Pikovaya dama es una ópera profundamente rusa inspirada en el cuento de Pushkin sobre la autodestrucción de un atormentado jugador que busca desenfrenadamente la riqueza para seducir a la joven de la que está enamorado. Esta obsesión por enriquecerse desencadena su tragedia y la malograda suerte de su amada y de la tenebrosa Dama de Picas. En esta bella y perturbadora producción, procedente de la Ópera de Los Ángeles y de la que es responsable Gottfried Pilz, está muy bien resuelto el contraste entre la exhuberancia de las escenas palaciegas y costumbristas y la tensión dramática de los cuadros intimistas en los que se precipita la tragedia.
SINOPSIS
ACTO I
EI primer cuadro transcurre en un parque de San Petersburgo, donde después de una amable escena con coros de niños y sus niñeras, unos oficiales del ejército nos hablan del protagonista, su compañero Herman, persona de poca fortuna y de carácter sombrío y silencioso, que pasa las noches en los casinos de juego sin tocar las cartas. Llega éste con su amigo, el conde Tomsky, y le confiesa que está apasionadamente enamorado de una bella desconocida, rica y noble, que no podrá nunca ser suya porque pertenece a una clase social superior. Después de unos momentos de distensión con los coros de paseantes, el príncipe Yeletsky, personaje poderoso en la corte, recibe felicitaciones por su reciente noviazgo; cuando entra su prometida Lisa con su abuela, la vieja Condesa, Herman se da cuenta de que se trata de la joven desconocida de la que se ha enamorado. Se crea un clima de tensión y miedo que los cinco principales protagonistas expresan en un brillante y amenazador quinteto, premonitorio de la tragedia. Cuando se quedan solos, Tomsky explica a los amigos y a Herman una extraña historia sobre la vieja y rica condesa: cuando era joven y muy bella, y terriblemente aficionada al juego, habría conocido en París al conde de Saint-Germain, el famoso alquimista, que le habría confiado el secreto de las tres cartas -que le permitirían ganar su gran fortuna- a cambio de una noche de amor; después, ella habría revelado el secreto a su marido y a un joven amante, pero en sueños fue advertida de que moriría cuando un tercer hombre, muy enamorado, intentara arrancarle el secreto. A pesar de las burlas de los amigos, Herman queda fascinado por la historia y, en medio de una gran tormenta, jura ganarse el amor de Lisa o morir en el intento.
El segundo cuadro nos lleva a la habitación de Lisa, en la que tiene lugar una escena casi costumbrista, una reunión entre amigas, que cantan canciones melancólicas primero y después alegres, a la que pone fin el ama de llaves. Cuando se queda sola, Lisa expresa la angustia que la embarga -a pesar de la felicidad que habría de sentir por su compromiso con el príncipe Yeletsky- desde que ha visto la mirada llena de pasión de Herman. Entra éste de improviso y le declara su amor y su decisión de morir si no obtiene su benevolencia. Después de una breve interrupción de la Condesa, que produce en Herman una especie de alucinación, el joven vuelve a su hábil estrategia de seducción y Lisa cae rendida en sus brazos.
ACTO II
EI tercer cuadro nos lleva a una rica mansión de San Petersburgo en la que se celebra un gran baile de disfraces. Después de los cantos corales de los invitados, se evidencia la contraposición de caracteres entre el príncipe Yeletsky -que expresa su inquietud por la tristeza de Lisa y su generosa disposición a devolverle la libertad- y Herman, obsesionado de forma enfermiza por el secreto de las tres cartas. La acción dramática se interrumpe con la representación de una pastoral, interludio lírico protagonizado por jóvenes de la nobleza sobre el tema de Dafnis y Cloe en el que las preferencias de la pastora por el pobre y rústico Dafnis ante las pretensiones del rico Plutón son una clara alusión al amor de Lisa hacia Herman. Efectivamente, Lisa da secretamente a su amado la llave que le permitirá llegar a sus habitaciones y accede a recibirlo aquella misma noche. La fiesta acaba con la apoteosis de la llegada de la zarina Catalina II y los coros de los invitados.
El cuadro cuarto tiene lugar en las habitaciones de la Condesa, paso obligado para llegar a las de Lisa. Entra con cautela Herman, que queda alucinado ante el retrato de la vieja dama, al cual increpa de manera insana. La entrada de ésta con su séquito de camareras le obliga a esconderse. Antes de dormirse, la Condesa rememora de manera nostálgica su juventud en Francia y sus éxitos en la corte de Luis XV. Herman la despierta de modo abrupto y le suplica obsesivamente que le revele el secreto de las tres cartas: ante su silencio y su mirada llena de odio y terror, pierde el control, saca la pistola y la amenaza brutalmente. La vieja Condesa no puede resistir esta agresión y muere. Lisa entra y reacciona con pena e indignación no sólo por la muerte de la abuela sino porque entiende que era el secreto de las cartas y no su amor la causa de la presencia de Herman. Éste huye desesperado.
ACTO III
EI cuadro quinto tiene lugar en la habitación de Herman, en la que éste, lleno de angustia, lee primero una carta de Lisa pidiéndole perdón por haberle atribuido la muerte de la condesa y citándole en el muelle del río Neva. Herman revive después con horror el entierro de la vieja dama, con un gran sentimiento de culpabilidad, y ve entonces aparecer su espectro, que lo conmina a casarse con Lisa y le revela finalmente el secreto de las tres cartas mágicas -el tres, el siete y el as- que le permitirá ganar siempre.
El cuadro sexto se desarrolla cerca del Canal de Invierno, en el que Lisa espera angustiada la llegada de Herman, cuyas palabras deben librarla de las dudas que han vuelto a atormentarla. Pero la alegría del reencuentro, que le proporciona esperanzas de recuperar la felicidad, se derrumba cuando Herman, enloquecido por las revelaciones del espectro, muestra su verdadera obsesión, le confiesa la verdad y corre, fuera de sí, hacia el casino de juego. Lisa no puede resistirlo y se precipita a las aguas del Neva.
El séptimo y último cuadro tiene por escenario el casino de juego, en el que los amigos de Herman pasan la velada entre partidas de cartas y canciones. Sorprende a todos la llegada del príncipe Yeletsky, quien, no siendo jugador, ha decidido que su desgracia amorosa le traerá suerte en las cartas. Pronto se produce la febril llegada de Herman, que se lanza a apostar importantes sumas sobre las cartas secretas. Gana con el tres, vuelve a ganar con el siete, y, embriagado por estas victorias, canta sus obsesiones: la vida es solamente un juego y la única realidad es la muerte. Quiere seguir jugando, pero la apuesta definitiva es rechazada por todos excepto por el príncipe Yeletsky, que asume el desafío con serenidad. Cuando Herman, sin tan siquiera mirar la carta, anuncia el as, el príncipe le hace ver que la carta que tiene en sus manos es la dama de picas, contrafigura de la condesa, cuyo espectro reaparece, como una burla, ante el joven desesperado. Herman, totalmente enloquecido, se suicida. Antes de morir pide perdón al príncipe Yeletsky y evoca su amor por Lisa.
Teresa Lloret
TEATRO REAL
Pza. Isabel II, s/n
28013 Madrid (ESPAÑA)
