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LOS DESAFIOS PARA EL NUEVO MILENIO EN BRASIL

escrito por Jose Escribano 3 de enero de 2001
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173

Los pensadores clásicos han caracterizado la existencia de un problema

agrario en las sociedades capitalistas del siglo pasado, al percibir que la

concentración de la propiedad de la tierra, originaria de los resquicios

del feudalismo y de la oligarquía rural, se transformó en obstáculo al

desarrollo de las fuerzas productivas en el campo y en la industria. De esa

forma, las élites burguesa-industriales recién llegadas al poder, a partir

de la revolución francesa, comprendieron la magnitud de este problema

agrario, de la concentración de la propiedad como una traba al desarrollo

mismo del capitalismo, y trataron de buscar una solución sencilla.

Propusieron la distribución, la democratización de la propiedad de la

tierra, y llamaron a ese proceso de reforma agraria.

Revisando las experiencias históricas de cómo esa burguesía industrial

impuso procesos de reforma agraria, se podrían enumerar distintas fases

progresivas.

1¡ Fase: Despu’s de las revoluciones burguesas

En el siglo pasado, despu’s de las revoluciones burguesas, en pr cticamente

todos los pa¡ses de Europa occidental, se llevaron a cabo procesos de

reforma agraria. Y se implant¢ una estructura de peque_as y medianas

propiedades, que ha perdurado hasta nuestros d¡as.

En los Estados Unidos de Am’rica, como parte de la victoria de los

norte_os, frente al latifundio esclavista del Sur, se implant¢ una ley de

colonizaci¢n del oeste, que estableci¢ un tama_o de propiedad m xima de

alrededor de 100 acres (89 hect reas) por familia, que funcion¢ como una

especie de reforma agraria, sobre las tierras poblicas, garantizando el

acceso m s democr tico a todos los que quisieran trabajar la tierra, de

forma familiar.

2­ Fase: Despu’s de la Primera Guerra Mundial

El estallido de la primera revoluci¢n proletaria del mundo, en Rusia, bajo

el lema de tierra, pan y libertad, fue el grito de alerta a otras

burgues¡as europeas que todav¡a no hab¡an implantado la reforma agraria. Y

con el temor de que se repitiera la revoluci¢n rusa en sus pa¡ses, en el

per¡odo de 1917-20, se implantaron leyes de reforma agraria en

pr cticamente todos los pa¡ses de Europa oriental, incluso Yugoslavia.

3­ Fase: Despu’s de la Segunda Guerra Mundial

Con la derrota de Jap¢n en la Segunda Guerra Mundial, y el dominio armado

norteamericano en pr cticamente toda Asia, se abri¢ espacio para que se

realizaran en Asia, tambi’n reformas agrarias netamente capitalistas. Bajo

la ordenanza de las fuerzas armadas intervencionistas del Gal. MacArthur,

se desarrollaron inmediatamente despu’s de la Segunda Guerra Mundial, leyes

de reforma agraria bastante radicales, aplicadas en Jap¢n. Despu’s de la

victoria de China Popular (1949), Estados Unidos implant¢ sus mismas leyes

de reforma agraria en la provincia aut¢noma de Taiwan, y posteriormente,

despu’s de la guerra de Corea (1953″56), se aplic¢ la reforma agraria en

Corea del Sur.

De igual forma, en el mismo per¡odo, bajo el clima de democratizaci¢n de la

victoria de la resistencia italiana, el nuevo gobierno de coalici¢n

implement¢ una ley de reforma agraria sobre los remanentes de latifundios

atrasados en el Sur de Italia.

Gracias a esos procesos de reforma agraria se abri¢ espacio para el

desarrollo de las fuerzas productivas en esos pa¡ses, se cre¢ un amplio

mercado interno, y hubo avances del desarrollo capitalista, con

democratizaci¢n de la propiedad de la tierra.

En ese mismo per¡odo, hubieron otras experiencias de reforma agraria

radicales, llamadas revolucionarias, porque fueron iniciativas de las

masas. La m s significativa fue la reforma agraria mexicana, hecha al calor

de la revoluci¢n de 1910-20 que, aparte de su car cter radical y violento,

no traspas¢ los l¡mites del capitalismo.

Hubo muchas otras reformas agrarias en los pa¡ses del hemisferio norte,

pero ya en el marco de la transici¢n del sistema econ¢mico capitalista al

socialismo. Esas reformas agrarias se caracterizaron no solamente por la

distribuci¢n de la tierra entre los campesinos, sino que tambi’n

representaron la nacionalizaci¢n de la propiedad social de los medios de

producci¢n agr¡cola, y la eliminaci¢n de las diferencias sociales en el

campo. As¡ ocurrieron las reformas agrarias socialistas de Rusia (1918 en

adelante), China (1949), Cuba (1960), Europa del Este (despu’s) de la

Segunda Guerra Mundial), Corea del Norte (1956), Vietnam, etc. Pero ello no

es objeto de estos comentarios, y por eso, no nos proponemos profundizar

sobre sus logros.

El problema agrario y las ‘lites del Tercer Mundo

Al contrario de los pa¡ses centrales, donde las burgues¡as nacionales se

obligaron a democratizar la propiedad de la tierra, como forma para

estimular el desarrollo de las fuerzas productivas, aunque capitalistas, en

los pa¡ses dependientes del hemisferio Sur las ‘lites locales, totalmente

dominadas por el colonialismo y por el imperialismo, adoptaron otras formas

de desarrollo capitalista.

Precisamente el modelo de desarrollo capitalista adoptado por la ‘lites

dependientes se bas¢ en la existencia de la gran propiedad latifundista,

que pas¢ a dedicarse a los productos de exportaci¢n que interesaban a los

pa¡ses centrales.

Por eso, en nuestros pa¡ses se fortaleci¢ la gran propiedad latifundista

porque al colonialismo, antes y despu’s del imperialismo, s¢lo le

interesaba la mano de obra y materias primas agr¡colas baratas. Y no se

preocuparon en desarrollar el mercado interno y mucho menos las fuerzas

productivas locales. En esos marcos, a parte del desarrollo capitalista

dependiente, los problemas sociales solamente se agravaron en los oltimos

siglos.

Hoy se puede decir que el problema agrario, como ve¡an los cl sicos, desde

el nacimiento del capitalismo, persiste en la mayor¡a de los pa¡ses

perif’ricos y aon m s en Latinoam’rica.

C¢mo se caracteriza el problema agrario en nuestras sociedades? Podr¡amos

caracterizar su existencia, describiendo resumidamente la presencia de los

siguientes fen¢menos econ¢micos y sociales:

– Alta concentraci¢n de la propiedad de la tierra. El latifundio es la

forma predominante y controla la mayor¡a de las tierras en nuestros pa¡ses;

– La mala utilizaci¢n de la tierra y dem s recursos naturales. Como la

propiedad est  concentrada en la oligarqu¡a rural, que no necesariamente

necesita de toda la tierra para acumular, gran parte de esas tierras se

mantiene improductiva, con muy baja utilizaci¢n;

– Lo que es producido en la tierra. Las l¡neas de producci¢n adoptadas en

las tierras m s f’rtiles de nuestros pa¡ses no se dedican a cultivos

destinados a la alimentaci¢n de nuestros pueblos, sino que, m s bien, se

destinan al monocultivo de exportaci¢n, que interesa a los pa¡ses

centrales, o a la producci¢n de materias primas vinculadas a la gran

agroindustria multinacional.

– El resultado de las caracter¡sticas anteriores es de que en casi todos

los pa¡ses perif’ricos el hambre es comon y afecta a un elevado porcentaje

de la poblaci¢n. En el caso de Brasil, son 32 millones de personas que

pasan hambre todos los d¡as, de un total de 150 millones, y otros 65

millones se alimentan, segon la Organizaci¢n Mundial de Salud, por debajo

de las necesidades m¡nimas.

– El ‘xodo rural forzado y la migraci¢n a regiones fronterizas con otros

pa¡ses. Los campesinos ya no tienen futuro en sus lugares de residencia y

son obligados a migrar a las ciudades o a otras regiones lejanas.

– El modelo tecnol¢gico adoptado en las agriculturas perif’ricas sigue una

l¢gica onicamente consumista de productos agroindustriales producidos por

empresas transnacionales. Y no tienen ninguna relaci¢n con el clima,

condiciones de suelo, de nuestros pa¡ses. Es un modelo tecnol¢gico

trasladado mec nicamente de los pa¡ses centrales, y est n trayendo enormes

consecuencias, incontrolables, tanto para los recursos naturales

disponibles, cuanto para la sobrevivencia del hombre, as¡ como para el

aumento permanente de la productividad por hect rea.

Tenemos tambi’n el problema de la concentraci¢n del capital industrial y

comercial que domina el comercio e industrializaci¢n de los productos

agr¡colas. Est  concentrado geogr ficamente en regiones m s desarrolladas

del pa¡s y en manos oligop¢licas de empresas transnacionales. Afectando,

por supuesto, al desarrollo agr¡cola, ya que hoy en d¡a la mayor¡a de los

alimentos pasa por procesos agroindustriales.

Esas son las caracter¡sticas principales de lo que ocurre en el medio rural

de nuestros pa¡ses perif’ricos, y que determinan que s¡ siga existiendo un

problema agrario fundamental. Problema agrario que tiene un car cter de

clase. Existe y afecta a la poblaci¢n pobre, a los trabajadores; pero para

las ‘lites colonizadas, para las burgues¡as locales que solamente piensan

en ganancia, de hecho no hay m s problema agrario porque, a parte de todos

estos problemas se_alados, ellas todav¡a logran obtener ganancias con la

producci¢n agropecuaria. Y si hay ganancias, no hay problema agrario.

El agravamiento del problema agrario con las pol¡ticas econ¢micas neoliberales

El problema agrario existe y tiene sus ra¡ces en el modelo de desarrollo

capitalista adoptado hist¢ricamente por nuestras ‘lites colonizadas y

dependientes. Pero, en la oltima d’cada se agrav¢ aon m s, con la adopci¢n

de las pol¡ticas econ¢micas llamadas neoliberales.

O qu’ significan esas pol¡ticas para la agricultura y el medio rural?

Significan un agravamiento del problema agrario. Porque la adopci¢n del

modelo neoliberal representa la sumisi¢n completa de las ‘lites nacionales

que abandonaron totalmente proyectos de desarrollo nacional y se sometieron

a la voluntad del capital financiero, y del capital extranjero, en nuestros

pa¡ses.

Toda la pol¡tica econ¢mica se basa en la apertura de los mercados para las

mercanc¡as industriales y agr¡colas de los pa¡ses centrales y controladas

por empresas transnacionales.

Por otro lado, representa una forma de explotaci¢n de nuestra riqueza, ya

no m s a trav’s de grandes plantas industriales, o de materias primas

baratas, sino que ahora a trav’s de elevados tipos de inter’s pagados al

capital financiero, que chupa de nuestros pa¡ses por el pago de royalties.

O disfrazada por tipos de cambio irreales.

La agricultura de nuestros pa¡ses est  siendo destrozada. Y orgullosamente

la burgues¡a dominada, se ufana al decir que ahora la agricultura pesa muy

poco en el PIB nacional, y que la poblaci¢n rural es minoritaria en el

pa¡s. Como signos de modernidad. Cuando, en realidad, representan signos de

mayor miseria y pobreza. Y sobre todo de abandono de cualquier proyecto de

desarrollo aut¢nomo, nacional y al servicio de las mayor¡as.

Pero, si por un lado el neoliberalismo va a destrozar la autonom¡a de

nuestras agriculturas, si poco le importa el destino de las amplias

mayor¡as de la poblaci¢n rural. Por otro lado, la propuesta de reforma

agraria, de resoluci¢n del problema agrario, ahora m s que nunca, se ha

vuelto un problema nacional, un problema de clase. Y al contrario de lo que

sucedi¢ en Europa y Estados Unidos, donde fueron las burgues¡as nacionales

quienes resolvieron el problema agrario, en Latinoam’rica y en el Tercer

Mundo el problema agrario solamente podr¡a ser resuelto ahora por las

fuerzas populares.

Es m s, la implantaci¢n de una reforma agraria en la actualidad no se

limita a combatir la concentraci¢n de la propiedad, de los «resquicios

feudales», sino que una reforma agraria tendr  que combatir todas las

caracter¡sticas se_aladas arriba, como parte del problema agrario, y en esa

medida, se transforma no en soluci¢n del desarrollo capitalista, sino que

exige cambios estructurales profundos de nuestras econom¡as, que la

burgues¡a nacional no quiere y no tiene ni voluntad ni capacidad de

impulsarlos. En esa medida, si por un lado el neoliberalismo agudiz¢ los

problemas econ¢micos y sociales de los pa¡ses dependientes, por otro lado,

profundiz¢ las contradicciones de clase, que nos llevaron a que la

propuesta de reforma agraria sea en realidad una propuesta de cambios de la

econom¡a, de cambio de los lazos de dependencia. Una propuesta de

liberaci¢n nacional de nuestros pueblos.

La lucha de los Sin Tierra, la experiencia brasile_a del MST

El Movimiento Sin Tierra (MST) existe hace casi 15 a_os en Brasil. Durante

este tiempo siempre ha luchado intensamente contra el latifundio. Nuestras

formas de lucha principales fueron la toma de tierras, la realizaci¢n de

marchas sobre las capitales, asambleas masivas, caminadas, manifestaciones,

tomas de edificios del gobierno, etc.

Al principio ‘ramos muy combatidos por el gobierno, por los latifundistas y

las ‘lites, y la sociedad nos ve¡a solamente como verdaderos Quijotes,

luchando contra los molinos…

Pero de esa lucha sin treguas hemos avanzado. Avanzamos en conquistas

reales. Durante estos a_os fueron m s de 1.200 latifundios conquistados a

la burgues¡a, que permitieron el asentamiento de m s de 140 mil familias.

Pero avanzamos tambi’n en la construcci¢n de una nueva propuesta de reforma

agraria, vinculada a los intereses de toda la poblaci¢n y no solamente de

los sin tierras. Una reforma agraria que signifique el quiebre por las

ra¡ces del problema agrario. Una propuesta de reforma agraria que

represente igualdad social, justicia en el campo y desarrollo econ¢mico

bajo control de los trabajadores.

Sin embargo, el mayor avance que hemos obtenido fue en el proceso de

concientizaci¢n de toda la sociedad. En nuestro oltimo congreso nacional

realizado en Julio del 1995, levantamos la bandera «La Reforma Agraria es

una Lucha de Todos». Nuestra estrategia es concientizar a los trabajadores

de la ciudad, la poblaci¢n en general, los pobres en especial, de que la

reforma agraria no es corporativa, no es de inter’s solamente de los pobres

del campo. Que la reforma agraria es un medio fundamental para resolver la

mayor¡a de los problemas que los pobres de la ciudad enfrentan, como el

hambre, el desempleo, la violencia, la marginaci¢n, la falta de educaci¢n,

el transporte y la vivienda.

De a poco, los trabajadores urbanos han comprendido ese car cter. Y hoy

podemos avanzar aon m s, y decirles, que la reforma agraria solamente ser 

posible, no por voluntad de un gobierno presionado, sino que solamente ser 

realidad en el marco de la lucha contra el neoliberalismo, contra el

imperialismo, contra la dependencia del capital financiero, contra la

dominaci¢n del capital. Y que solamente es posible desarrollarla con un

nuevo modelo de desarrollo, nacional. Nacional, en el sentido que atienda a

todos los brasile_os. Popular, en el sentido que atienda a las necesidades

b sicas de todo el pueblo, y no solamente de una minor¡a, como es la

propuesta del neoliberalismo.

Estamos, hoy, en ese esfuerzo. Estamos convencidos de que en Brasil, en

Latinoam’rica, en los pa¡ses del Tercer Mundo, solamente es posible

alcanzar la reforma agraria con profundos cambios econ¢micos y sociales,

hechos por todo el pueblo organizado.

Sin embargo, tenemos todav¡a muchos retos por delante. Las ideas

socialistas y revolucionarias pasan por una crisis.

Los sectores peque_o-burgueses que dominan nuestros partidos de izquierda

se perdieron con el muro que cay¢ en sus cabezas. Tenemos que recuperar la

confianza en nuestros pueblos.

Comprender que solamente organizando las masas y haciendo grandes

movilizaciones populares lograremos cambios.

Tenemos que retomar el trabajo de formaci¢n pol¡tico-ideol¢gica. Recuperar

formas creativas de comunicaci¢n con las masas. Recuperar la m¡stica de que

es posible los cambios sociales. Que el futuro pertenece a la clase

trabajadora. En fin, recuperar el  nimo de la revoluci¢n.

Joao Pedro Stedile es miembro de la Direcci¢n Nacional del Movimiento sin

Tierra del Brasil.

(Br/YZ/Pf/Pp/mc)

Autor

  • JAE
    Jose Escribano

    Responsable de Contenidos en Informativos.Net

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