“A María Eugenia, la pequeña gran violonchelista, con los mejores deseos. Cariñosamente, Alfredo Kraus”. La dedicatoria del tenor canario es una de tantas que hoy lucen con brillo propio en la casa irunesa de la joven violonchelista. A ella se suman otras misivas elogiosas remitidas por maestros de talla internacional como Rostropovich, Luis Claret, Radu Aldulescu, Frans Helmerson, Demetri Motatu o Natalia Shakhovskaya. “En su habitación no cabe una estampita más”, reconoce José Silguero, padre de esta gran promesa del violonchelo, al recordar la ingente cantidad de certificados, diplomas, reconocimientos y premios que pueblan su hogar.
María Eugenia Silguero, en lo que supone un caso único en toda la historia de la música española, culminó sus estudios superiores de música a los trece años de edad, consiguiendo calificaciones de matrícula de honor y sobresaliente. Había empezado a estudiar solfeo con su padre a los tres años, al comprobar el talento innato de su hija. “Tenía dos cuando se puso delante de un piano para sacar de oído una melodía popular, y no paró en todo el día hasta que lo consiguió. Eso sí, la teníamos que sujetar en la silla porque se caía”, recuerda José Silguero.
Educada en un ambiente decididamente musical –su padre es titular de la banda de Irún y sus otros cuatro hermanos también son músicos-, María Eugenia amplió estudios de violonchelo junto a Jacques Doué, profesor del Conservatorio Superior de Música de Bayona; la Ghildhall School Music de Londres y el Conservatorio Superior de Música de San Sebastián. En la actualidad prosigue con su actividad académica a caballo entre Bayona y París, bajo la supervisión del mencionado Doué y de Philippe Muller, titular del Conservatorio Superior de Música de París. “Realmente me queda poco tiempo libre, pero los sábados por la tarde suelo quedar con mis amigas para charlar e ir al cine”, confiesa la joven. “También me gusta leer y musicalmente me atraen las bandas sonoras. El pop también, aunque no tengo ningún artista favorito”. Ha sido becada por la Diputación Foral de Guipúzcoa y la Fundación Enrique Lartundo.
Homenajes y EuroDisney
María Eugenia alterna desde los cinco años las clases con su condición de concertista. Ha actuado junto a la Orquesta de RTVE, la Sinfónica de Bilbao, la Orquesta Pablo Sarasate de Pamplona, la Orquesta de la Universidad de Zaragoza, la Orquesta de Cámara Amadeus de San Sebastián o la Orquesta de la Fundación Municipal de Música de Irún. En su haber atesora primeros premios nacionales de violonchelo de Zaragoza (1995) y Gijón (1997), Premios Jóvenes Valores en Música de la Diputación Foral Guipúzcoa (de 1997 a 2001), el Premio de Honor del Conservatorio de Irún (2000) y el del Conservatorio de San Sebastián (2001). La artista cuenta también con toda suerte de distinciones concedidas por la Asociación de Violonchelistas de España. Y su padre apostilla: “Tendré almacenados unos 200 kilos de papel en los que se refleja su historia”.
En 2002, la artista fue nombrada “Bisotarra del Año” por la revista El Irunés, incorporándose a una insigne lista de premiados como Camilo José Cela o Pío Baroja, y el próximo mes de junio recibirá un homenaje por parte de una sociedad cultural de Irún que ya le ha reportado una bendición especial del Papa Juan Pablo II. “Realmente, y no es porque sea su padre, todo lo que mi hija tiene de artista lo tiene de persona. Y el orgullo lo sentimos todos, ya que mis otros cuatro hijos, que son músicos profesionales, cuando les entrevistan, lejos de sentir celos, siempre llevan la conversación hacia María Eugenia”.
Además de la intensa actividad artística, José Silguero también tiene reservados otro tipo de premios. “Bajamos con asiduidad a Madrid, porque le gusta la ciudad y toda su oferta cultural, y todos los veranos nos acercamos a EuroDisney, que le encanta. Y yo me digo: ¿Quién se lo puede negar?”.
