En su discurso, el Presidente mexicano, se mostró a favor de un nuevo reordenamiento Constitucional a fin de ser congruente con los compromisos que asumiera en su campaña electoral. Fox afirmó que, por sus alcances y contenidos, la revisión de la Carta Magna es materia del Poder Legislativo. Al tiempo afirmó que ella debe ser una obra colectiva, en tal sentido, llamó a todos los actores políticos a que ôreconstruyan los consensos nacionalesö en torno a una Constitución renovada.
Reclamó un amplio debate para llevar adelante tal iniciativa, y anunció que ya había instruido a
al Secretario de Gobernación -Santiago Creel Miranda- para que inicie las tareas de coordinación de las actividades que competen al Poder Ejecutivo en tal proceso.
A continuación transcribimos el discurso del Presidente de los Estados Unidos Mexicanos:
ôHoy, celebramos un aniversario más del texto constitucional en el que se concretó el Programa de la Revolución Mexicana.
El ordenamiento jurídico, que hoy conmemoramos, calificado como el m s avanzado e innovador de su tiempo, represent¢ el inicio de una nueva etapa hist¢rica en la vida pol¡tica de nuestro pa¡s.
Un siglo antes, una generaci¢n de mexicanos y mexicanas conducida por uno de sus m s inspirados dirigentes, el impar Jos’ Mar¡a Morelos, tom¢ la decisi¢n de incorporar a M’xico al concierto de las naciones libres.
En Apatzing n, Morelos inici¢ un proceso constitucional del que nos sentimos orgullosos, que nos llev¢ a adoptar el sistema republicano y federal en 1824; el Estado laico, en 1857 y las reivindicaciones sociales, en 1917.
¥Cada Constituci¢n ha se_alado el principio de un nuevo ciclo hist¢rico!
El pasado 2 de julio, nuestro pa¡s ingres¢ en una nueva etapa que representa la culminaci¢n de una larga historia de esperanzas y sacrificios que marca a su vez el inicio de una tarea hist¢rica: la de concretar la transici¢n pol¡tica en una profunda Reforma del Estado que actualice el instrumental jur¡dico que fue dise_ado para una realidad pol¡tica ya rebasada.
La alternancia experimentada en las elecciones federales pasadas no asegura, por s¡ sola, el establecimiento de un nuevo arreglo normativo, acorde con el esp¡ritu democr tico de los nuevos tiempos.
De ah¡, debido al compromiso imprescindible de impulsar una reforma integral del Estado, que encuadre jur¡dicamente la nueva realidad pol¡tica del pa¡s y supere el comulo de insuficiencias legales que han puesto en evidencia las actuales circunstancias.
La estructura y el funcionamiento pol¡ticos, as¡ como las relaciones del poder con la sociedad tienen que cambiar. El cambio se dar en las instituciones, porque ya se dio en la sociedad.
Tenemos una sociedad democr tica y muchas instituciones autoritarias. Una contradicci¢n de esta magnitud no puede permanecer sin soluci¢n.
El mandato popular del 2 de julio fue claro: queremos un M’xico diferente. La sociedad vot¢ por un cambio en las normas, en las instituciones y en los objetivos, no s¢lo por un cambio en el grupo, en el poder. As¡, la diferencia entre el pasado y el futuro ser justamente la vigencia de un Estado de Derecho actualizado.
La prueba irrefutable de que el ordenamiento constitucional ha sido rebasado, es el nomero y frecuencia de sus reformas. Podr¡amos hacer como don Venustiano Carranza: un recuento de los incumplimientos, de las deformaciones y de las adulteraciones consentidas en el texto constitucional.
Precisamente uno de los argumentos esgrimidos en 1916 para convocar al constituyente, fue que la Carta de 1857 hab¡a sido modificada en 49 art¡culos. Parece hoy igualmente concluyente el que se hayan superpuesto casi 400 reformas a la Constituci¢n de 1917, cerca de la mitad promovidas durante los oltimos tres gobiernos.
Concluyamos entonces en la necesidad reconocida por don Venustiano Carranza de crear una nueva arquitectura constitucional, capaz de contemplar y de encauzar los cambios que el pa¡s requiere y que la ciudadan¡a ha exigido mediante el sufragio.
Es evidente que no todas las instituciones est n a la altura de lo que la sociedad merece. Es hoy nuestra responsabilidad ponerlas al d¡a.
En este contexto, la forma m s leal de honrar hoy la Constituci¢n es procediendo a su revisi¢n integral. Esta conmemoraci¢n cobrar as¡ su mayor sentido.
Ya diversas voces representativas de la pluralidad pol¡tica e ideol¢gica del pa¡s, convocadas en mi calidad de Presidente electo, han propuesto y realizado una revisi¢n integral de la Constituci¢n Pol¡tica de los Estados Unidos Mexicanos.
Eso es lo que propusimos tambi’n, con distintos ‘nfasis, los candidatos presidenciales en la pasada contienda electoral.
La actitud que adopten al respecto los partidos pol¡ticos y sus legisladores medir la congruencia de su discurso pol¡tico.
He venido cumpliendo los compromisos que contraje ante la Naci¢n durante mi campa_a. En ellos se sustentan las acciones que este Gobierno est realizando.
La revisi¢n de nuestro ordenamiento constitucional la inclu¡ como convicci¢n en mi propuesta electoral y la promov¡ en el per¡odo de transici¢n.
Ahora, para ser congruente, con este compromiso expreso mi postura de apoyar que siga dicho proceso.
Por sus alcances y contenidos, la reforma de nuestra norma fundamental es un asunto que al final compete al Poder Legislativo. Es b sicamente en su seno donde esta reforma deber discutirse y, en su caso, aprobarse.
Pero al hacer esta propuesta, asumo la parte que me corresponde en la construcci¢n de esta obra colectiva, la que deriva de mi propia convicci¢n y de las leg¡timas funciones de dirigencia que me han otorgado los y las ciudadanos.
Por ello formulo un llamado a todos los actores pol¡ticos y los Poderes poblicos, para que reconstruyamos los consensos nacionales en torno a una Constituci¢n renovada.
Trabajemos en la tarea de actualizar nuestro marco jur¡dico fundamental, de tal manera que responda a un proyecto de Naci¢n que colme nuestras expectativas para el siglo XXI. Esa aportaci¢n a la modernidad republicana de nuestro pa¡s merecer el reconocimiento de todas y de todos.
En un pa¡s que ha tenido una escasa vida democr tica, tenemos todos que aprender a ser fieles con sus exigencias. Esta responsabilidad nos convoca a un debate respetuoso, constructivo y responsable; a un di logo honesto, transparente y patri¢tico, por encima de toda peque_ez e intolerancia.
Nada ser¡a m s promisorio que todos los Poderes poblicos, los partidos pol¡ticos y las corrientes de opini¢n arrib ramos a una visi¢n compartida de la arquitectura constitucional del pa¡s y los grandes objetivos de la Naci¢n mexicana.
Con esta iniciativa no me propongo abolir la historia, sino proseguirla. Tampoco sugiero renunciar a los principios y decisiones fundamentales que han inspirado nuestra trayectoria constitucional.
Contamos con un legado que deber guiar cualquier modificaci¢n constitucional: la no reelecci¢n del Ejecutivo, el sistema representativo, la divisi¢n de Poderes, el r’gimen federal, la libertad municipal, nuestra soberan¡a, el car cter laico del Estado, el compromiso con la justicia social, la educaci¢n laica y gratuita, el respeto a la diversidad cultural y la defensa de los derechos individuales y sociales.
En ese equilibrio, entre el cambio y permanencia se ubica el gran reto de la transici¢n mexicana. Cambiemos de ra¡z sin arrancar las ra¡ces, hag moslo sin abandonar lo mucho y muy valioso que hemos construido. Hag moslo tambi’n sin olvidar lo mucho que debemos transformar.
Los reg¡menes contempor neos buscan combinaciones institucionales que eviten la concentraci¢n del poder, destierren la impunidad, garanticen la divisi¢n de competencias y propicien la estabilidad y la eficacia en el marco de una escrupulosa legalidad. Y la Naci¢n moderna que hemos decidido construir los mexicanos y mexicanas, ha de fundarse en ese concepto de gobernabilidad democr tica.
Es necesario sustituir la l¢gica tecnocr tica que dej¢ todo al mercado. Tendremos que edificar un Estado democr tico comprometido, ante todo, con la justicia, la educaci¢n, la distribuci¢n del ingreso y la igualdad de oportunidades.
Reivindicar en nuestro tiempo la justicia social bajo el estandarte de un Gobierno democr tico significa dejar a un lado el populismo como mecanismo de manipulaci¢n y como estrategia para lucrar pol¡ticamente.
Es adem s una exigencia generalizada de las y los mexicanos que nuestro r’gimen jur¡dico responda con eficacia a la necesidad de lograr una convivencia segura y pac¡fica, de la que desterremos la delincuencia, la impunidad y la inseguridad.
Comparto plenamente la convicci¢n de que las libertades poblicas son, a la vez, requisito indispensable y objetivo oltimo de todo Estado democr tico.
Deberemos reivindicar hacia el futuro instituciones fundamentales, como son la protecci¢n de las garant¡as individuales y sociales, al igual que los derechos humanos.
Deberemos consagrar tambi’n en nuestra Constituci¢n las autonom¡as ‘tnicas, para terminar con toda forma de discriminaci¢n y de est’riles confrontaciones.
Todos y todas los mexicanos tenemos una deuda, una deuda enorme con nuestros pueblos ind¡genas. Hemos actuado mal como Naci¢n y estamos obligados con ellos y con ellas. Apoyemos su lucha con orden y en el marco de la legalidad.
Gracias al empe_o perseverante de los ciudadanos y ciudadanas, de los partidos pol¡ticos, hemos logrado un cambio formidable en las instituciones electorales del pa¡s. No obstante, se requiere mejorar el sistema actual, a fin de adecuarlo a las exigencias de imparcialidad y equidad, propias de los reg¡menes democr ticos y evitar as¡ las controversias del pasado.
Las nuevas reformas en este campo buscar n expresar con toda fidelidad la voluntad ciudadana, mediante disposiciones que aseguren una equidad plena en las contiendas, terminen con el fraude electoral, eviten dispendios y faciliten acuerdos y coaliciones.
S¢lo por esa v¡a garantizaremos que m s all de la conclusi¢n legal de los procedimientos no habr sospecha social respecto a los resultados electorales.
Hoy m s que nunca el acto de informar es inseparable de las tareas del Gobierno. La sociedad reclama que sus autoridades comuniquen amplia y puntualmente las acciones que emprenden en su beneficio, las v¡as que utilizan para lograrlo y los resultados obtenidos.
Todas las autoridades, todas, han de estar sujetas a la rendici¢n de cuentas, comenzando por el Presidente de la Repoblica.
La sociedad exige que la actividad de los ¢rganos de poder se transparente y se haga predecible, que no haya ocultamientos ni sorpresas, que se sepa de cu nto se haga y sea previsible cu nto se har , que las autoridades sean ejemplo de apego a la legalidad.
En este contexto, la nueva organizaci¢n y ejercicio del poder deber n regirse por los principios de racionalidad y responsabilidad, para asegurar relaciones sim’tricas entre los ¢rganos del Poder; para que los actos de los titulares de estos ¢rganos sean objeto de control, evaluaci¢n y de sanci¢n cuando se afecte el Estado de Derecho.
Comparto plenamente la propuesta de introducir la ratificaci¢n de los Secretarios de despacho por el Congreso; de establecer el juicio pol¡tico para el Presidente de la Repoblica en caso de faltas graves a la Constituci¢n; de instaurar el servicio civil de carrera y de fortalecer los medios jurisdiccionales entre todos los Poderes poblicos.
Los estudiosos del Poder Legislativo han planteado que ‘ste debe fortalecerse con normas constitucionales que mejoren su forma de integraci¢n y representaci¢n. Tambi’n que debe de ampliarse su capacidad de fiscalizaci¢n de los otros dos Poderes y de las entidades paraestatales.
El Poder Judicial tambi’n tiene que fortalecerse, su desarrollo contribuir como un elemento fundamental al refuerzo de las garant¡as y derechos del ciudadano y a la funci¢n crucial de limitar el poder.
La democracia futura no habr de agotarse en el acto de sufragar. Tienen que ampliarse las formas en que los ciudadanos pueden ejercer el poder, y al mismo tiempo dotar a las decisiones fundamentales de amplia legitimidad. Estamos en el tiempo de la democracia participativa, de formas de democracia directa, como el refer’ndum y el plebiscito para que el cuerpo electoral sea consultado obligadamente sobre leyes y decisiones fundamentales.
Por origen, experiencia y convicci¢n soy federalista. Con los se_ores Gobernadores he venido construyendo una nueva relaci¢n ajena a preferencias y simpat¡as personales, filiaciones pol¡ticas, complicidades o pretensiones de control pol¡tico o financiero.
En el plano regional deben lograrse los nuevos equilibrios y a trav’s de un verdadero federalismo.
La mayor parte de mexicanos y mexicanas de todos los tiempos hemos reivindicado la organizaci¢n pol¡tica de nuestro pa¡s como un sistema federal. Sin embargo, nuestro federalismo ha sido por muchas d’cadas m s declarativo que real.
Hoy, los nuevos tiempos nos abren la posibilidad de ver el pa¡s desde otra l¢gica, que nos permite una relaci¢n distinta entre municipios, estados y Federaci¢n. Estamos inmersos en el proceso de globalizaci¢n, en muchos sentidos el futuro ya nos alcanz¢.
Coincido en la urgencia de redefinir las responsabilidades de M’xico en el orden global, de ampliar y diversificar las relaciones que sostenemos con el mundo, y de asumir un protagonismo inteligente para impulsar el progreso de todos.
Asimismo, debemos actualizar nuestro marco constitucional con el contenido de los avances presentes en los acuerdos internacionales que M’xico ha firmado en materia de derechos humanos.
Comparto la decisi¢n de otorgar la m s alta prioridad a la integraci¢n de una gran patria latinoamericana. Aplaudo tambi’n el acento que han puesto diversas voces en la fraternal vinculaci¢n con los mexicanos y mexicanas que viven en el exterior para que puedan votar y ser votados
S’ que hay planteamientos de reformas mayores a las que hoy estoy se_alando en estas reflexiones. Por ello, aprovecho esta fecha para proponer un debate muy amplio sobre la Constituci¢n que queremos los mexicanos y las mexicanas. Considero que tras ese debate deberemos proceder a dar forma a tales modificaciones y a presentar la iniciativa correspondiente.
Por nuestra parte, ya estamos asumiendo la responsabilidad que nos corresponde en esta tarea.
Instruyo ahora al Secretario de Gobernaci¢n a que coordine las actividades que corresponden al Poder Ejecutivo en este proceso, en comunicaci¢n permanente con el Congreso de la Uni¢n.
De este modo, al igual que en 1917, procederemos a dotarnos de la nueva normatividad que el futuro nos demanda. Mientras tanto, ahora, cumplamos cotidianamente los preceptos vigentes y resolvamos las contradicciones por el camino de la interpretaci¢n del Poder Judicial de la Federaci¢n.
Mexicanas y mexicanos,
Amigas y amigos:
Nuestra democracia ser incompleta mientras s¢lo sea entendida como un proceso para legitimar a los titulares de los ¢rganos del Poder.
Al presentar a todos ustedes la s¡ntesis de mis puntos de vista sobre la Constituci¢n, he buscado resumir los cambios que a mi juicio requiere para estar en las mejores condiciones de ser orientaci¢n y gu¡a en la conducci¢n democr tica del Estado.
A nuestro Gobierno, a este Gobierno y a la Legislatura actual nos ha sido conferido un mandato muy concreto: transitar por la v¡a de la gobernabilidad democr tica hacia el cambio y hacia la Reforma del Estado. Cumplamos con M’xico.
Seguramente todos y todas estaremos de acuerdo en que esa actualizaci¢n debi¢ hacerse tiempo atr s. No obstante estamos a tiempo para que as¡ como nuestros antepasados nos legaron la primera gran Constituci¢n social del siglo XX, nosotros, todo el pa¡s tengamos la grandeza de legar a las futuras generaciones la gran Constituci¢n social, humanista y democr tica del siglo XXI.
Gracias».
