Alejado, por decisión propia, de los sofisticados, banales y un tanto superficiales ambientes en los que se mueven la aristocracia y jet-set europeas, Lorenzo de´Médici prefiere el mundo empresarial donde hacer negocios; los círculos artísticos para no perder su innata sensibilidad; y una ciudad cosmopolita donde ser respetado pero no se le acose para residir; porque un Médici siempre debe permanecer activo para potenciar su legado, su historia y su apellido.
Cansado de desconocer la historia de su familia a través de escritos de otros, ha invertido varios años en escribir un libro que se publicó en 2002, «Los Médicis. Nuestra historia«, dónde no solo cuenta las glorias y el poder de sus antepasados en la Italia renacentista; sino también las intrigas y corrupciones que llevaron a los Médici incluso al exilio. En un alarde de sinceridad y con gran fidelidad histórica, él es historiador, no interrumpe los acontecimientos en las épocas de oro de la familia, sino que no tiene ningún inconveniente en llegar hasta nuestros días; hasta confesar incluso las inquietudes del último heredero de lo que fue casi un imperio económico, político, de poder e influencia y sobretodo, artístico. Y todo porque «el apellido y la familia está por encima del individuo«.
Hablamos con Lorenzo de´Médici en un momento de su vida en la que, tal y como asegura, ha alcanzado la serenidad. Divorciado en dos ocasiones y sin herederos, el Príncipe de Médici dedica su tiempo a escribir, pronto publicará un segundo libro; a fomentar sus empresas y a dar valor a su apellido en su justa medida. Durante la entrevista nos percatamos de que no solo es un hombre con los pies en la tierra, sino de que su conocimiento sobre el mundo empresarial y el entorno donde habita es, sencillamente, apabullante.
¿ Por qué eligió Barcelona como lugar de residencia?
Yo viví durante 18 años como residente en Montecarlo. Tras este período me dediqué a buscar un lugar que formara parte de Europa; que tuviera un buen clima y que estuviera lleno de vida. Llegué primero a Madrid, y mas tarde conocí Barcelona; una ciudad que me encantó por varias razones. Primero por su clima, por el mar, por su parecido a la Toscana italiana. La gente también me cautivó. Su discreción sobre todo. Aunque saben quién eres no suelen molestarte y se comportan con toda naturalidad. Esto yo lo aprecio muchísimo. Además de las preferencias personales hay que contar con los ciclos de la vida. El los ´50 , por ejemplo, estaba muy de moda París. En los ´60 fue Londres y el los ´80 New York. Yo creo que ahora es la época de Barcelona. En estos momentos la considero la ciudad mas activa e inteligente del mundo. Esto no lo capto yo en exclusiva, solo hay que ver el éxito turístico que tiene esta ciudad.
¿ Ser el último Príncipe de Médici supone un peso para Ud. o lo asume como una responsabilidad llevadera?
En un principio lo que siempre piensas es que nunca pasarás desapercibido; en el sentido de que, por ejemplo, haces unas compras con una tarjeta de crédito y enseguida saben quién eres. Con el pasaporte ocurre lo mismo. Cuando realizo un viaje a New York y debo enseñarlo me sorprende que incluso gente que no demuestra tener una vasta cultura reconozca mi apellido. Esto siempre me sorprende y me ocurre en todos los países del mundo. Respecto a lo que me dice de que si supone un peso para mí, debo responderle que no. Tenga en cuenta que cuento con medio siglo, y en este tiempo te acostumbras. No es una situación nueva. Cuando vives en un ambiente bien definido y te han educado para, digamos, este papel, que no es otro que el de representar a la familia y el de mantener alto el apellido, no es difícil. En nuestra familia lo menos importante es el individuo. No somos nosotros los protagonistas. Lo fundamental es mantener el posicionamiento de la familia a lo largo de los siglos.
Cuando se habla del apellido Médici suele hacerse refiriéndose siempre al pasado, e incluso hay personas que creen que se ha extinguido. ¿Por qué ocurre esto?
En realidad lo que ha ocurrido es que los historiadores siempre han dado mas importancia, de una manera justa, – no lo critico -, a las dos ramas principales de la familia, que son la de Lorenzo de Medici y la rama Gran Ducal, que se extinguió en 1743 con Ana María Ludovica de Medici. Es por esto que hay gente que piensa que ya no existen miembros de la familia. En el momento de la desaparición de esta rama Gran Ducal existían seis ramas colaterales muy unidas entre ellas por matrimonios consanguíneos. Por ejemplo mis antepasados son descendientes directos de Lorenzo «El Magnífico» porque su hija se casó con un primo, por lo que continúa la línea. La familia, así, ha continuado. Lo que ha cambiado es que, una vez perdido el Gran Ducado, hemos perdido también el protagonismo que teníamos entonces; pero la familia no ha desaparecido, sino que ha trabajado siempre para mantener el apellido y su posición; aunque políticamente se ha visto relegada a ocupar un papel inferior al que ocupó en su día.
Su apellido va ligado estrechamente al mecenazgo de artistas. ¿Conoce la nueva ley de mecenazgo española?. ¿Qué opina sobre ella?
Primero hay que poner cada término en su sitio. Yo creo que es un error hablar de mecenazgo, porque la palabra exacta en este caso es «patronaje». La palabra mecenazgo significa ayudar a artistas desconocidos a desarrollar su arte para el beneficio de todos. Actualmente esto no ocurre. Existe el patronaje, el cual yo respecto muchísimo porque es necesario y que permite revalorizar nuestras obras, pero esta acción no es mecenazgo. No cabe duda de que en el siglo en el que vivimos el mecenazgo o el patronaje tiene un componente fiscal sumamente importante.
Yo no conozco perfectamente la nueva ley que fue promulgada en diciembre del año pasado, pero he notado que excluye todas las obras de arte contemporáneo. Es decir, que por sí misma va a excluir el mecenazgo, porque si no se puede ayudar al artista contemporáneo, fiscalmente hablando, se pierde el interés que fiscalmente podría tener esta acción. No encuentro justo esto. Tenga en cuenta que necesitamos el arte; que es soberano en todos los sentidos porque excluye la política, la discriminación de todo tipo, etc. Es una manera de fraternizar entre las naciones y los pueblos. ¿Por qué ayudar solamente a las obras que tienen mas de cien años?.
Por otro lado existen grandes empresas y bancos que han creado Fundaciones, las cuales realizan un trabajo extraordinariamente inteligente, pero les falta el componente de mecenazgo. Yo recibo cartas de muchos artistas. Me envían pinturas, libros etc. Siempre me he preguntado como les puedo ayudar. Me gustaría encontrar una manera de hacerlo.
En cualquier caso hay que regularizar el estado del arte. Pienso que si existiera un catálogo de artistas europeos con una cotación podríamos actuar con mas seguridad y beneficiarnos todos.
¿Tienen las empresas cierto temor a actuar como mecenas de artistas?
En este caso es como el pez que se muerde la cola. Estas empresas para garantizarse un retorno tienen que realizar una inversión segura. Por tanto los apoyados siempre son artistas de reconocido prestigio. Si sobre, por ejemplo, un millón de artistas que hay en el mundo sólo se apoya a diez el valor de éstos últimos sube automáticamente, porque hay falta de novedad. Las empresas tienen a su servicio expertos en arte encargados de sugerirles que es lo que deben comprar o no, pero ¿cual es la valoración que pueden dar estos expertos?. Al no existir cotación las empresas no arriesgan. Jamás así se podrá ejercer el mecenazgo.
¿Cómo debe valorar una empresa el retorno de la inversión en patronaje o mecenazgo?
La inversión hay que valorarla en un retorno no solo de dinero sino de imagen. Lo que hace que una empresa tenga un cierto valor de mercado es la imagen que tiene, y ésta se obtiene a través de una Fundación o patronaje de arte, en este caso. Ahora bien. Asegurar que se compra un cuadro por un millón de dólares y que al día siguiente su valor va a ser de dos millones de dólares, es una lotería que nadie puede asegurar actualmente. Hoy por hoy vivimos de imagen de marca.
Si una empresa le pidiera asesoramiento sobre este tipo de inversión, ¿qué le aconsejaría?
Primero la empresa debe tener claro cual es su objetivo final. Debe saber si lo que desea es revalorizar su imagen o crear un segundo fondo de seguridad que mas tarde se puede vender. Son dos cosas muy diferentes. En el segundo caso no me necesitarían, porque se dedicarían solamente a adquirir obras de un cierto valor en el mercado. En el primer caso es mucho mas difícil, pero hay muchísimas soluciones mediante las cuales el nombre de una empresa puede ser relacionado a un patronaje importante artísticamente hablando. Por ejemplo en Barcelona tenemos una oportunidad única en el mundo aunque muy pocas personas lo entienden; que es el Forum de las Culturas 2004. Yo considero que este evento es una necesidad. A mí algunas personas me han preguntado que para qué va a servir el Forum. Yo creo que va a servir para ayudar a hacer circular la cultura. A que ésta no sea algo local limitado a la ciudad, a la región o al país. Todas las personas que se dedican a cualquier aspecto del arte van a tener en Barcelona un punto único de encuentro. Una oportunidad que no se puede perder.
¿Existe en las empresas excesivo miedo a equivocarse?, ¿a que el retorno sea negativo?
Es una cuestión difícil de contestar. Yo diría que nunca se produce una pérdida cuando alguien hace las cosas convencido. Es decir. Si yo decido promover un artista y me equivoco en el sentido de que este artista no sale siempre me queda la satisfacción personal, y en ese sentido ya he ganado. Recordemos que no es fácil promocionar a una persona desconocida y a su obra. Por otra parte hay que saber elegir. Tener buen ojo para saber cual es el mejor de los miles de artistas desconocidos.
Según su opinión, ¿Cual ha sido el objetivo del Gobierno español al aprobar esta nueva ley?
Yo creo que esta ley ha sido aprobada para cumplir simplemente un objetivo político y esencialmente fiscal. Muy seguramente es así, porque sino es imposible entenderlo.
Muchos se preguntarán a qué se dedica un Príncipe de Médici en el s.XXI, y sin embargo sabemos que es Ud. un avispado hombre de negocios.
Le voy a contar una pequeña historia. Yo soy propietario de una marca internacional; que no es otra que mi nombre y mi apellido. Esto no ha sido idea mía, sino que surgió por casualidad como muchas cosas en la vida. Un día me llamó una amiga mía afincada en New York comentándome que no sabía que yo hacía bisutería. Me sorprendió y le contesté la verdad; que yo nunca había hecho bisutería. Ella me informó que había visto páginas enteras en las revistas de publicidad de una marca de bisutería que utilizaba mi nombre, Lorenzo de Medici. Enseguida contacté con esa empresa y tuve que denunciar los hechos. Evidentemente he ganado el proceso. Yo no deseaba que mi nombre se utilizara con fines puramente lucrativos. Me di cuenta entonces que existían muchas empresas que utilizaban mi nombre y apellido para hacer negocios. Uno de los casos mas sonados fue cuando la empresa Montblanc sacó una colección de plumas con nombres famosos y una de ellas se llamaba Lorenzo de Medici infringiendo una marca depositada; ya que yo, siguiendo el consejo de mis abogados, había protegido legalmente ni nombre.
Poco a poco he empezado a ocuparme de licensing, que mueve centenares de millones en el mundo, pero que en España es muy poco conocido. En esto hay una diferencia abismal con el resto de Europa. Hay grandes países que viven de marca como Italia, Francia, Alemania o Inglaterra. En España, y no lo digo en tono despectivo, la mayoría de las empresas están convencidas de poder vender su producto con su propio nombre, pero no hay que olvidar que si una empresa lanza un producto utilizando un nombre que ya es conocido en el mundo entero, que representa en la mentalidad de la gente una cierta imagen, – de alto nivel -, se ahorra un importantísimo paso en publicidad, en crear imagen; una labor que puede durar años. A veces no lo consiguen nunca.
Lo que yo hago es conceder licencias a los productos que yo considero que pueden corresponder a la imagen que yo tengo y que se pueden vender con mi marca.
Gema Castellano