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DISCURSO DEL SECRETARIO GENERAL DE LA ORGANIZACIÓN DE LOS ESTADOS AMERICANOS, C¿SAR GAVIRIA, EN LA INAUGURACIÓN DEL TRIG

escrito por Jose Escribano 6 de junio de 2000
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Nuestra presencia en Windsor y en Ontario en este año 2000 tiene un enorme significado. Hace una década, al firmar la Carta de la OEA Joe Clark, Ministro de Relaciones Exteriores de Canadá, señaló cómo tal decisión significaba convertirse no sólo en miembro, sino en un socio del hemisferio. También dijo: «For too long Canadians have seen this hemisphere as our house; it is now time to make it our home». Cuanta razón tenía. Esta ha sido una década de creciente influencia y significativa presencia de Canadá en los asuntos de nuestro hemisferio. Hoy, Canadá lidera el proceso de Cumbres de nuestros mandatarios, sirve de anfitrión a las más importantes reuniones hemisféricas, cree como ningún otro miembro en la capacidad colectiva para hacerle frente a los problemas hemisféricos y está convencida de las inmensas posibilidades que se abren en este nuevo milenio. Esa actitud ha sido particularmente fecunda en el período del Primer Ministro Chrétien y el Canciller Axworthy. Peter Boehm, su embajador ante la OEA, ha interpretado esa pol¡tica con profesionalismo, dedicaci¢n y eficacia.

El a_o transcurrido desde la Asamblea en Guatemala ha sido, como lo intuyeron los Cancilleres en esa oportunidad, un a_o de pruebas, de amenazas y tropiezos para la democracia en las Am’ricas.

Hace tan s¢lo dos semanas, en Paraguay el gobierno constitucional enfrent¢ con ‘xito un conato de golpe militar, apoyado por una r pida reacci¢n internacional liderada por los pa¡ses de Mercosur y a lo cual contribuy¢ con oportunidad la OEA. En Ecuador, las instituciones leg¡timas tambi’n estuvieron amenazadas. Gracias a la vocaci¢n democr tica del pueblo ecuatoriano y de sus l¡deres, as¡ como a la decidida y oportuna reacci¢n del Hemisferio y de nuestro Consejo Permanente, tal desaf¡o pudo resolverse de manera pac¡fica, preservando el hilo de la institucionalidad democr tica.

La OEA con sus numerosas misiones de observaci¢n electoral est , por invitaci¢n de los pa¡ses interesados, contribuyendo de manera creciente a la consolidaci¢n y defensa de la democracia. Es nuestra tarea asegurar la integridad, imparcialidad y confiabilidad de los procesos electorales, para que alienten la participaci¢n ciudadana, prevengan irregularidades y den las garant¡as necesarias para la libre expresi¢n de la voluntad de todos los ciudadanos y que generen un entorno de equidad, confianza, legitimidad y transparencia para todos los actores pol¡ticos.

Merece especial menci¢n el caso de P ero, donde nuestra misi¢n tuvo que comenzar sus trabajos en un ambiente de una gran desconfianza hacia las autoridades electorales y hacia el propio gobierno debido a un proceso generado en la falta de un debido equilibrio de los poderes a lo largo de la oltima d’cada. Segon el informe de nuestra Misi¢n, que est  para la consideraci¢n de los Se_ores Cancilleres en esta Asamblea, aunque no hay evidencia de fraude, «se presentaron en las dos vueltas irregularidades, deficiencias, inconsistencias e inequidades». Esto hizo dif¡cil que nuestra misi¢n pudiera asegurar que se dieran las circunstancias que nos permitieran calificar las elecciones, conforme a nuestra propia normativa o a est ndares internacionales, como libres, justas y transparentes.

De otra parte, cuestiones fronterizas no superadas recobraron vigencia y generaron tensiones que todos esper bamos el tiempo y las pr cticas democr ticas hubieran resuelto. La Secretar¡a General, bajo instrucciones y por mandato del Consejo Permanente, ha actuado, como lo manda la Carta, en acatamiento del principio de soluci¢n pac¡fica de controversias. Ha sido as¡, en los casos de Nicaragua y Honduras, Costa Rica y Nicaragua, y Guatemala y Belice, un elemento de mediaci¢n, facilitaci¢n, o presencia, contribuyendo al desescalamiento de las tensiones, y al establecimiento de procedimientos para resolver las diferencias.
En todas estas situaciones, la OEA actu¢ con prontitud y logr¢ demostrar su idoneidad, su neutralidad y su eficacia para contribuir al afianzamiento de la paz y de la democracia.

En cuanto a las dificultades que la democracia ha encontrado en las Am’ricas tengo que se_alar que m s all  de las fallas que muchos encuentran en algunos de nuestros sistemas pol¡ticos, tenemos que registrar adem s, que la presencia de la democracia en las Am’ricas no la podemos considerar definitiva y concluyente. Aon tenemos una significativa agenda de problemas y tareas pendientes y muchos sienten escepticismo y desencanto porque la democracia no est  respondiendo a las expectativas ciudadanas; porque sus instituciones democr ticas carecen de fortaleza y legitimidad debido a su incapacidad para resolver los problemas sociales, por los pocos avances alcanzados en la lucha contra la pobreza o la mala distribuci¢n del ingreso; porque ven surgir indicios de autoritarismo, o porque no ven funcionar de manera apropiada el equilibrio de poderes poblicos o porque no consiguen suficiente participaci¢n ciudadana.

A pesar de tener a nuestro haber una mayor estabilidad econ¢mica, tasas de inflaci¢n m s bajas, y menores d’ficit fiscales, tenemos, en la mayor¡a de nuestros pa¡ses, instituciones todav¡a d’biles, pol¡ticas muy discutibles, escasez de recursos y un estado en retroceso, debilitado ideol¢gicamente por la crisis de la deuda y por la adopci¢n de las reformas de mercado.

Y esas enormes fallas del Estado en el cumplimiento de sus obligaciones son las que le est n abriendo una brecha a las instituciones democr ticas latinoamericanas, a su credibilidad. En Am’rica Latina s¢lo un Estado fuerte, eficaz, prestigioso nos puede asegurar la defensa de nuestra democracia. Necesitamos un estado democr tico, respetuoso y garante de los derechos de todos, protector de los m s vulnerables. Un estado que fortalezca sus funciones de supervisi¢n, regulaci¢n y control, sus funciones educativas y de salud, sus funciones de justicia, polic¡a y seguridad. Necesitamos un estado que sepa hacerle frente a fen¢menos como la corrupci¢n, el narcotr fico, el terrorismo. Y estos retos los debemos enfrentar sin un crecimiento del tama_o del Estado que ahogue la iniciativa privada.

Estas tareas no son f ciles ni tienen respuestas sencillas. En la OEA se han esbozado algunas soluciones colectivas que contribuyen a resolver algunos de tan complejos problemas, cumpliendo as¡ con su vocaci¢n de foro de di logo pol¡tico y cooperaci¢n. Es a la luz de su contribuci¢n a ese objetivo que debemos examinar y valorar la pertinencia y oportunidad de las acciones que emprendemos.

Estamos fortaleciendo el sistema interamericano de derechos humanos gracias por una parte, al trabajo del grupo ad-hoc, creado por los Cancilleres, el cual ha identificado varias  reas prioritarias: promoci¢n, universalidad del sistema, acatamiento de sus decisiones y su financiaci¢n, y por otra parte, gracias a los esfuerzos del grupo de la Comisi¢n de Asuntos Jur¡dicos y Pol¡ticos el cual presenta para su consideraci¢n una serie de recomendaciones a los Estados, a la Comisi¢n y a la Corte.

Adem s, el Sistema Interamericano se encuentra comprometido con su expansi¢n hacia nuevos derechos. Para promover los derechos de los pueblos ind¡genas mediante la eventual adopci¢n de una Declaraci¢n Interamericana, se realiz¢ una reuni¢n de expertos, con la presencia de representantes ind¡genas. Para promover los derechos de la mujer y la igualdad de g’nero, se convoc¢ una reuni¢n de Ministros responsables y altas autoridades de los estados. Las conclusiones y los aportes de estas reuniones deber n servir tambi’n para alimentar los programas y decisiones de la pr¢xima Cumbre de las Am’ricas.

Avanzamos igualmente en una pol¡tica m s activa para defender la libertad de prensa y el derecho a la libre expresi¢n mediante la labor del relator de la Comisi¢n de Derechos Humanos; para defender y promover los derechos del ni_o, particularmente en conflictos armados, o los de los trabajadores migrantes y de sus familias.
Promovimos la bosqueda de una mayor participaci¢n ciudadana mediante la realizaci¢n de jornadas de reflexi¢n en el seno de la Organizaci¢n. En ese mismo sentido fortalecimos el rol de las organizaciones de la sociedad civil en la OEA, para lo cual el Consejo Permanente aprob¢ directrices que reglan y estimulan tal participaci¢n en nuestras actividades.

Por primera vez a nivel Americano, se propici¢ la participaci¢n de representantes parlamentarios de todo el continente gracias a una iniciativa canadiense.

Todas estas actividades se facilitan hoy por las enormes posibilidades que nos ofrece el Internet, que abren nuevas oportunidades de participaci¢n y asociaci¢n a los ciudadanos, que nos permite cortar las brechas que ellos sienten respecto de los sistemas pol¡ticos y, a la OEA, ofrecer sistemas de informaci¢n m s completos, m s accesibles y m s confiables para todos.

Ya hemos mencionado como el fortalecimiento de la democracia demanda ante todo un significativo fortalecimiento del Estado, su responsabilidad, eficiencia y transparencia. Tal vez el desaf¡o m s acuciante lo constituyen los devastadores efectos de la corrupci¢n. Es necesario, como lo se_al¢ el Grupo de Trabajo sobre Probidad y Etica C¡vica, fijar un plazo razonable para que la Convenci¢n Interamericana contra la Corrupci¢n est’ firmada y ratificada por todos los Estados, as¡ como establecer mecanismos de seguimiento del programa interamericano contra la corrupci¢n, y asegurar que el sector privado asuma el compromiso que le corresponde.

Por decisi¢n de los Ministros de Justicia, creamos el Centro de Estudios de Justicia de las Am’ricas y hemos progresado en la definici¢n de acciones espec¡ficas en materia de combate contra el delito cibern’tico, pol¡tica carcelaria y penitenciaria y acceso a la justicia.

Con los Ministros de Trabajo estamos avanzando en la ejecuci¢n de proyectos para fortalecer el empleo, la institucionalidad laboral y la negociaci¢n colectiva. En t’rminos generales, estos proyectos reconocen la necesidad de flexibilizar los mercados laborales, pero promueven la creaci¢n de instrumentos que protejan al trabajador, y ello pasa por la ratificaci¢n y cumplimiento de los Convenios de la OIT.

Estas acciones ponen de presente c¢mo en las Am’ricas tenemos en marcha un proceso de integraci¢n y libre comercio que se enmarca dentro de la amplia visi¢n que las Cumbres de las Am’ricas le han dado al sistema interamericano de instituciones, con una diversidad de iniciativas entre las cuales existen fuertes sinergias e interdependencias. Ello nos permite ser creativos, desarrollar acciones colectivas en una amplia gama de temas sociales, de derechos humanos, laborales, medioambientales, posibilidades que no est n abiertas en la OMC ni en otros foros puramente comerciales.

Se pueden as¡ poner en marcha estrategias inteligentes para la inserci¢n de los pa¡ses americanos a la econom¡a mundial, reduciendo vulnerabilidades a perturbaciones externas, atenuando y asegurando que las econom¡as m s peque_as y de m s bajo ingreso per c pita se beneficien de las negociaciones comerciales y adoptando las medidas y pol¡ticas sociales necesarias para contrarrestar algunos de los efectos indeseables de la globalizaci¢n. Nos permitir  tambi’n mantener un di logo permanente y abierto con todos los sectores de nuestras sociedades.

En el  mbito comercial, confiamos que los grupos de negociaci¢n continoen su trabajo con las instrucciones que les dieron los ministros en Toronto y avancen en la concepci¢n de lo que ser  un primer borrador del Acuerdo ALCA para la reuni¢n ministerial de Argentina.

Estos temas est n relacionados tambi’n con la ampliaci¢n de la cooperaci¢n solidaria. Todos esperamos que la puesta en marcha de la nueva Agencia para la Cooperaci¢n y el Desarrollo nos sirva para movilizar m s recursos externos y a focalizar la ayuda en los pa¡ses que m s la necesitan y en los cuales su acci¢n es m s relevante. Esta Secretar¡a se permite insistir en su propuesta para que m s pa¡ses se vuelvan donantes netos de recursos con lo cual le daremos a estos esfuerzos un mayor sentido de solidaridad hemisf’rica y un mayor equilibrio pol¡tico a la OEA.

El Director de la Agencia tiene ahora mandatos m s precisos, y atribuciones m s amplias para negociar acuerdos de cooperaci¢n con pa¡ses miembros u observadores y para promover el mejor aprovechamiento de recursos que ya existen en otros organismos internacionales, regionales y nacionales. Se trata de adaptarse a la evoluci¢n reciente que muestra que, mientras los ingresos por concepto de cuotas de los Estados miembros han ido decreciendo, los fondos espec¡ficos, asociados con la realizaci¢n de proyectos o actividades concretos por la OEA, han ido en aumento. Todos esperamos de la Agencia ideas frescas, un ¡mpetu renovador que, como lo ha propuesto su director, modernice la estructura organizacional, as¡ como las modalidades de definici¢n, financiaci¢n y ejecuci¢n de los proyectos.

Este esfuerzo nos debe ayudar a trabajar mejor con otras instituciones y en especial con el BID, instituci¢n con la cual hemos hecho avances importantes para desarrollar la agenda hemisf’rica en funci¢n de los mandatos de nuestros gobernantes. A tal desarrollo ha contribuido de manera significativa Don Enrique Iglesias quien hoy nos acompa_a y es un factor primordial en el desarrollo de un sistema interamericano con una agenda renovada y m s integrada en lo pol¡tico, econ¢mico, social, ambiental y cultural.

Por disposici¢n de nuestra Asamblea General hemos puesto en marcha el Comit’ Interamericano para la Reducci¢n de los Desastres Naturales, instancia principal de reflexi¢n y di logo de las instituciones interamericanas para definir estrategias y recomendaciones que permitan reducir el impacto de estos eventos y sus consecuencias humanas y sociales.

Como complemento de estas acciones seria conveniente pensar en la realizaci¢n de una reuni¢n de Ministros de medio ambiente para el a_o 2001, que nos permita identificar avances desde la Cumbre de Santa Cruz, que nos ayude a precisar algunas de las iniciativas, encontrar recursos financieros y t’cnicos e identificar instituciones nacionales e internacionales que se encargar¡an de su aplicaci¢n.

En el seno de la Comisi¢n de Seguridad Hemisf’rica de nuestro Consejo hemos avanzado en revigorizar la agenda en preparaci¢n de la conferencia especial que dispusieron nuestros mandatarios en Santiago. Se ha celebrado la primera reuni¢n del Comit’ Consultivo de la Convenci¢n contra la producci¢n y el tr fico il¡citos de armas de fuego. La Convenci¢n sobre la transparencia en las adquisiciones de armas convencionales ha sido firmada por diecinueve estados, y Canad  ya la ha ratificado. Avanzamos en el desminado de Centroam’rica y hemos extendido el programa a Pero y Ecuador. Estamos trabajando en el desarrollo del plan de trabajo originado en la primera reuni¢n del Comit’ Permanente contra el terrorismo. Hemos avanzado de comon acuerdo con el BID y la OPS en identificar componentes de lo que puede ser de una campa_a hemisf’rica contra la violencia y la delincuencia.

En este campo el desarrollo m s importante lo constituye el avance en el establecimiento del Mecanismo de Evaluaci¢n Multilateral sobre las pol¡ticas contra las drogas en el seno de CICAD. Con ‘l esperamos consolidar un nuevo esp¡ritu de cooperaci¢n en el hemisferio que nos ayude a superar la etapa en la que el tema de las drogas era fuente de tantas recriminaciones, tensiones y desconfianza entre los Estados. El mecanismo se cimienta en los principios de responsabilidad compartida, respeto a la soberan¡a y la jurisdicci¢n de los Estados, igualdad y reciprocidad. Se trata de un proceso de evaluaci¢n gubernamental, onico y objetivo, con un enfoque integral, coordinado y equilibrado para dar seguimiento a los procesos individuales y colectivos, para fortalecer la cooperaci¢n hemisf’rica, para aprender de las experiencias de otros, para afinar respuestas y pol¡ticas, para dise_ar iniciativas conjuntas.

El resultado de este primer ejercicio de evaluaci¢n, su equilibrio, su transparencia, y la pertinencia de sus recomendaciones ser n expuestos al escrutinio poblico y se convertir n en hitos orientadores de las pol¡ticas y de los debates sobre estos temas en el futuro. Aunque se trata de un ejercicio fundamentalmente t’cnico tiene una gran relevancia pol¡tica.

El gobierno del Canad  ha venido auspiciando un nuevo concepto, la Seguridad Humana. En ‘l proponen cambiar la perspectiva tradicional de an lisis de los problemas de seguridad para establecer como centro de referencia a las personas. Esto es una propuesta ambiciosa que, en el  mbito hemisf’rico, coincide con las actividades de nuestra agenda hemisf’rica y busca modernizar y desarrollar la capacidad de la OEA para responder y proponer opciones de pol¡tica –con este nuevo ‘nfasis– a los problemas que enfrentan nuestras sociedades, lo que hoy es posible por la manera como hemos avanzado hacia una comunidad americana de valores y principios.

Se_ores y se_oras cancilleres,

Las Cumbres de Jefes de Estado y de Gobierno han establecido nuevos derroteros, impulsando nuevas iniciativas y la OEA se ha convertido en la correa de transmisi¢n, foro y ¢rgano de ejecuci¢n de esos mandatos. Pero no podemos ser autocomplacientes. Las tareas que adelantamos son de limitado alcance. Para avanzar m s, requerimos de una OEA no s¢lo fortalecida en sus mandatos, sino tambi’n en los recursos y en la confianza de ustedes y de nuestros pueblos.

Las finanzas del Fondo Regular se encuentran en un estado cr¡tico. Si no se toman los correctivos necesarios, esto puede limitar de manera severa la capacidad de la organizaci¢n para cumplir con las tareas que le hemos impuesto.

Este problema se origina en el no pago oportuno de las cuotas, particularmente por grandes contribuyentes; en la congelaci¢n nominal de nuestros ingresos en el oltimo quinquenio; en la perdida por ingresos de arrendamientos e ingresos financieros; y en la ejecuci¢n de muchos nuevos mandatos, lo cual ha puesto una enorme presi¢n sobre nuestro presupuesto.

Frente a esta crisis, es necesario actuar. Por primera vez, por ejemplo, las instituciones de derechos humanos se han visto seriamente afectadas en su trabajo por restricciones presupuestales.

Para abordar con seriedad y sentido de urgencia este problema y darle una estructura financiera sana debemos adoptar tres decisiones: que los pa¡ses que est n en mora acuerden un plan de pago que pueda ser honrado, y que le permita a la Organizaci¢n planear efectivamente su flujo de ingresos; que se le restituya a partir del pr¢ximo a_o el valor de la inflaci¢n; y que los Estados faculten a sus representantes permanentes para que tomen las decisiones necesarias que permitan movernos a nuevas prioridades y abandonar programas, actividades, estructuras relacionados con las prelaciones del pasado.

No puede concluir mi intervenci¢n sin antes saludar y agradecer al Embajador Christopher Thomas por su incansable labor durante todos estos a_os pasados al frente de la Secretar¡a General Adjunta. Sus calidades intelectuales, su don natural para la diplomacia y su compromiso irrestricto con el progreso de las Am’ricas, le permitieron cumplir con el ‘xito sus dif¡ciles tareas y recibir el merecido reconocimiento de los Estados miembros.

Se_oras y Se_ores,

Al repasar con ustedes los eventos ocurridos, las acciones emprendidas por nuestros pa¡ses durante este oltimo a_o, y las tareas que tenemos por delante, quisiera concluir se_alando que no hay espacio para las simplificaciones sobre c¢mo asegurar la democracia o encontrar el camino del desarrollo sostenible. La prescindencia de los fen¢menos pol¡ticos y esa especie de fe ciega en el mercado, que har¡a superfluo al Estado son hoy cosa del pasado. Tambi’n lo es esa idea de que alcanzar ciertos objetivos econ¢micos ser¡a el punto de llegada de nuestras sociedades. Hemos descubierto que son apenas el punto de partida para la bosqueda de objetivos sociales mucho m s importantes.

No hay duda entonces de que comenzamos esta nueva centuria acompa_ados de escepticismos y desencantos, de cierto desgaste de algunas de nuestras j¢venes democracias. Simult neamente, somos conscientes de la necesidad de profundizar algunas reformas econ¢micas, del imperativo de trabajar por la equidad, de avanzar hacia un sistema educativo acorde con la globalizaci¢n, de terminar con la pobreza.

Pero al mismo tiempo vemos que los recursos que se pueden dedicar a estas empresas son muy limitados. Se necesita m s investigaci¢n y un vigoroso intercambio de experiencias. Tenemos que vincular a este esfuerzo a un grupo de americanos mucho m s vasto, en cada naci¢n, para poder ser eficaces en el fortalecimiento de las instituciones pol¡ticas y sociales.

Y esto nos ense_a que no es simplemente fortaleciendo el rol policivo de la OEA como vamos a defender y fortalecer la democracia. Debemos darle un rol m s importante y significativo al di logo pol¡tico hemisf’rico. Proponer iniciativas m s ambiciosas, disponer de m s recursos, enriquecer los centros de informaci¢n, ampliar los intercambios de experiencias, vincular nuestras universidades, centros acad’micos y a las organizaciones de la sociedad civil a los esfuerzos de acci¢n colectiva. Y esto significa tambi’n que los gobiernos, las canciller¡as, los ministros sectoriales y muchas otras instituciones poblicas deben actuar para avanzar en la vigorosa agenda hemisf’rica que surge de las necesidades de estos tiempos de integraci¢n y globalizaci¢n y de lo que nos mandan nuestros gobernantes. Es tal vez el gran desaf¡o en la Cumbre de Qu’bec.

Los pueblos de las Am’ricas, sus gobiernos e instituciones tienen un futuro promisorio en este siglo que se inicia. Los desaf¡os y las dificultades que hemos encontrado, no pueden amilanar el esp¡ritu y la vocaci¢n de progreso de m s de 700 millones de personas. Tenemos la oportunidad hist¢rica de moldear y construir un devenir comon m s pr¢spero, democr tico y justo. Los invito a que unamos nuestros esfuerzos para hacerlo realidad.

Autor

  • JAE
    Jose Escribano

    Responsable de Contenidos en Informativos.Net

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