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A un año de ese suceso en el lugar donde estaba dicha estatua ondeaba la bandera verde islamista y las FFAA norteamericanas no dejaron entrar a nadie para celebrar, pues sabían que los iraquíes irían allí para mostrar su rechazo a la ocupación.
El hecho que el dictador no fuera echado por su pueblo sino por conquistadores puede hacer que él u otras fuerzas autocráticas (como la de Basr) se revitalicen desde la oposición. No debería extrañarnos si el depuesto Baath se recuperase y en un futuro retorne al poder.
Incluso existe la posibilidad que Occidente acabe aceptando que fuerzas de origen sadamista vuelvan a palacio como el último recurso para evitar un nuevo desgajamiento social o estatal.
Isaac Bigio
Analista Internacional
