Las fuerzas conservadoras oficialistas que habían propinado una devastadora paliza electoral a los socialistas hace 20 meses y que se habían unificado partidariamente en la Unión por un Movimiento Popular , sacaron menos del 37%, mientras la ultra-derecha chauvinista de Le Pen bajó de casi un quinto a un cuarto de los votos.
El rápido cambio de opinión muestra ciertas señales de volatilidad política. Este triunfo rojo continúa al que se dio el domingo antepasado en la vecina España.
La oposición izquierdista capitalizó el descontento ante los nuevas reajustes que Chirac viene implementando sobre los beneficios sociales. Esto le obligará a poner marcha lenta a algunas de sus reformas de mercado.
La decisión adoptada hoy por Raffarin contrasta con las declaraciones hechas anoche por parte de Dominique Bussereau, una de las personas más cercanas al primer ministro francés, asegurando que «muy pronto» habrá un nuevo equipo político en torno a Raffarin, a quien ve «decidido a seguir trabajando».
La segunda vuelta de las regionales francesas, celebrada el pasado domingo, puso de manifiesto el fracaso el partido formado en 2002 para unificar a diversas fuerzas de derecha.
Las candidaturas de derecha reunieron 9.520.402 votos, el 36,84%. Para acercarse a la mitad del voto francés les falta lo que tiene la extrema derecha de Jean-Marie Le Pen: 3.199.391 sufragios, el 12,38%. A medio plazo, la operación de comerse al electorado ultra o de «aliarse» con él no es un mero ejercicio teórico, al menos mientras la izquierda mantenga la solidez del domingo pasado, cuando sus listas conjuntas sumaron 12.897.710 sufragios, el 49,92%, según los resultados definitivos del Ministerio del Interior.
Isaac Bigio
Analista Internacional
