En primer lugar la Comandante Esther, recordó que el sufrimiento indígena lleva ya más de 500 años, «nos quisieron desaparecer los grandes poderosos, pero no lo lograron», afirmó.
Posteriormente, señaló que las mujeres indígenas son triplemente explotadas, «porque dicen que somos tantas y no sabemos pensar, porque no tenemos las mismas oportunidades que los
hombres y porque nuestros hijos mueren en nuestros brazos debido a enfermedades curables».
La zapatista instó a todos los indígenas a no dejarse ôengañar por el mal Gobierno que
dizque resuelve la pobreza con miserias como Procampo y Progresa». Y aseveró que los pueblo indígenas tienen un sólo propósito: la libertad con justicia y dignidad, para poder decidir sus propias formas dedirigirse y de lograr su desarrollo.
En tanto, Leopoldo De Gives de la Cruz, Presidente municipal de Juchitán, sostuvo que la paz no será posible mientras 10 millones de indígenas continúen sumidos en la miseria y en tanto se siga explotando a los tabajadores con salarios insuficientes para sobrevivir.
«Que no nos enga_en con una paz de mentiras; si hay que quitarse las m scaras que empiece el presidente (Vicente) Fox», enfatizo el funcionario.
De Gives de la Cruz, afirm¢ que M’xico debe suspender el pago de la deuda externa y sus intereses, y destinar tales recursos al desarrollo de los pueblos ind¡genas y a los municipios m s carenciados de la Repoblica.
A su turno, el Subcomandante Marcos, al dar lectura a las palabras de la Comit’ Clandestino Revolucionario Ind¡gena Comandancia General del Ej’rcito Zapatista de Liberaci¢n Nacional (EZLN) cr¡tico a los «falsos dioses del Poder y del dinero» quieren quitar a los ind¡genas su lengua para luego arrebatarles todo. Marcos ley¢ uno de sus cuentos, en el mismo narr¢ las maneras como los dioses afectaban a los pueblos ind¡genas en los tiempos ancestrales
A continuaci¢n transcribimos el texto:
«Palabras del EZLN el 25 de febrero del 2001 en Juchit n, Oaxaca.
25 DE febrero DE 2001
Hermanos y hermanas ind¡genas del istmo oaxaque_o:
Hermanos y hermanas del magisterio democr tico:
Hermanos y hermanas estudiantes:
Hermanos y hermanas empleados, obreros, campesinos:
Pueblo de Juchit n:
Hace ya muchos a_os, desde entonces casi 18 vueltas habr insistido ya la tierra en su cortejo al sol (cuando el EZLN lo compon¡an un pu_ado de hombres y mujeres cuyo nomero no era mayor al de los dedos de nuestras manos), hab¡amos salido de cacer¡a empujados por el hambre. No iba yo solo. El viejo Antonio portaba su vieja chimba y caminaba atento, mirando hacia el suelo, escudri_ando los rastros en la tierra y los sonidos de la selva.
Segon me explicaba, trat bamos de escuchar el ronroneo del fais n en celo, el latido de dientes del censo, el ronco bramido del saraguato o la estruendosa algarab¡a del mono ara_a.
Si he de ser sincero (y debo serlo porque les hablo a ustedes que son mis hermanos), el que iba de cacer¡a era el viejo Antonio. Yo apenas lo acompa_aba con mis primeros y torpes pasos en las monta_as del sureste mexicano, as¡ que para mi limitada experiencia, todos los ruidos eran iguales y no significaban nada. El onico sonido que identificaba plenamente era el gru_ido de mi panza y entend¡a muy bien su significado: hambre.
«El buen cazador no es el buen tirador, sino el que es buen escuchador» me dice el viejo Antonio. «porque o¡r, todos oyen. Pero escuchar quiere decir descubrir lo que cada sonido significa».
Debo decir que esa vez el d¡a estaba ya casi vencido por la tarde, y el limitado horizonte de las lomas cercanas empezaba ya a ser cercenado por los duros mordiscos de la noche.
As¡ que est bamos ya sentados al pie de una ceiba, «el rbol madre», «la sostenedora del mundo», segon el viejo Antonio.
Tal vez por eso, el fuego que encendi¢ el cigarro de doblador y la palabra del viejo Antonio, alumbr¢ ayeres muy pasados. El viejo Antonio esper¢ a que encendiera yo mi pipa y, tomando del humo comon la memoria necesaria, me cont¢:
«LA HISTORIA DE LA LENGUA PRIMERA DE ESTAS TIERRAS»
«Cuentan los viejos m s viejos de nuestros pueblos, que los primeros dioses, no los m s primeros, no los que nacieron el mundo, sino otros que ya no eran tan primeros pero s¡ algo, eran un poco holgazanes.
Y es que un buen tanto del mundo ya hab¡a nacido con los dioses m s primeros, y lo dem s lo estaban ya haciendo los hombres y mujeres de ma¡z, los verdaderos.
As¡ que estos dioses eran holgazanes porque no ten¡an trabajo y puro jugar y bailar quer¡an, o sea que s¢lo estaban vacilando y se la pasaban levantando las nag_as de las mujeres con sus vientos y enredando los pies de la gente para que cayeran.
Y entonces se pusieron bravos y bravas los hombres y mujeres de ma¡z, los verdaderos, y entonces hicieron una su asamblea para ver este problema.
Y los llamaron a la asamblea a esos dioses que ya no eran tan primeros pero algo s¡, y como los hombres y mujeres de ma¡z ya estaban hallados con su pensamiento de que el que manda, manda obedeciendo, pues los llamaron a estos dioses.
Porque por muy dioses que fueran, ten¡an que respetar los acuerdos del colectivo, que es como llamaban entonces al acuerdo de todos en el bien de todos.
Entonces ah¡ est que llegan los dioses ‘stos que ya no eran tan primeros pero un poco s¡, y se empezaron a hacer los chistositos y que los rega_a la asamblea y entonces ya que se quedan quietos y serios estos dioses vaciladores.
Y entonces hablaron las mujeres de ma¡z y estaban muy bravas porque los dioses les levantaban las nag_as con sus vientos.
Y entonces hablaron los hombres de ma¡z y estaban muy bravos porque los dioses en el suelo se mov¡an como culebras y enredaban los pies para que cayeran los hombres y mujeres de ma¡z, los verdaderos.
Y entonces lo encontraron su delito de estos dioses en la asamblea y se lleg¢ al acuerdo de que tienen que limpiar de piedras el potrero del colectivo.
Y ah¡ van estos dioses a limpiar de piedras el potrero y «+c¢mo?», Dec¡an, «si somos dioses, aunque no muy primeros», y que se enojan en serio y agarran una gran piedra y van y rompen la casa donde los hombres y mujeres de ma¡z, los verdaderos, guardaban la palabra primera, la que ve hacia atr s y hacia delante si se le sabe escuchar.
Despu’s de esta gran desgracia, los dioses estos no tan primeros, se corrieron muy lejos porque sab¡an que era mucho el mal que hab¡an hecho.
Entonces los hombres y mujeres de ma¡z hicieron su asamblea para ver c¢mo hac¡an con este gran mal que les pasaba, porque ellos sab¡an que en colectivo s¡ se pueden resolver los grandes males.
Y es que sin la palabra primera, los hombres y mujeres de ma¡z pod¡an quedar sordos a su historia y ciegos frente a su ma_ana.
Porque la palabra m s primera era eso, ra¡z del pasado y ventana al camino venidero.
Como quiera la asamblea de los hombres y mujeres de ma¡z, los verdaderos, no tuvo miedo y empezaron a buscar pensamientos y los hac¡an palabras y con ellas nac¡an otros pensamientos y otras palabras. Por eso dicen que «las palabras producen palabras» (diidxa¡ ribee diidxxa¡, en zapoteco).
Y as¡ fue como llegaron al acuerdo de poner su memoria bien cuidada, y lengua hicieron su palabra. Pero pensaron que qu’ tal que olvidan su lengua o alguien les roba esa memoria, y entonces acordaron tambi’n grabarla en piedra y guardarla bien donde su pensamiento les dijera. Y unos guardaron en la monta_a la piedra con la memoria grabada, y otros a la mar la dieron a cuidar.
Y ya contentos quedaron los hombres y mujeres de ma¡z.
Pero pas¢ que aquellos dioses no tan primeros por ah¡ se perdieron y, a cambio de encontrar su camino, le contaron su travesura al falso dios del excremento endurecido, que as¡ llamaban entonces al dinero.
Y entonces este falso dios lleg¢ a hacer maldad a la tierra de los hombres y mujeres de ma¡z, los verdaderos, y se dio en el empe_o de que los hombres y mujeres de ma¡z olvidaran la palabra m s primera y quedaran as¡ sordos a su historia, que as¡ llamaban entonces al olvido, y ciegos frente a su ma_ana, que es como entonces llamaban a andar perdido.
Sab¡a el falso dios que si los hombres y mujeres de ma¡z olvidaban su historia y perd¡an su camino, su lengua morir¡a poco a poco y con ella la dignidad que ten¡an.
Muchas fuerzas y trampas us¢, y usa todav¡a, el falso dios del excremento endurecido, el dinero. Todo hizo para destruir la lengua de nuestros m s primeros.
Pero siempre fracas¢. Y es que los hombres y mujeres de ma¡z, los m s primeros, cada tanto iban a la monta_a y a la mar iban para leer lo que dec¡a la piedra con la memoria grabada.
Y as¡ se resistieron a los ataques del falso dios del dinero y por eso los ind¡genas que somos, tenemos monta_a o mar cerca nuestro.
Para que no nos falle la memoria, para no perdernos, para tener ma_ana.»
Termin¢ el viejo Antonio su historia cuando aventaba el s’ptimo cigarro hecho de doblador al suelo. Yo pregunt’ «+y que pas¢ con aquellos dioses segundones?»
El viejo Antonio me rega_a:
«Acaso eran segundones. Dioses segundones son los de ahora: el dinero y el poder. Aquellos dioses eran no tan primeros pero siempre algo s¡.
Bueno, pues resulta que ya no se supo de ellos, y entonces los ind¡genas siempre pensaron que pod¡an volver a hacer sus travesuras.
Y entonces las mujeres alargaron sus nag_as y las cerraron m s en lo bajo, para que el viento no las jugara.
Y hombres y mujeres caminaron entonces despacio, atentos al camino que pisan, por eso los ind¡genas caminamos mirando hacia abajo.
Dicen los que no saben que es porque fuimos vencidos o porque nos apena ser lo que somos.
No es cierto, nunca nos vencieron, la prueba est en que aqu¡ estamos.
Ni nos apena ser lo que somos.
Si caminamos mirando hacia abajo es que vamos mirando bien nuestro camino para no tropezar, para no olvidar, y para no andar perdidos.»
Hermanos y hermanas ind¡genas del istmo oaxaque_o:
Pueblo de Juchit n:
La lucha por el reconocimiento de los derechos y la cultura ind¡genas es tambi’n la lucha por el respeto a nuestra lengua, por su cuidado, por su engrandecimiento.
Una y otra vez el falso dios del dinero nos ha querido quitar la lengua, porque sabe que sin ella ya no seremos nosotros y podr n entonces quitarnos todo.
Cuando decimos que estamos exigiendo el reconocimiento de los derechos y la cultura ind¡genas, estamos diciendo, entre otras cosas, que exigimos el reconocimiento de nuestra lengua.
En ella hay palabras que hablan de la historia que somos, s¡, pero tambi’n hablan del ma_ana.
Y hay que saber escuchar estas palabras, hay que saber empu_ar esas palabras para que nazcan otras que hablan de un tiempo que viene todav¡a.
Tal vez por eso el poderoso no quiere el reconocimiento constitucional de nuestros derechos ind¡genas, porque tendr¡a as¡ que reconocer y respetar nuestra lengua.
Y entonces ah¡ est lo que temen porque, si aprendemos a escuchar, en nuestra lengua encontraremos que para nosotros los ind¡genas el ma_ana significa ser como somos y con todos.
¥Que viva la lengua ind¡gena y que vivan siempre quienes la caminan y hablan!
¥Democracia!
¥Libertad!
¥Justicia!
Desde Juchit n, Oaxaca.
Comit’ Clandestino Revolucionario Ind¡gena-Comandancia General del Ej’rcito Zapatista de Liberaci¢n Nacional.
M’xico, febrero DEL 2001″.
