Señores Legisladores:
Deseo elevarles algunas reflexiones sobre la situación de la Patria y sobre vuestra responsabilidad sobre los poderes especiales solicitados y las causas que los determinan.
Creo que todos Uds. saben que no es el Dr. Cavallo el que viene a solicitar estos poderes extraordinarios para imponer las construcciones jurídicas que el capitalismo exige en estos momentos de inquietud nacional.
Antes, en tiempos del fraude y la violencia, esos poderes eran concedidos por caudillos venales que accedían a la entrega de sus votos para imponer los estatutos del coloniaje que requerían los mensajeros del Imperio Británico por sobre nuestros destinos y necesidades.
Después, en tiempos de los militares, eran éstos los que cumplían las determinaciones económicas financieras de sumisión y explotación que dictaba el capitalismo transnacionalizado desde su estrategia neoliberal.
Fraudes, dictaduras, todas personificadas por los liberales constituidos en «los cipayos de la historia», estaban allí para la apropiaci¢n despiadada del producto del trabajo argentino. Nuestras instituciones, aun las m s hist¢ricas y tradicionales, sirvieron, salvo excepciones honrosas, a justificar y sostener esos poderes especiales, dispuestos al despojo de nuestras riquezas.
Ahora, en tiempos de la democracia, se viene a buscar atajos meton¡micos, de ocultamiento cl sico, para eludir tal funcionamiento democr tico, agitando fantasmas apocal¡pticos para lograr esos poderes especiales, seguramente extraordinarios, que permitan otra vez la impostura de medidas de nuevos saqueos a la escasa riqueza que el trabajo argentino puede aon crear cotidianamente, con un modo de acumulaci¢n capitalista transnacionalizado que nos ahoga.
Se_ores Legisladores: La democracia tiene suficientes f¢rmulas operativas como para resultar eficaz para las soluciones que el pa¡s necesita. No es necesario rendirse a ‘ste c ntico logubre y pat’tico de apelaci¢n a tanta decisi¢n de riesgo extremo y de peligrosidad suma, para entregar los poderes especiales y poner en escena obligada a personajes iluminados y salvadores que nunca han de conducir como tales, sobre todo si la memoria nos permite recordar sus andanzas.
En los tiempos anteriores inmediatos a la oltima dictadura sangrienta, esos poderes especiales se escondieron detr s de aquel decreto «iluminado y tr gico» de un poder que se derrumbaba y ordenaba aniquilar el «accionar subversivo…», colocando poderes especiales en las Fuerzas Armadas y que termin¢ en exterminio indiscriminado; en un ba_o de sangre que no podr ser asimilado en todo lo que resta del futuro del pa¡s.
No es dif¡cil advertir que los poderes especiales, o la suma del poder poblico en manos de las dictablandas o de las dictaduras, siempre han servido para entregar nuestras riquezas e imponer el poder extra_o a nuestros designios y diezmar esfuerzos y esperanzas de los argentinos. Siempre llegaron para salvar al pa¡s, como «iluminados y elegidos», y terminaron hundi’ndonos, desde las determinaciones imperiales de los poderes financieros internacionales, en la explotaci¢n, la pobreza, la injusticia y el dolor que seguimos padeciendo en nuestra tierra.
Pero Se_ores Legisladores, es necesario reafirmar con certeza que no se trata de la preclaridad de determinados «salvadores de la patria», ni de la definici¢n de modelos program ticos iluminados, ni de la aplicaci¢n de ciertas teor¡as e hip¢tesis en uso por los «intelectuales del sistema». El centro de la cuesti¢n reside en el sistema capitalista transnacionalizado, es decir, en un modo de producci¢n que tiene como meta y objeto la reproducci¢n ilimitada y la acumulaci¢n concentrada del capital, que al menos para nuestros pa¡ses dominados, se logra a partir de la explotaci¢n y dominaci¢n del esfuerzo inmenso de nuestros trabajadores.
Los poderes especiales apuntan a evitar el desarrollo del poder antag¢nico de los trabajadores para defender ese enorme capital social que es su propia fuerza de trabajo y enfrentar la instrumentalizaci¢n que el monetarismo, el fiscalismo y la flexibilizaci¢n laboral ponen en juego para atacar la masa salarial y producir el incremento de la desocupaci¢n, que es funcional a sus modos de acumulaci¢n, y la desaforada f¢rmula de empobrecimiento de nuestras mayor¡as populares.
Todos esos «iluminados», los de los tiempos de la Repoblica ficticia del fraude y la violencia; los de los Mart¡nez de Hoz y la tablita financiera; los de la convertibilidad de Menem-Cavallo, todos esos tiempos del neoliberalismo y de la libertad irrestricta de los mercados como factor ordenante, fueron parte de los mecanismos de esos poderes especiales y el pa¡s acumul¢ sus desgracias, su decadencia y la p’rdida de toda utop¡a liberadora.
Ellos son ahora los que degradan la potencialidad democr tica, para abrir el camino de cualquier otro intento «salvador», como el fujimorazo, con cierre del Parlamento y con la cautividad del poder Presidencial, si este rumbo debe ser abandonado.
Pero es m s aun… Se_ores Legisladores: los poderes especiales los exigen el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la Organizaci¢n Mundial del Comercio, como expresiones funcionales del Imperio Financiero, que obliga a pagar la Deuda Externa y mantener el clima de dominio y colonizaci¢n de nuestras riquezas.
Ahora lo hacen por este camino de solicitud calma y constitucional y despu’s, si esto no funciona, ya vendr n con otras ¢rdenes en bosqueda de otros objetivos, de otras instituciones jur¡dicas, pol¡ticas, sociales o econ¢micas para imponer y no ceder en sus metas de aplicaci¢n regional.
Los representantes de Argentina en este cuadro del BM-FMI-OMC est n alistados al lado de los tiunfadores, como siempre, aunque a veces confundan a Ministros imposibles con los nuevos conductores, pero prontamente, esos quinientos o m s dirigentes, empresarios y capitalistas lugare_os ir n a otro recinto, detr s de otros hombres se_alados como los oltimos cabezas del reba_o local, es decir, siempre en apoyo de los depredadores del pa¡s, que los dejan sobrevivir tal vez como socios, o mejor como c¢mplices.
Tambi’n ellos son responsables de esos pedidos impostergables de poderes especiales, meton¡micamente fetichizados en Fundaciones propias y especiales, a veces llamadas Fiel, otras Mediterr nea, o a lo mejor las del Nuevo Milenio… En realidad su fetichismo de siglos o nombres anodinos esconden el discurso del Imperio, para que en algunos de sus casos no se advierta la conexi¢n posible con evasiones o elusiones tributarias, con lavados de dineros o de turbulentas operaciones, que siempre, como desde los tiempos de la vieja oligarqu¡a vern cula, han contado con asesoramientos y direcciones de consultor¡a de grandes bufetes de abogados, contadores, economistas, planificadores y profesionales de sistemas, listos para ocultar sus maniobras complejas, extra_as y hasta fraudulentas, no precisamente a favor del Pueblo Argentino.
Se_ores Legisladores: entre los que solicitan esos poderes especiales, en menoscabo de la potencialidad de la democracia y de extraordinaria significaci¢n hist¢rica para la entrega de nuestro patrimonio y riquezas logradas por el esfuerzo de todos, no est n los miembros del pueblo argentino enraizados en nuestras convicciones nacionales y populares; no est n los explotados, los excluidos, los pobres de pobreza infinita. Ellos son los que padecen el despojo de su trabajo y sus esfuerzos; no est n los peque_os y medianos empresarios argentinos; ni los intelectuales y los profesionales, que como algunos de nuestros productores agropecuarios e industriales, tienen en la m’dula de su ser individual y social el hondo sentido nacional que hizo posible la Patria. Ellos se expresan a cada rato por la reconquista de ese esp¡ritu nacional y se encolumnan con nosotros, sus humildes servidores en defensa del pa¡s y de ese, su pueblo.
Apelo a vuestra vocaci¢n representativa para clamar por vuestra decisi¢n patri¢tica destinada a no entregar ese oltimo baluarte de la democracia que es el funcionamiento integral y eficaz de nuestras instituciones.
Cualquier voto en favor de esos poderes especiales ser observado por la historia como una entrega miserable de nuestra soberan¡a pol¡tica, depositada en nuestro parlamento, y la condena de traidores a la Patria no va a ser f cil de esconder detr s de olvidos y miserias.
Tal como el Se_or le dijera a Aar¢n, quiero recordarles a cada uno de Uds. y de sus hijos: «y la casa de tu padre contigo, llevar’is el pecado del santuario: y to y tus hijos contigo llevar’is el pecado de vuestro sacerdocio» (Nomeros l8;1).
Ese sacerdocio de la verdad b¡blica que el Se_or ha dispensado y que se irradia sobre vuestra carga de legisladores debe recordar que fueron echados del templo los que vend¡an y compraban en su Casa (5. Marcos 11;15) y aquellos «que la hab’is hecho cueva de ladrones» (5, Marcos 11;17).
Tal discurso evang’lico de pureza y de lucha aon resuena para un pa¡s secular y piadoso, que siempre volver a creer.
Es en tal vibraci¢n profunda que fraternalmente me dirijo a Uds. para pedirles volver a ese sacerdocio de la Casa del Se_or y de lo verdadero, para deshacer para siempre la expresi¢n de traiciones y olvidos que nos encadenan hacia otra colonizaci¢n inaceptable.
Fraternalmente
Luis Farinello
Polo Social
