Sectores como las energías renovables, la construcción, los servicios globales, las tecnologías de la información y las comunicaciones, la agroindustria, la minería, el forestal, la acuicultura o el turismo, solo por mencionar a los que más atención deparan, son imanes para el emprendedor que viene de fuera, son nuestra mejor carta de presentación en estos momentos.
De seguro creerán que se trata de multinacionales, yerran, son Pymes. Las primeras ya están entre nosotros, y las que faltan es porque aún no lo han considerado provechoso para sus objetivos. De ahí que cuando hablamos de que siguen llegando empresas nos referimos a medianas y pequeñas empresas.
Durante años algunas de estas firmas comerciaron con empresarios chilenos, derivando la relación en una implantación vía asociación, adquisición o alianza estratégica. Una muestra de este recorrido lo vemos en lo que va entre enero y octubre de 2008, solo de España, y a través nuestro, han aterrizado dando sus primeros pasos en suelo chileno más de 20 empresas, sin contabilizar las compañías de energías renovables y constructoras que son un contingente copioso con significativos volúmenes de inversión.
Sin duda, esta presencia se traduce en puestos de trabajos, transferencia tecnológica, mejoras en las infraestructuras, incorporación de nuevas tecnologías y mejoramiento en la calidad de vida. Pero, también da un empuje a la marca país, que se va fortaleciendo y dando a conocer.
Permítanme hacer una disgreción. Pensamos que la fuerza que otorgan las tecnologías al alcance de las empresas para su crecimiento, y la velocidad de los transportes para desplazar personas y productos, sumados a la marca país, no han sido debidamente aprovechadas por estas, caso contrario ya se habrían dado cuenta que es posible abordar macro regiones desde la matriz o la sede central de una zona determinada, contando con pequeños enclaves en las ciudades de nuestro interés sin hacer grandes dispendios.
La marca del producto unida a la del país de origen, más un buen uso de las telecomunicaciones, -trabajar Internet es un deber ineludible-, y empleo de la locomoción que proceda se puede hacer una buena aproximación a varias puntos simultáneamente. Luego vendrán las particularidades propias de lo local, volúmenes, calidades, mejores prácticas, etc.
Hoy es fundamental al decidir un emplazamiento, por ejemplo en Chile, conocer la disponibilidad de capital humano idóneo e infraestructuras viales, tecnológicas y energéticas. Frecuencias y facilidades para el movimiento de personas y cargas. Con estos medios a disposición es posible inicialmente proyectarse a mercados próximos o lejanos, sin incurrir en enormes desembolsos.
Aquellos emprendedores que privilegian la demografía, localizándose en sitios como Chile que mantiene una red de Tratados de Libre Comercio, TLC, con casi 60 países distribuidos por todos los continentes a los que es posible enviar productos originarios con restricciones mínimas o inexistentes, y utilizando las TIC’s pertinentes junto a la mejor logística, tendrían a su disposición un número de 3.800 millones de consumidores. ¡No está mal!
En este contexto internacional actual más que atender y resaltar la cantidad de población de tal o cual zona para establecerse, incumbe concentrarse en aspectos como el ambiente de negocio, los tintes regulatorios y la seguridad jurídica, dejando a estas herramientas y a los TLC el resto de la faena.
La marca país acompaña a la mercancía que se envía fuera. El atractivo que genere Chile, arropa al despacho, por eso la seriedad en la palabra dada, el cumplimiento de las regulaciones, el constante esfuerzo por superarse y ajustarse a las demandas de quiénes solicitan sus artículos, van implícitos, son un valor agregado que realza la compra.
Esta función distintiva que implica la marca Chile, facilita la elección de cualquier consumidor por fabricados chilenos, recompensando a sus propietarios con la compra, se consolida una clientela y como es lógico se incrementan las ganancias.
Le reconocimiento que reputados economistas e instituciones de prestigio mundial hacen de la economía chilena en estas horas bajas para todos, son una muestra de confianza de un valor incalculable, es público y notorio que el bien más escaso en este momento es eso, la confianza. La invitación realizada a Chile para que se integre en la OCDE el próximo año debe ser vista por el sector privado como algo beneficioso, que aporta a lo bueno de su género más garantías y seguridades.
René A. Mack, presidente de Travel & Lifestyle Global Practice de Weber Shandwick señalo, “la reputación de la marca de un país es en sí misma un activo muy valioso, ya que la buena reputación atrae inversiones, favorece el crecimiento sostenible y potencia el sector de los viajes tanto minorista como mayorista,”.
La receta ahora es seguir trabajando estemos donde estemos, en lo nuestro, chilenos y empresarios y trabajadores venidos de fuera, con el buen hacer y nuestra entrega estamos labrando día a día el nombre del país que nos cobija, estamos construyendo un activo intangible de una cuantía superior, que nos será útil en los intercambios y relaciones personales con el exterior.
Wolf & Pablo
