Tengo que reconocer que a estas alturas de los 22 años de pontificado de Juan Pablo II, durante los que le han dado por muerto más o menos cada seis meses, me pasa como a los del cuento del lobo, que ya ni me inmuto cada vez que ciertos medios lanzan una nueva campaña contra la influencia de este pontífice, anunciando su inminente desaparición. Desde que advirtieron su «alta peligrosidad» para los propósitos que ellos tenían, trataron de anular su influencia. Y como no conseguían desprestigiarle, decidieron atacar por otro lado, insistiendo en que no había que echarle demasiada cuenta porque sus días al frente de la Iglesia estaban contados. Y tenían razón, estaban contados, pero no por ellos sino por Otro que parece que ve las cosas de un modo muy distinto. Por eso, resignados a su falta de ojo clínico para prever su fallecimiento, ahora llevan una temporada anunciando su dimisión. Con poco éxito, porque ese tipo de noticias vienen siendo desmentidas, sobre todo por la actividad incesante de un hombre ejemplar que no se perdona el cumplimiento de su deber, pero tambi’n por la misma Oficina de Prensa de la Santa Sede, que ha desechado las oltimas versiones publicadas por el diario alem n Bild Zeitung sobre una eventual dimisi¢n del Santo Padre, anunciando el viaje que realizar a Ucrania en junio pr¢ximo. +No podr¡an ser m s imaginativos y cambiar de t ctica? Resultan ya pesaditos.
Jos’ J. Fern ndez Rodr¡guez
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