Hace poco la estatal Codelco le pidió que mejorara el cemento (concreto) con que construye los túneles de la mina subterránea El Teniente. El material tenía mucho polvillo y no aprobaba para la norma ambiental ISO 14.000.
Ferrada rediseñó el microsílice (polvo con que se fabrica el cemento). Hizo modificaciones sobre sus estructuras moleculares básicas y en 40 días creó un producto nuevo, al que bautizó Gaia. Es 66 veces más pequeño, casi cuatro veces más denso y, además, líquido. La mina dijo adiós al polvillo.
A El Teniente le tomó un año probar el producto. Pero a la postre lo sindicó como el único aceptable en sus obras. Sus ventajas no sólo fueron ambientales. Para el lamento de Holcin o Camargo Corrêa, el aditivo permite un ahorro de hasta un 40% de cemento y elimina el uso de plastificantes.
Una construcción que antes requería una viga de dos metros de espesor, ahora puede ser soportada por una de 75 centímetros. Y si había que esperar 28 días para alcanzar altas resistencias, ahora sólo hay que esperar uno.
Con el primer éxito en la mano, Ferrada, que descubrió la física durante sus últimos años de licenciatura en química de la Universidad de Chile, no tardó en multiplicar la apuesta. Desarrolló Pangea, una versión de Gaia diseñada para la cementación de pozos petroleros premiada por el gobierno argentino, y un prototipo de un ‘nanocemento’ que permite reducir un 35% los costos, además del consumo de energía y la emisión de CO2.
"La nanotecnología bien hecha no sólo multiplica las aplicaciones, sino que reduce los costos", asegura Ferrada. "Su producción es más eficiente que la tradicional y la inversión más importante es el recurso humano".
Con tantas bondades, la nanotecnología ha crecido exponencialmente en el último lustro, llegando a una producción mundial de 13 dígitos: US$ 1,1 billón. Y en el siguiente no se detendrá: alcanzará los US$ 4 billones en 2015, según calcula el informe Estado del Mercado de Nanotecnología del tercer cuatrimestre de 2008 que elabora la consultora Lux Research. Norman Poire, analista de Merryll Lynch, ve un crecimiento por 50 años.
