El gobierno argentino ha tomado las medidas necesarias para cumplir con los pagos de la Deuda Externa. Decidió recortar el 13 por ciento de los sueldos de los empleados públicos y de los pagos a sus jubilados. Eso «da seguridad a los mercados». Y a las grandes empresas que operan en el país. La angustia y la bronca de muchos, se transforma en la euforia de pocos. En definitiva, nadie debería sorprenderse: Cavallo, llamado «in extremis» por el gobierno de la Alianza, dijo claramente que la prioridad es el pago de la Deuda Externa, después veremos… Esa deuda que curiosamente él contribuyó a incrementar. Mientras tanto, el país real, no el de la «City», sigue padeciendo las vueltas de tuerca, el olvido, la marginación.
«Un argentino de cada diez, es indigente: no percibe lo necesario ni siquiera para nutrirse. Sea niña o niño, hombre o mujer, adulto o anciano, ese compatriota está en inminente riesgo de enfermedad, y aún de una muerte injusta y prematura. Dos de cada diez pertenecen a familias cuyos jefes carecen de trabajo. Otros dos, a familias con jefes subocupados o v¡ctimas de empleo basura. Dos de cada diez pesos ( d¢lares) que haya captado o capte el Estado de ahora hasta fin de a_o ser n destinados al pago de la deuda externa, que fue declarada ileg¡tima por la justicia, aunque nadie en Econom¡a se haya dado por enterado. Dichos pagos, a su vez, no rebajar n en un solo peso el capital adeudado, no reducir n la velocidad del nuevo endeudamiento y no har n mas que profundizar la brutal recesi¢n que nos asfixia.
Tres empresas nacionales de cada diez quebrar n o cerrar n sus puertas antes de finalizar el a_o en curso. Cuatro argentinos de cada diez, catorce millones de personas, est n bajo la l¡nea de pobreza.
Sus ingresos, no alcanzan para cubrir las necesidades m¡nimas de vestido, vivienda, educaci¢n, transporte y salud. Dos de cada diez, por lo contrario, se quedan con el 60 por ciento del ingreso total.
Uno de ellos, consume veinticinco veces o m s que su compatriota m s pobre. Cinco argentinos de cada diez con trabajo est n fuera del mercado de empleo formal: no tienen derechos laborales, carecen de cobertura m’dica, no hacen aportes previsionales ni nadie los hace por ellos; no existen para el Estado o s¢lo cobran existencia cuando se los considera «evasores». Y, sobre todo, no tienen futuro.»
Estos datos no son parte de un panfleto maximalista o subversivo. Son un fragmento de la reciente homil¡a del obispo em’rito de Viedma, Monse_or Hesayne.
El INDEC, Instituto Nacional de Estad¡sticas y Censos, acaba de publicar que el 53, 1 por ciento de la riqueza que genera Argentina, se distribuye entre un 20 por ciento de la poblaci¢n.
Una porci¢n equivalente de personas ( el 20 por ciento de la poblaci¢n m s pobre) recibe s¢lo el 4,1 por ciento. El INDEC agrega en su estudio que el 10 por ciento m s rico de la poblaci¢n de Buenos Aires y alrededores, gana el 26,4 veces m s que el 10 por ciento m s pobre. (En los a_os 70, era de 12 veces m s).
Podr¡amos seguir a_adiendo datos estad¡sticos sobre la pobreza, sobre las decenas de miles de j¢venes que en Buenos Aires no tienen acceso a la educaci¢n ni al trabajo.
Sobre ese pa¡s real que muchos de los que gobiernan y dirigen parecen ignorar.
Hoy miles de argentinos han salido a ocupar calles y rutas. A expresar su indignaci¢n, sus reclamos. En muchos casos acompa_ados por sus familias. Dentro de una semana repetir n su movilizaci¢n, esta vez, por 48 horas. Cuando algunos periodistas preguntaron al dirigente barrial , Luis D’El¡a, si era cierto que algunos piqueteros iban armados, respondi¢: «todos vamos armados, armados de infinita paciencia, armados de razones».
Mientras tanto, desde el poder se espiaba tras las ventanas el paso de los manifestantes.
Y se recib¡a con infantil alegr¡a el «aprobado» que enviaba el Fondo Monetario Internacional.
En Madrid, las acciones de Telef¢nica en Bolsa ganaban un 3,59 por ciento. Similares subidas ten¡an el Banco Santader Central Hispano y el Bilbao Vizcaya, dos entidades de cr’dito con fuerte implantaci¢n en Argentina. Tambi’n la petrolera Repsol y la el’ctrica Endesa ganaban puntos al t’rmino de las operaciones.
Lo que para muchos argentinos es tristeza y motivo de protesta, para otros, se convierte en posibilidad de recoger beneficios. Es la obscena alegr¡a del capital.
(Obscena: deshonesta, sucia, indecorosa, indecente.)
«El tipo que dijo no, se abri¢ paso, y empez¢» (Tejada G¢mez )
Redacci¢n de SERPAL
31 de julio de 2001
