Para Bush y Blair esta cita es parte de sus respectivas campañas re-eleccionistas. A un año de las presidenciales Bush quiere mostrar a su electorado que él mantiene buenas relaciones con Europa. En el Reino Unido (RU) Blair se prepara para comicios generales que debe convocar en menos de 18 meses.
Los dos mandatarios quieren mostrar que ambos son sus principales aliados a escala global, que juntos pueden moldear al mundo y que su estrecha alianza es esencial para derrotar al terrorismo (visto como el principal enemigo) e imponer el liberalismo político y económico por doquier.
Dentro del laborismo hay cierto descontento por lo que se ve un extraño maridaje entre un partido de origen sindical y socialista y la derecha republicana estadounidense. Indican a su Premier que no se puede imponer la democracia con bombardeos y que éstos están fortaleciendo el terror y la inestabilidad. Blair replica que el bloque EEUU-RU es el eje que debe intervenir no sólo en los Balcanes, Afganistán e Iraq sino que debe imponer un nuevo orden mundial frente a “estados piratas”.
Ken Livingstone, alcalde londinense, se ha negado a recibir a Bush, porque “no ha sido elegido por su pueblo” y por ser “la principal amenaza a la vida que jamás haya tenido el planeta”. Demanda que los vehículos oficiales estadounidenses paguen por congestión vial y cuestiona el hecho de que la mitad de la policía esté dedicada a protegerlo.
Las protestas ya han empezado y hoy se esperan más de 100,000 en las calles. Jeremy Corbyn, líder laborista de dicha movilización, pide el inmediato retiro de la ocupación, que los presos británicos en Guantánamo sean tratados de acuerdo a normas internacionales, y que EEUU se ciña a los acuerdos ecológicos de Kyoto y a la corte penal internacional. Los conservadores cuestionan a la izquierda por hacer marchas contra Bush, pero no contra dictadores de China o Rumania cuando vinieron a Londres.
Durante la visita Blair viene sufriendo lo que puede ser su principal revés en el Parlamento tras seis años de haberlo controlado con más del 60% de sus miembros. La rebelión laborista es tal que puede acabar haciendo inviable un proyecto de ley para abrir los hospitales a inversionistas privados.
Hace dos siglos Londres dominaba al actual EEUU. Hoy esta relación es percibida por algunos sectores como inversa. Muchos conservadores recalcan que con Margaret Thatcher, pese a que había tan buenas relaciones con Reagan, ella se atrevió a diferir de él oponiéndose a la invasión de Granada. Hasta el momento Blair nunca ha cuestionado a Bush.
Isaac Bigio
Analista Internacional
