Este ocho de marzo, Día Internacional de la Mujer, la mayoría de mujeres del Ecuador, golpeadas por la crisis desde hace mucho tiempo, sufren desde ya los efectos de la dolarización a través del espectacular incremento de los precios de todos los artículos y servicios.
Todas las mujeres son parte activa de la economía nacional. Esta no se circunscribe solo a las empresas (entre las cuales lamentablemente han destacado las ineficientes y corruptas), ni a los intercambios de mercado.
Las mujeres con o sin reconocimiento monetario producen bienes y servicios, y están a cargo de la sobrevivencia y cuidado de la población toda, asunto que debería ser el centro de las preocupaciones gubernamentales y sociales.
Estas responsabilidades y aportes se han dado históricamente en un marco de desventajas, pues las mujeres afrontan discriminaciones y limitaciones variadas para el acceso a recursos. Con su trabajo, generalmente no pagado o mal pagado, han intervenido en la construcción de este pa¡s, pero no han sido consultadas o escuchadas para tomar decisiones que les conciernen.
La llamada Ley de Transformaci¢n Econ¢mica concierne y afecta directamente a las mujeres, como a todos los ecuatorianos. Decisiones tan importantes deber¡an haber sido materia de consulta y amplios consensos. No pod¡an haber sido tomadas de modo apresurado, al borde de la legitimidad, con una escasa mayor¡a en el Congreso.
La dolarizac¢n, medida arbitraria sin m¡nimas bases ‘ticas y t’cnicas, deton¢ el descontento popular y las acciones para el cambio de gobierno. Hoy asistimos al absurdo de continuar con esa pol¡tica, ratificada como apurado experimento que no salva la econom¡a nacional, que acaso beneficiar¡a a algunas empresas y personas, pero sacrificando al pa¡s todo.
El ingreso promedio mensual de los trabajadores /as y empleados /as ecuatorianos es menor de cien d¢lares y la canasta b sica familiar a febrero del presente a_o cuesta 180 d¢lares. Esto significa que en cada hogar habr¡a que duplicar los esfuerzos, para aumentar en algo los recursos en el d¡a a d¡a de los hogares. Y las mujeres ser n las m s afectadas, teniendo que recurrir a diversidad de actividades informales para aportar a los ingresos familiares, lo cual prolongar sus jornadas diarias y afectar su bienestar f¡sico y espiritual.
Como siempre, entonces esos perjuicios recaer n de modo redoblado sobre las mujeres. Y ello en una situaci¢n en la que ya venimos afrontando diversos problemas, relacionados con el acceso a recursos, bajos ingresos, desempleo, altos precios, baja de la producci¢n, etc. Estos son problemas econ¢micos que deben ser atendidos con medidas econ¢micas no con supuestas «compensaciones sociales».
La alta incidencia de la pobreza, es asunto de econom¡a que debe ser resuelto en ese espacio. Se gesta y desarrolla como parte del modelo cuyo fracaso ha tenido expresiones tan flagrantes como el feriado bancario y la apropiaci¢n indebida de los recursos confiados a la banca por el poblico.
El pa¡s no requiere m s medidas que favorezcan a unos pocos, no necesita de privatizaciones que enajenen el onico patrimonio que tenemos. Necesita inaplazables medidas de justicia econ¢mica y redistribuci¢n. Requiere de medidas para reactivar el aparato productivo nacional, especialmente aquellas unidades que producen y dinamizan el mercado nacional, necesitamos pol¡ticas para fortalecer nuestras capacidades propias de atender necesidades b sicas y generar bienestar para todas y todos, para procurar equidad en los esfuerzos y en las retribuciones en los espacios laborales y en la econom¡a dom’stica, debemos impulsar un aparato productivo no vulnerable ante los avatares del mercado mundial.
Adem s, en este ocho de marzo, las mujeres exijimos que se ejecuten medidas concretas que hagan realidad nuestros derechos econ¢micos y sociales contenidos en la Constituci¢n, entre ellos, especialmente el apoyo en el acceso a cr’dito y recursos a las mujeres jefas de hogar, la garant¡a de id’ntica remuneraci¢n por trabajo de igual valor al realizado por los hombres, la protecci¢n especial a las madres gestantes, a la mujer del sector artesanal, a la del sector informal y la que se encuentra en estado de viudez, as¡ como el reconocimiento como labores productivas al trabajo dom’stico no remunerado. (Ec/YZ/Mj/Ge/ap)
LAS MUJERES: PRIMERAS VICTIMAS DE LA DOLARIZACIÓN EN ECUADOR
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