Este domingo 2 de Mayo Sharon esperaba el apoyo de su partido (Likud) para aplicar su plan de desconexión unilateral de territorios en Cisjordania y toda Gaza. Había convocado a los 193,190 militantes del Likud a un referendo. Sin embargo, el 60% de sus camaradas no acudió a votar y encima el 60% de quienes fueron a sufragar rechazaron su plan.
El plan Sharon implica un cambio de la vieja postura tradicional pro-anexión total de su partido, pero también un rechazo a la ‘hoja de ruta’ o a los acuerdos israelí-palestinos de Oslo que postulan una solución bi-estatal en torno a la devolución a Palestina de casi todos los territorios ocupados en la guerra de 1967.
El área que hoy detenta u ocupa el estado de Israel es esencialmente la misma que la del antiguo mandato británico de Palestina. Allí viven hoy unos 5 millones de árabes no judíos y un poco más de hebreos. En menos de una década la población palestina igualará o sobrepasará a la israelí.
La estrategia histórica del Likud ha sido la de promover las colonias sionistas en los territorios árabes conquistados en la guerra de 1967 hasta eventualmente terminar integrando toda Gaza y Cisjordania a un Gran Israel. Más aún, las raíces del Likud parten de la corriente ‘revionista’ del sionismo impulsada por Jabotinski en los 1930s, la cual sentía simpatías por Mussolini y proponía un estado judío que incluyera tanto a Palestina como a la actual Jordania.
El problema que ve Sharon para querer anexar toda Gaza y Cisjordania consiste en que deberían verse obligados a otorgar la ciudadanía a los palestinos quienes podrían acabar copando el poder y desmantelando por dentro el carácter judío del estado.
Para evitar que eso pase uno de los partidos del actual gabinete, Unidad Nacional, pide una transferencia de esta población hacia otros países árabes. De darse ésta sería la mayor limpieza étnica en más de medio siglo en todo el mundo. Los halcones realistas se dan cuenta que esa alternativa sería rechazada incluso por los EEUU y que acabaría haciendo de Israel un super-gheto aislado internacionalmente y altamente vulnerable.
Por eso es que Sharon siente la necesidad de retirarse unilateralmente de zonas palestinas densamente pobladas pero para anexarse áreas fértiles donde hay asentamientos hebreos. A cambio de desmantelar colonias donde moran menos de 10,000 sionistas, Sharon quisiera retener toda Jerusalén este y varios asentamientos donde habitan unos 400,000 israelíes. Esto permitiría que Gaza y partes de Cisjordania estuviesen oficialmente fuera de Israel y por ende sin que su población reivindique allí derechos y amenace con cambiar su identidad étnica.
Para separar Israel de las empobrecidas y marginadas zonas de las cuales quedaría desconectado, Sharon piensa culminar la construcción de un muro de 3 a 5 metros de alto que recorra cientos de kilómetros dividiendo étnicamente a la ‘Tierra Santa’.
Este plan es rechazado unánimemente por todos los estados árabes. Si bien la Organización para la Liberación Palestina estuvo dispuesta a reconocer la existencia del Estado de Israel en el 77% del territorio palestino histórico, todos los partidos palestinos han vetado aceptar más anexiones.
Sharon se encuentra arrinconado. Para seguir adelante con su plan debería cambiar radicalmente su gobierno. La actual coalición en el poder está compuesta por el Likud, dos partidos ultra-derechistas pro-anexión (los nacionalistas religiosos y Unidad Nacional) y el del Centro. Tras el referendo Sharon solo cuenta con el apoyo oficial de este último partido.
El podría romper con sus aliados de derecha para hacer un gobierno de unidad nacional con el centro y el laborismo. Realizar tal giro también conlleva a una posible ruptura de su partido y ha acabar coaligado a los laboristas que están dispuestos a retirarse de todos los territorios ocupados incluyendo el este de Jerusalén (algo inaceptable para Sharon).
La estrategia laborista pasa por reamistarse con la Autoridad Palestina y pactar con ésta una partición en la cual los palestinos fundamentalistas quedarían aislados.
El problema está en que Sharon, para congraciarse con sus camaradas duros, ejecutó extrajudicialmente a los dos líderes más importantes del Hamas y Gaza, anunció poder asesinar a Arafat y ha potenciado a los palestinos radicales debilitando la influencia de los conciliadores.
Lo que salva a Sharon es el apoyo de Bush. Sin embargo, el desorden que él mismo ha creado podría acabar tragándole.
Sharon no puede anexar todos los territorios que quiso inicialmente y difícilmente sea capaz de producir una paz con su plan de desconexión. Podrá romper al campo halcón pero no se convertirá en un palomo. Al final puede que nunca llegue a cumplir su promesa de dar paz o seguridad.
Isaac Bigio
Analista Internacional
