre sus logros.
El problema agrario y las ‘lites del Tercer Mundo
Al contrario de los pa¡ses centrales, donde las burgues¡as nacionales se
obligaron a democratizar la propiedad de la tierra, como forma para
estimular el desarrollo de las fuerzas productivas, aunque capitalistas, en
los pa¡ses dependientes del hemisferio Sur las ‘lites locales, totalmente
dominadas por el colonialismo y por el imperialismo, adoptaron otras formas
de desarrollo capitalista.
Precisamente el modelo de desarrollo capitalista adoptado por la ‘lites
dependientes se bas¢ en la existencia de la gran propiedad latifundista,
que pas¢ a dedicarse a los productos de exportaci¢n que interesaban a los
pa¡ses centrales.
Por eso, en nuestros pa¡ses se fortaleci¢ la gran propiedad latifundista
porque al colonialismo, antes y despu’s del imperialismo, s¢lo le
interesaba la mano de obra y materias primas agr¡colas baratas. Y no se
preocuparon en desarrollar el mercado interno y mucho menos las fuerzas
productivas locales. En esos marcos, a parte del desarrollo capitalista
dependiente, los problemas sociales solamente se agravaron en los oltimos
siglos.
Hoy se puede decir que el problema agrario, como ve¡an los cl sicos, desde
el nacimiento del capitalismo, persiste en la mayor¡a de los pa¡ses
perif’ricos y aon m s en Latinoam’rica.
C¢mo se caracteriza el problema agrario en nuestras sociedades? Podr¡amos
caracterizar su existencia, describiendo resumidamente la presencia de los
siguientes fen¢menos econ¢micos y sociales:
– Alta concentraci¢n de la propiedad de la tierra. El latifundio es la
forma predominante y controla la mayor¡a de las tierras en nuestros pa¡ses;
– La mala utilizaci¢n de la tierra y dem s recursos naturales. Como la
propiedad est concentrada en la oligarqu¡a rural, que no necesariamente
necesita de toda la tierra para acumular, gran parte de esas tierras se
mantiene improductiva, con muy baja utilizaci¢n;
– Lo que es producido en la tierra. Las l¡neas de producci¢n adoptadas en
las tierras m s f’rtiles de nuestros pa¡ses no se dedican a cultivos
destinados a la alimentaci¢n de nuestros pueblos, sino que, m s bien, se
destinan al monocultivo de exportaci¢n, que interesa a los pa¡ses
centrales, o a la producci¢n de materias primas vinculadas a la gran
agroindustria multinacional.
– El resultado de las caracter¡sticas anteriores es de que en casi todos
los pa¡ses perif’ricos el hambre es comon y afecta a un elevado porcentaje
de la poblaci¢n. En el caso de Brasil, son 32 millones de personas que
pasan hambre todos los d¡as, de un total de 150 millones, y otros 65
millones se alimentan, segon la Organizaci¢n Mundial de Salud, por debajo
de las necesidades m¡nimas.
– El ‘xodo rural forzado y la migraci¢n a regiones fronterizas con otros
pa¡ses. Los campesinos ya no tienen futuro en sus lugares de residencia y
son obligados a migrar a las ciudades o a otras regiones lejanas.
– El modelo tecnol¢gico adoptado en las agriculturas perif’ricas sigue una
l¢gica onicamente consumista de productos agroindustriales producidos por
empresas transnacionales. Y no tienen ninguna relaci¢n con el clima,
condiciones de suelo, de nuestros pa¡ses. Es un modelo tecnol¢gico
trasladado mec nicamente de los pa¡ses centrales, y est n trayendo enormes
consecuencias, incontrolables, tanto para los recursos naturales
disponibles, cuanto para la sobrevivencia del hombre, as¡ como para el
aumento permanente de la productividad por hect rea.
Tenemos tambi’n el problema de la concentraci¢n del capital industrial y
comercial que domina el comercio e industrializaci¢n de los productos
agr¡colas. Est concentrado geogr ficamente en regiones m s desarrolladas
del pa¡s y en manos oligop¢licas de empresas transnacionales. Afectando,
por supuesto, al desarrollo agr¡cola, ya que hoy en d¡a la mayor¡a de los
alimentos pasa por procesos agroindustriales.
Esas son las caracter¡sticas principales de lo que ocurre en el medio rural
de nuestros pa¡ses perif’ricos, y que determinan que s¡ siga existiendo un
problema agrario fundamental. Problema agrario que tiene un car cter de
clase. Existe y afecta a la poblaci¢n pobre, a los trabajadores; pero para
las ‘lites colonizadas, para las burgues¡as locales que solamente piensan
en ganancia, de hecho no hay m s problema agrario porque, a parte de todos
estos problemas se_alados, ellas todav¡a logran obtener ganancias con la
producci¢n agropecuaria. Y si hay ganancias, no hay problema agrario.
El agravamiento del problema agrario con las pol¡ticas econ¢micas neoliberales
El problema agrario existe y tiene sus ra¡ces en el modelo de desarrollo
capitalista adoptado hist¢ricamente por nuestras ‘lites colonizadas y
dependientes. Pero, en la oltima d’cada se agrav¢ aon m s, con la adopci¢n
de las pol¡ticas econ¢micas llamadas neoliberales.
O qu’ significan esas pol¡ticas para la agricultura y el medio rural?
Significan un agravamiento del problema agrario. Porque la adopci¢n del
modelo neoliberal representa la sumisi¢n completa de las ‘lites nacionales
que abandonaron totalmente proyectos de desarrollo nacional y se sometieron
a la voluntad del capital financiero, y del capital extranjero, en nuestros
pa¡ses.
Toda la pol¡tica econ¢mica se basa en la apertura de los mercados para las
mercanc¡as industriales y agr¡colas de los pa¡ses centrales y controladas
por empresas transnacionales.
Por otro lado, representa una forma de explotaci¢n de nuestra riqueza, ya
no m s a trav’s de grandes plantas industriales, o de materias primas
baratas, sino que ahora a trav’s de elevados tipos de inter’s pagados al
capital financiero, que chupa de nuestros pa¡ses por el pago de royalties.
O disfrazada por tipos de cambio irreales.
La agricultura de nuestros pa¡ses est siendo destrozada. Y orgullosamente
la burgues¡a dominada, se ufana al decir que ahora la agricultura pesa muy
poco en el PIB nacional, y que la poblaci¢n rural es minoritaria en el
pa¡s. Como signos de modernidad. Cuando, en realidad, representan signos de
mayor miseria y pobreza. Y sobre todo de abandono de cualquier proyecto de
desarrollo aut¢nomo, nacional y al servicio de las mayor¡as.
Pero, si por un lado el neoliberalismo va a destrozar la autonom¡a de
nuestras agriculturas, si poco le importa el destino de las amplias
mayor¡as de la poblaci¢n rural. Por otro lado, la propuesta de reforma
agraria, de resoluci¢n del problema agrario, ahora m s que nunca, se ha
vuelto un problema nacional, un problema de clase. Y al contrario de lo que
sucedi¢ en Europa y Estados Unidos, donde fueron las burgues¡as nacionales
quienes resolvieron el problema agrario, en Latinoam’rica y en el Tercer
Mundo el problema agrario solamente podr¡a ser resuelto ahora por las
fuerzas populares.
Es m s, la implantaci¢n de una reforma agraria en la actualidad no se
limita a combatir la concentraci¢n de la propiedad, de los «resquicios
feudales», sino que una reforma agraria tendr que combatir todas las
caracter¡sticas se_aladas arriba, como parte del problema agrario, y en esa
medida, se transforma no en soluci¢n del desarrollo capitalista, sino que
exige cambios estructurales profundos de nuestras econom¡as, que la
burgues¡a nacional no quiere y no tiene ni voluntad ni capacidad de
impulsarlos. En esa medida, si por un lado el neoliberalismo agudiz¢ los
problemas econ¢micos y sociales de los pa¡ses dependientes, por otro lado,
profundiz¢ las contradicciones de clase, que nos llevaron a que la
propuesta de reforma agraria sea en realidad una propuesta de cambios de la
econom¡a, de cambio de los lazos de dependencia. Una propuesta de
liberaci¢n nacional de nuestros pueblos.
La lucha de los Sin Tierra, la experiencia brasile_a del MST
El Movimiento Sin Tierra (MST) existe hace casi 15 a_os en Brasil. Durante
este tiempo siempre ha luchado intensamente contra el latifundio. Nuestras
formas de lucha principales fueron la toma de tierras, la realizaci¢n de
marchas sobre las capitales, asambleas masivas, caminadas, manifestaciones,
tomas de edificios del gobierno, etc.
Al principio ‘ramos muy combatidos por el gobierno, por los latifundistas y
las ‘lites, y la sociedad nos ve¡a solamente como verdaderos Quijotes,
luchando contra los molinos…
Pero de esa lucha sin treguas hemos avanzado. Avanzamos en conquistas
reales. Durante estos a_os fueron m s de 1.200 latifundios conquistados a
la burgues¡a, que permitieron el asentamiento de m s de 140 mil familias.
Pero avanzamos tambi’n en la construcci¢n de una nueva propuesta de reforma
agraria, vinculada a los intereses de toda la poblaci¢n y no solamente de
los sin tierras. Una reforma agraria que signifique el quiebre por las
ra¡ces del problema agrario. Una propuesta de reforma agraria que
represente igualdad social, justicia en el campo y desarrollo econ¢mico
bajo control de los trabajadores.
Sin embargo, el mayor avance que hemos obtenido fue en el proceso de
concientizaci¢n de toda la sociedad. En nuestro oltimo congreso nacional
realizado en Julio del 1995, levantamos la bandera «La Reforma Agraria es
una Lucha de Todos». Nuestra estrategia es concientizar a los trabajadores
de la ciudad, la poblaci¢n en general, los pobres en especial, de que la
reforma agraria no es corporativa, no es de inter’s solamente de los pobres
del campo. Que la reforma agraria es un medio fundamental para resolver la
mayor¡a de los problemas que los pobres de la ciudad enfrentan, como el
hambre, el desempleo, la violencia, la marginaci¢n, la falta de educaci¢n,
el transporte y la vivienda.
De a poco, los trabajadores urbanos han comprendido ese car cter. Y hoy
podemos avanzar aon m s, y decirles, que la reforma agraria solamente ser
posible, no por voluntad de un gobierno presionado, sino que solamente ser
realidad en el marco de la lucha contra el neoliberalismo, contra el
imperialismo, contra la dependencia del capital financiero, contra la
dominaci¢n del capital. Y que solamente es posible desarrollarla con un
nuevo modelo de desarrollo, nacional. Nacional, en el sentido que atienda a
todos los brasile_os. Popular, en el sentido que atienda a las necesidades
b sicas de todo el pueblo, y no solamente de una minor¡a, como es la
propuesta del neoliberalismo.
Estamos, hoy, en ese esfuerzo. Estamos convencidos de que en Brasil, en
Latinoam’rica, en los pa¡ses del Tercer Mundo, solamente es posible
alcanzar la reforma agraria con profundos cambios econ¢micos y sociales,
hechos por todo el pueblo organizado.
Sin embargo, tenemos todav¡a muchos retos por delante. Las ideas
socialistas y revolucionarias pasan por una crisis.
Los sectores peque_o-burgueses que dominan nuestros partidos de izquierda
se perdieron con el muro que cay¢ en sus cabezas. Tenemos que recuperar la
confianza en nuestros pueblos.
Comprender que solamente organizando las masas y haciendo grandes
movilizaciones populares lograremos cambios.
Tenemos que retomar el trabajo de formaci¢n pol¡tico-ideol¢gica. Recuperar
formas creativas de comunicaci¢n con las masas. Recuperar la m¡stica de que
es posible los cambios sociales. Que el futuro pertenece a la clase
trabajadora. En fin, recuperar el nimo de la revoluci¢n.
Joao Pedro Stedile es miembro de la Direcci¢n Nacional del Movimiento sin
Tierra del Brasil.
(Br/YZ/Pf/Pp/mc)
