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EL PLAN COLOMBIA: DESAFíO NEOLIBERAL CONTRA AMERICA LATINA

escrito por Jose Escribano 1 de febrero de 2001
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EL PLAN COLOMBIA: DESAFíO NEOLIBERAL CONTRA AMERICA LATINA
Por Luis Alberto Matta

El Plan Colombia es la más integral y genuina manifestación del capitalismo contemporáneo. Es un programa neoliberal que combina intervencionismo político, económico y militar, pero que hábilmente se presenta como un plan humanitario para defender la democracia y salvar al mundo de una amenaza, que en este caso es el narcotráfico.
Es la lógica perversa sobre la cual se pretende sustentar su validez, encubriendo en
forma tramposa las intenciones belicistas y financieras de los norteamericanos amangualados con la oligarquía colombiana. Los sectores poderosos, de por sí, ligados al gran capital en ambos países, apuestan a la derrota política y militar del movimiento popular de oposición, y en particular buscan doblegar a la insurgencia guerrillera.
El propósito de Estados Unidos con el Plan Colombia, es el de intervenir en el conflicto
social y político interno, para imponer y favorecer a importantes transnacionales del petr¢leo y del carb¢n, facilitar la privatizaci¢n de las principales empresas estatales especialmente en los sectores de salud, educaci¢n y comunicaciones, proteger a los terratenientes empe_ados en el desarrollo agroindustrial y ganadero, y principalmente, apoderarse sin impedimento alguno de las enormes riquezas de la amazon¡a.
La injerencia pol¡tica y militar yanqui en Colombia apunta, adem s, a amedrentar a los
pueblos de Am’rica Latina. Estados Unidos busca un reposicionamiento geoestrat’gico en la regi¢n, ante el creciente descontento popular que despierta las pol¡ticas neoliberales en Ecuador, Pero, Brasil, y Panam .
As¡ mismo, los norteamericanos observan con inocultable desagrado el proceso de cambios sociales y pol¡ticos que vive Venezuela, proceso al que acusan tendenciosamente las elites colombianas de tener una aproximaci¢n ideol¢gica y pol¡tica con las FARC-EP (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ej’rcito del Pueblo).
El Plan Colombia constituye un grave riesgo para las luchas populares en Am’rica Latina. En d¡as pasados Horacio Serpa, un connotado y corrupto pol¡tico colombiano (excandidato presidencial), propuso en reuni¢n con militares y diplom ticos estadounidenses, que este Plan deber¡a tener alcances en toda la regi¢n Andina y Amaz¢nica.
Posturas como esta no se pueden ignorar. Nuestro pa¡s se enfrasca en una gigantesca carrera armamentista sin precedentes en la regi¢n. En la actualidad hacen presencia permanente en territorio colombiano, al menos 400 asesores norteamericanos, y para nadie es un secreto que decenas de ellos son mercenarios, entrenados en conflictos padecidos por Africa, el golfo P’rsico y los Balcanes.
No obstante la nueva modalidad de intervenci¢n gringa, no contempla en principio el desembarco directo de sus tropas. A cambio, el ej’rcito y la polic¡a colombianos se transforman aceleradamente en una poderosa m quina de guerra.
El 80% de la primera parte de ayuda norteamericana (Unos 1300 millones de d¢lares) est  representada en sofisticados radares, aviones esp¡a, 30 helic¢pteros de guerra Black Hawk y 75 Huey UH1H reartillados, entrenamiento y financiaci¢n de 5 nuevos batallones hasta alcanzar 52.000 soldados profesionales que se sumar n a m s de 150.000 efectivos existentes, para un total cercano a 320.000 personas vinculadas a cuestiones militares, de inteligencia y seguridad.
No es un juego. Am’rica Latina debe preocuparse seriamente. EE.UU. reconstruye un escenario de nueva guerra fr¡a, en el que Colombia podr¡a convertirse en cabeza de playa para una futura agresi¢n norteamericana a Venezuela.
En la Amazonia, particularmente en el  rea que va de Ecuador a Colombia, existe enorme preocupaci¢n por el impacto ambiental que ha de producir el uso indiscriminado de glifosfato y del hongo Fusarium Oxisporum contra los cultivos de coca. Hay conciencia entre las comunidades, que esta ser  una agresi¢n devastadora para las selvas, que traer  consecuencias muy graves para esta reserva de la humanidad.
Es dif¡cil creer que los EE.UU. abandonar n la Amazon¡a luego de estar posicionados en ella. Las riquezas naturales y las vecindades petrol¡feras son un atractivo imperante para el gran capital.
En general para los gobiernos vecinos, el Plan Colombia traer  m s violencia, cambios
tecnol¢gicos en el conflicto, masiva presencia norteamericana en la zona, generar  miles de desplazados, y probablemente los cultivos de coca se extiendan m s al interior de la Amazon¡a.

LAS TRAMPAS DEL PLAN COLOMBIA:
1. Lucha contra el narcotr fico: El narcotr fico es consubstancial con el capitalismo contempor neo. Los flujos millonarios que produce el negocio de las drogas, constituyen el plasma para evitarle anemia a un sistema que se sostiene a base de la especulaci¢n, y que necesita para sobrevivir la circulaci¢n de los enormes capitales que le dan vida.
La preocupaci¢n de los estadounidenses frente al narcotr fico es hip¢crita. Por un lado buscan sustitutos sint’ticos de los diversos estupefacientes y alucin¢genos, para controlar m s y mejor el negocio, y del otro, permiten el funcionamiento de los paraisos fiscales, de tal forma que puedan captar los grandes capitales que deja la droga.
No existe un Plan Estados Unidos para desarticular la intacta estructura financiera que se ocupa de la comercializaci¢n de la droga, cuyos responsables se encuentran en el
coraz¢n mismo de sus grandes ciudades, ligados a menudo con la banca internacional. Menos se menciona, la existencia segon datos propios, de un poco m s de 20 millones de adictos y consumidores en sus calles.
Las f bricas de insumos qu¡micos y aditamentos para hacer la coca¡na y hero¡na
en general son norteamericanas y no se conocen sanciones al respecto. Hoy
los EE.UU. con enormes plant¡os de marihuana en Virginia y California se
constituyen en el primer productor de esta hoja en el mundo (La marihuana
es el tercero entre sus productos agr¡colas luego del ma¡z y el trigo). Al
parecer, mientras esta producci¢n no implique fuga de capitales, no ser 
preocupaci¢n del alto gobierno.
Por tanto, presentarse ante el mundo como los enemigos del narcotr fico, no deja de ser una paradoja. S¡ ese es el prop¢sito del Plan Colombia, este constituye una trampa, que de fondo oculta el inter’s norteamericano por consolidar un modelo de acumulaci¢n
hegem¢nica del capital financiero y las transnacionales. En ese prop¢sito se acude a la estrategia de empa_ar la realidad para justificar sus intenciones; no es raro que en preparaci¢n de este plan de guerra, la CIA haya clasificado a las FARC-EP como un grupo terrorista y narcotraficante.
Es claramente tendencioso por parte de EE.UU. hacer creer, que esa buena parte del campesinado colombiano que ha organizado resistencia en armas, justamente contra las injusticias del capitalismo, pertenezca y dependa de un fen¢meno propio de las formas de acumulaci¢n y especulaci¢n del capital, como lo es el narcotr fico.
En realidad lo que demuestra el statu-quo colombo-estadounidense, es la preocupaci¢n por el arraigo popular de la guerrilla y su significativo ascenso pol¡tico-militar. Temen que su desarrollo conduzca a articular al conjunto del movimiento social en
Colombia, y que de repente se convierta en un ejemplo a seguir por otras organizaciones de oposici¢n en Am’rica Latina y el mundo.
Esta situaci¢n es la que obliga a que la oligarqu¡a colombiana y norteamericana reconozca y se preocupe principalmente por la dimensi¢n armada del conflicto social
y pol¡tico. As¡ como el actual proceso de di logo y negociaciones entre la insurgencia y el gobierno colombiano, es un triunfo del movimiento social y popular que lucha por la paz, movimiento que dinamizan las FARC-EP y el ELN con sus propuestas, el Plan Colombia constituye la amenaza m s clara contra la paz no solo en Colombia, sino en la regi¢n.

2. Defensa de la democracia: El Plan Colombia es un salvavidas para la maltrecha institucionalidad colombiana. Se trata de evitar el desmoronamiento de un establecimiento tradicionalmente corrupto y profundamente criminal, sumido en una profunda crisis econ¢mica y pol¡tica.
Es prudente recordar que el apoyo norteamericano, sobre todo en t’rminos militares, tradicionalmente ha favorecido gobiernos proclives a sus pol¡ticas e intereses, y que generalmente estas ayudas las han recibido aquellos reg¡menes altamente comprometidos en la violaci¢n de derechos humanos.
Por ello no sorprende que hoy el principal beneficiario de ayuda y entrenamiento militar norteamericano en el hemisferio occidental sea Colombia. Justo es all¡, donde las fuerzas de seguridad, la polic¡a, los militares y en general el establecimiento, acumulan el expediente m s alarmante en violaciones a los DDHH del hemisferio occidental.
La estabilidad de este r’gimen genocida se ha mantenido a base de la represi¢n generalizada y el crimen pol¡tico. La justicia, principal soporte de una democracia, en Colombia ostenta un 97% de impunidad, es decir no existe. La pobreza se multiplica como un c ncer, al punto que de los 40 millones de habitantes hay 25 millones de pobres, 10 millones de ellos en la miseria total. La corrupci¢n alcanza todos los
niveles del Estado siendo una cuesti¢n pr cticamente insostenible.
Colombia tiene entre sus habitantes a dos millones de desplazados internos, y un partido pol¡tico de oposici¢n exterminado, como lo fue la Uni¢n Patri¢tica (UP), movimiento pol¡tico fundado en 1985 gracias a los acuerdos de paz y cese al fuego entre el gobierno de turno y las FARC-EP un a_o atr s. La UP inici¢ en 1986 un promisorio ascenso pol¡tico al obtener la votaci¢n m s alta que se conozca en la historia, entre las experiencias de oposici¢n pluripartidista y de izquierda en Colombia. La UP fue sometida en los a_os siguientes al m s intenso ba_o de sangre de que se
tenga noticia en el hemisferio occidental contra un partido y sus simpatizantes. M s de 4000 asesinados en cr¡menes selectivos y pavorosas masacres colectivas, entre los que se cuentan los asesinatos de dos candidatos presidenciales, varios congresistas, alcaldes y decenas de concejales. Este genocidio contra la UP fundamentado en la intolerancia
del poder dominante, llev¢ al fracaso aquel intento de paz con las FARC.
Es tal el drama, que conviene recordar que la mitad de los sindicalistas asesinados
en el mundo son Colombianos. Un 20% (Segon datos oficiales) de la poblaci¢n econ¢micamente activa no tiene trabajo, y por lo menos un 40% de las personas que lo hacen, dependen de la econom¡a informal que no ofrece ninguna garant¡a social.
Este es un pa¡s que tiene un d’ficit de al menos 10.000 profesionales en salud y 7.000 educadores, sin embargo todos los a_os se reducen las plantas de maestros y se cierran por falta de recursos los hospitales. Mientras tanto, el Estado se da el lujo de contratar 52.000 soldados especializados en la guerra mercenaria contra su propio pueblo, obviamente con todas las garant¡as sociales y salarios, a costa de miles de obreros y trabajadores despedidos.
S¢lo un r’gimen pol¡tico ap trida y olig rquico como el que actualmente gobierna a
Colombia, puede garantizar los intereses estrat’gicos de EE.UU. y los desprop¢sitos neoliberales del capital transnacional. A pesar de todo, el gobierno acude al ya poco cre¡ble discurso por la defensa de la democracia y la estabilidad regional , para justificar el intervencionismo norteamericano. El presidente Pastrana invita a los
gobiernos europeos y vecinos a que apoyen la democracia colombiana, como si
esta existiera.
Con ese pretexto la administraci¢n del presidente Pastrana ha entregado el control de la econom¡a nacional al Fondo Monetario Internacional FMI y a la Banca Internacional. Ha cedido el control pol¡tico interno a las determinaciones del Departamento de Estado
norteamericano, mientras que los aspectos de seguridad son manipulados descaradamente por el comando sur, la CIA y la DEA. En su concepci¢n m s n¡tida, el Plan Colombia se ajusta a esta ‘poca de neoliberalismo y globalizaci¢n, donde la soberan¡a nacional pasa a segundo plano, mientras el derecho a la autodeterminaci¢n y a la dignidad como pueblo se desconoce.

3. Componente social para el desarrollo: EE.UU. pretende mediante el llamado componente social del Plan Colombia, que corresponde a un 20% del total general, mitigar las consecuencias de la guerra. La idea es que la vida econ¢mica y social del pa¡s siga su marcha en medio de las consecuencias devastadoras del conflicto. Es decir se intensificar n las privatizaciones y en general se mantendr  el ritmo neoliberal de la
econom¡a.
Se prev’ que la intensificaci¢n de la guerra (As¡ definen las macabras matanzas de labriegos, ejecutadas mediante la estrategia paramilitar del Estado), producir  m s de 400.000 nuevos desplazados.
C¡nicamente se ha presupuestado la reubicaci¢n y los paliativos, para los miles de desterrados que dejar  la estrategia integral que conlleva bombardeos, fumigaciones y masacres. Sobra agregar que un 70% de estos recursos asistenciales, ser n ejecutados por entidades privadas y organizaciones no gubernamentales. (En el oltimo a_o se han inscrito m s de 1.000 nuevas ONGs, en los registros que clasifican a los opcionados
representantes de la sociedad civil .
En las grandes ciudades se ha previsto que no rebajen los consumos de arroz, yuca, pl tano, papa, etc (alimentos b sicos de la dieta colombiana). Mientras los campos colombianos se envuelven en llamas, ya se importan cerca de 7.5 millones de toneladas
de alimentos (Se est n comprando cereales norteamericanos). Mediante una clara legislaci¢n antiagraria y una antipatri¢tica pol¡tica de importaciones, se est  destruyendo lo que resta de la empobrecida econom¡a campesina. La tragedia, desolaci¢n y pobreza de nuestro campesinado, parece que sucediera en un mundo lejano.
Se trata de generar un clima de escepticismo e indiferencia nacional frente a la
realidad de nuestro campo. La cuesti¢n agraria y en general la suerte del mundo rural, cobra singular importancia con la puesta en marcha del Plan Colombia. Este programa militar, pol¡tico y social, reedita la secular agresi¢n que ha sufrido durante m s de un siglo el campesinado colombiano.
Sin duda alguna que se van a facilitar aon m s los procesos de contrarreforma agraria, se incrementar n el latifundio y las pol¡ticas neoliberales que apuntan al desarrollo agroindustrial, los cultivos transg’nicos, y el uso de semillas certificadas, medidas todas que en conjunto destruyen la econom¡a campesina y la soberan¡a alimentaria.
No olvidemos que Colombia es uno de los lugares en el mundo con mayor concentraci¢n de tierra en manos de pocos propietarios. el 1.5% de los propietarios ostentan la propiedad del 80% del  rea otil para explotaci¢n agropecuaria. El latifundio ha sido soporte estructural del sistema antidemocr tico que controla los destinos de Colombia.
La oligarqu¡a colombiana pretende asegurar el control social, ideol¢gico y pol¡tico del
campesinado. De hecho los EE.UU. ven a los campesinos como un potencial aliado de la insurgencia, ya que las FARC-EP est n integradas hist¢ricamente a las zonas agrarias y la mayor¡a de sus combatientes son campesinos alzados en armas.
Con el Plan Colombia la estrategia va encaminada a debilitar la capacidad organizativa y de movilizaci¢n del movimiento obrero y sindical, y particularmente del campesinado. Como en las  reas rurales se encuentra buena parte de la base social de la
insurgencia guerrillera, es all¡ donde se ejecutan las horribles matanzas de labriegos por parte de los grupos paramilitares.
No se disimula demasiado la actitud favorable al paramilitarisnmo por parte de un sector considerable del parlamento colombiano, y de varios gremios en cabeza de
Fedegan y Fenalco. Tampoco se pueden ignorar las reiteradas opiniones a favor de un reconocimiento pol¡tico para estas redes de asesinos por parte del Procurador y el Fiscal general de la naci¢n, as¡ como la opini¢n de algunos jerarcas de la iglesia encabezados por el obispo Guti’rrez Pab¢n de Chiquinquir , dirigentes pol¡ticos en cabeza de Alvaro Uribe V’lez, exgenerales como Harold Bedoya y Rito Alejo del R¡o, que entre otros, claman directa e indirectamente a favor de la guerra sin cuartel.
Es importante destacar que las AUC ( Autodefensas Unidas de Colombia, nombre que se asignan las redes paramilitares) son lideradas por confesos narcotraficantes. Estos han sido aliados estrat’gicos de la CIA y la DEA cuando les son requeridos sus servicios, tal como qued¢ demostrado con la creaci¢n de los PEPES, grupo que en asocio con el cartel de Cali y la DEA, ejecut¢ al narcotraficante Pablo Escobar Gaviria Contribuyendo decisivamente a la desarticulaci¢n del poderoso cartel de Medell¡n, segon denunciara hace algunos d¡as la banda de sicarios La Terraza en extenso documento publicado por Semana, revista de amplia circulaci¢n en Colombia.
El campesinado colombiano como el conjunto del movimiento popular responder  a la altura del nuevo reto que se le plantea, pero precisa de no estar solo, necesita la voz, las manos y el apoyo de todos los que sue_an y construyen una alternativa democr tica y un mundo m s justo.
Las pol¡ticas antiagrarias que predominan en el actual per¡odo neoliberal, han minado las posibilidades de autosuficiencia alimentaria en los pa¡ses del sur, provocando de paso la destrucci¢n de ramas industriales ligadas a los productos del campo. Los monopolios y oligopolios se han propuesto transgenizar y controlar la producci¢n
alimentaria en el planeta, convirtiendo este estrat’gico asunto, en un mecanismo de dominaci¢n neocolonial. Esa es una de las trampas que oculta el Plan Colombia y que nos es preciso desvelar.
Adem s, es una trampa poner en un mismo plano los cultivos de coca y amapola (Denominados arbitrariamente como il¡citos), con el narcotr fico. Las plantaciones de
coca y amapola se han constituido en cultivos de subsistencia incorporados a la econom¡a campesina. Los labriegos fueron lanzados a esa nueva realidad por las circunstancias sociales y econ¢micas a que fueron sometidos. Por consiguiente, es impropio que se les denomine como cultivos il¡citos.
Para el imaginario del campesinado, los cultivos de coca y amapola siguen siendo un fruto de la tierra. Entre otras cosas, el onico posible por condiciones geogr ficas de las zonas de colonizaci¢n a donde fueron lanzados.
En general los cultivos de coca constituyen un forma de resistencia campesina, para no abandonar su mundo rural. Por eso es muy importante separar dos realidades: Nacotr fico y cultivos. El primero es un fen¢meno consubstancial al capitalismo; y el segundo, un producto de las injusticias del capitalismo cuando combina latifundio, violencia y pol¡ticas antiagrarias.

4. Plan Colombia y proceso de paz: Los altos dignatarios de EE.UU. y Colombia han insistido que su compromiso es con la paz. Y es cierto, solo que es una paz distante de la que realmente necesita Colombia.
La obsesi¢n de la clase dominante colombiana en relaci¢n a la paz, est  encaminada a obligar a la insurgencia guerrillera a que firme un acuerdo, cuyo principal componente sea la entrega de armas, la desmovilizaci¢n y reinsercci¢n de los guerrilleros en la institucionalidad tradicional, ofreciendo a cambio numerosas prebendas y puestos electorales, financiaci¢n de proyectos asistenciales mediante ONGs, tal como sucedi¢ en el pasado con el M-19, el EPL y la CRS (Sector minoritario que pertenec¡a al ELN).
No se puede caer en la trampa que conlleva una intervenci¢n supuestamente humanitaria para alcanzar la paz. El Plan Colombia plantea una paz que se asemeja a la de los sepulcros. Esta propuesta est  ganando adeptos en grupos de ONGs, que han ca¡do en el error de separar aspectos sociales y militares que contiene el Plan Colombia. La parte social de este Plan, supuestamente ligada a la paz, es una zanahoria asistencial
para lavar conciencias luego del garrote neoliberal y guerrerista.
Para finalizar quiero recalcar que El Plan Colombia tiende a convertirse en la punta de lanza del intervencionismo yanqui en Am’rica Latina. Constituye una afrenta para los pueblos de Am’rica Latina, basada en la nueva modalidad de intervenci¢n econ¢mica, pol¡tica y militar de los estadounidenses, hacia lo que consideran su patio trasero.
Se nos impone una dura prueba, en la que nuestros pueblos tendr n que multiplicar su
dignidad y valent¡a para afrontar una fuerte etapa de lucha y resistencia. Nos corresponde la responsabilidad de darle un vuelco a la historia que se nos quiere asignar. Habr  de jugar (como ya lo est  haciendo) un papel muy importante la lucha social y popular de la que es una expresi¢n la lucha guerrillera. Esta se convierte en s¡mbolo y esperanza, para las luchas de resistencia que adelantan los pueblos contra el capitalismo depredador y salvaje.
El rechazo internacional al Plan contra Colombia, debe convertirse en el componente unificador de la lucha pol¡tica que adelantan los pueblos oprimidos y explotados contra la globalizaci¢n hegem¢nica y militarista del capital poderoso, tanto de Estados Unidos como de Europa. Esta se debe enmarcar entre los esfuerzos m s hermosos que nos embargan por construir y alcanzar la paz.
La democracia y los derechos humanos son incompatibles con el colonialismo que sojuzga y restringe la soberan¡a e independencia de los pueblos. Para vencer este cuadro de indignidad, de miseria social, de dictadura econ¢mica y pol¡tica, es necesario pasar de las propuestas a la resistencia concreta. Si estamos a favor de la
democracia y de los derechos humanos, entonces tenemos una obligaci¢n moral
y ‘tica: luchar sin desmayo contra el sistema que los niega.

Luis Alberto Matta Aldana , activista y defensor de derechos humanos. Investigador de los problemas rurales y de la cuesti¢n agraria en Colombia

Autor

  • JAE
    Jose Escribano

    Responsable de Contenidos en Informativos.Net

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