Así decidieron colocar una placa recordatoria en la plaza Lorea, donde en 1909 la policía federal atacó a los manifestantes de la FORA, provocando un saldo de 5 heridos y 8 muertos, entre ellos una mujer y dos niños. Entre los considerandos los diputados recuerdan que los trabajadores marchaban por el día internacional de los trabajadores y «la represión fue llevada a cabo en forma alevosa por el tristemente célebre Crio. Ramón L. Falcón».(SIC)
La iniciativa es pavota, ingenua y cínica. Obviamente es muy bueno recordar a los mártires del campo popular. Pero como dijimos el 24 de marzo de 1999 ante la colocación de la piedra fundamental del monumento a los Desaparecidos, «No rechazamos la inauguración de un monumento por principismo ni sólo por saber quién asumirá su paternidad política. La sangre de los caídos nos convoca al honesto esfuerzo de saber qué hubieran pretendido ellos de nosotros en el actual estado de cosas. Y, la historia de la entrega tan decidida y desinteresada no puede concitar a otra cosa que no sea una «reaparici¢n» de los ca¡dos en los que hoy resisten. No hay mejor homenaje que el que significa no abandonar la lucha, que ser pertinazmente claro en la denuncia del privilegio, de la mentira y de la hipocres¡a de los que pretenden erigirse en continuadores de esa lucha desde su lugar en los marcos del sistema, apostando a su legitimaci¢n y perpetuaci¢n. Por lo tanto, denunciamos cualquier intento de adulterar la historia, de licuar las verdaderas razones de la lucha, de ocultar las condiciones actuales que constri_en a la continuidad de la resistencia con perspectiva a superar el sistema capitalista, cualquiera sea el «modelo» de turno, que necesariamente incluye la injusticia y la impunidad en sustento del privilegio. Un monumento a los desaparecidos -como un sitio cristalizado en el pasado, como si fuera parte de una lucha est’ril que ahora s¢lo debe situarse en la resignaci¢n y en el cretinismo parlamentario, en el sostenimiento del fetiche democr tico que, en su actual expresi¢n constituye una verdadera dictadura civil de los poderosos y sus c¢mplices contra las mayor¡as exclu¡das, perseguidas, oprimidas y explotadas- representa una nueva desaparici¢n que no podemos, no queremos y no debemos nunca posibilitar.»
Quiz s en el a_o 2090 los diputados socialistas de esa futura ‘poca se acordar n de Escobar y Ojeda y colocar n placas en la Plaza de la Dignidad en Corrientes.
Los afanosos y preocupados diputados de la Alianza, ya que tienen tan poca estima por Ram¢n Falc¢n, bien podr¡an sacarle ese nombre a la calle que en el oeste de la ciudad lleva el nombre del represor. O mejor aon, podr¡an darle su punto de vista a la Polic¡a Federal para que la escuela de futuros represores no se llame m s Ram¢n Falc¢n. Y si quieren ir m s lejos, tambi’n a la otra escuela policial bautizada Villar, en homenaje al miembro de la Triple A, le podr¡an poner otro nombre. Claro que viniendo de la polic¡a, no tienen mejores exponentes.
Adem s del dejo ir¢nico, es interesante el planteo de estos diputados que con ese recordatorio a las matanzas del pasado limpian sus conciencias y adem s juegan de progres. Es que es claro, esas cosas terribles ocurr¡an en momentos de gobiernos autoritarios. Ahora jam s. Estamos en democracia…
CORREPI
