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Como eso es un imposible, «Leslies» se resume en una enorme canciones y diez muestras más (algunas, no nos engañemos, fabulosas: «Ignorance», «At last» o «To give it all») de orgullo melódico, de filiación sueca y fascinación británica (The Smiths a la cabeza), de sentimiento al servicio de los cuatro acordes, el pegamento melódico y la facilidad para fabricar canciones que suenan irresistibles. No destacan por nada, pero de tan gratos y efectivos resultan apetitosos y disfrutables. Y esa canción… cuántos matarían por ella.
