Se asesoró por la consultora vitícola norteamericana Ann Kraemer y el enólogo Ken Bernards. "Yo no entendía nada de vinos, así que tuve que aprender: viajando harto, concentrándome en plantaciones, distancia y riego", comenta. Se decidió a plantar 33 hectáreas. Hoy son 180. La novedad fue el Syrah. Era la primera vez que en Chile se plantaba esta cepa en zonas de clima frío. Y el riesgo que corrió fue alto: un tercio de las parras. "Este vino fue una cosa que nadie entendió. En su primera vendimia sacó 93 puntos", cuenta orgulloso Matetic y agrega que desde entonces el Syrah se ha cultivado en todo el valle de Casablanca.
Los reconocimientos no han sido pocos: puntajes superiores a 90 en revistas especializadas, top 100 según Wine, mejor Syrah de Chile en Descorchados 2008 y mejor bodega del año en Wine & Spirits Magazine 2008. Para Jorge Matetic la viña es como un hijo al que vio nacer y crecer. "Conozco el corazón y las venas de esto", dice. Se involucra en cada detalle; qué barrica comprar, dónde, cómo construirla. "Soy meticuloso, me gusta que todo funcione perfecto. No puedo ver una parra fea y no arreglarla".
Asesorado por el consultor biodinámico Alan York, Jorge Matetic optó por hacer una viña que fuera autosuficiente. "Teníamos la tierra, los animales, todo para que fuera biodinámica", agrega. Las ovejas y alpacas desmalezan, las gallinas eliminan bichos, el guano de vaca actúa como fertilizante, y a esto se suman diversas flores y semillas y cráneos bovinos. "Fui a una viña donde todo era biodinámico, el tractor usaba ecodiésel y los carros eran eléctricos. Eso es lo que queremos desarrollar", explica.
El certificado biodinámico de la viña aún está en proceso. Sin embargo, Matetic cree que "después no va a haber mercados en los que se pueda entrar sin ser al menos orgánico". A Jorge Matetic le encanta viajar, donde sea, desde Chiloé hasta una playa del Caribe, visitar la feria de Londres -donde va dos veces al año- o París, su destino preferido cuando de comida se trata.
Por eso inauguró un hotel boutique en la viña y está a cargo de dos complejos turísticos en la zona de Torres del Paine-Patagonia Camp y Cerro Guido. Aquí también se involucra en los detalles más mínimos. "He aprendido a tocar la sábana y decir si está bien de hilos", explica Matetic y reconoce que por este tipo de detalles la gente paga más caro.
