Los españoles son los menos avanzados en esta materia y, aun así, superan ampliamente a cualquiera de los sudamericanos: entre 25% y 30% de ellos puede sostener una conversación en inglés de manera relativamente fluida. El dato no es menor si se recuerda que las empresas locales están dispuestas a pagar entre 25% y 33% más por un postulante que domina este idioma. Con todo, el foco de la capacitación sigue puesto en materias operativas y no en aquellas competencias que pueden resultar claves a la hora de mejorar la empleabilidad.
Tal como reconoce el director del Servicio Nacional de Capacitación y Empleo, Fernando Rouliez, sólo 3,7% de los chilenos que se capacitaron vía Sence en 2007 estudió inglés. Ello representa una inversión pública de $8.138 millones (8,7% del total). El dominio del inglés ha pasado a ser una preocupación más para las universidades.
Algunas instituciones como la Del Desarrollo, Mayor, Católica, Austral, Chile y De los Andes han integrado clases en inglés para sus alumnos de pre y postgrado y, en esa línea, los profesores deben manejar esa lengua. Del mismo modo, los jóvenes chilenos que no accedieron a una segunda lengua en sus colegios están buscando nuevas formas de aprenderlo. El programa australiano ‘work and travel’ que partió 2006 con 100 cupos iniciales hoy ofrece 500 cupos para ir a trabajar y perfeccionar el inglés
Desde el mundo empresarial, las expectativas tampoco son muy alentadoras.
El presidente de la Corporación de Capacitación de la Construcción, Bernardo Ramírez, advierte que los programas de capacitación no pueden resolver por sí solos las debilidades de la educación en su conjunto. "Se le pide demasiado a la capacitación. No se le puede pedir a los trabajadores que hablen correctamente inglés si en el colegio se presenta una situación tragicómica: los profesores que imparten inglés no hablan inglés".
Un estudio de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de Chile muestra que el porcentaje de personas que se expresan fluidamente en inglés se incrementa de un cero a un 3% al pasar de educación básica a media completa, a un 8% en la educación técnica y recién a un 30% en la educación universitaria completa.
