Mas, bien las cámaras nos han mostrado imágenes en las cuales iraquíes se enfrentan a sus ‘salvadores’ o conmemorando la liberación de Kut, Najaf y Karbala de tropas extranjeras.
Iraq no recibe la ocupación foránea con júbilo sino con ira. Los primeros días de Abril se ha visto la mayor ola de violencia desde que el 1’ de Mayo el presidente Bush anunció oficialmente el fin de la guerra. Medio centenar de uniformados foráneos y 500 iraquíes han perecido. Más de una docena de extranjeros han sido secuestrados y 3 de ellos, japoneses, han aparecido ante la TV siendo torturados por un grupo armado que ha dado 3 días de plazo a Japón para que retire sus 550 efectivos sino quiere que sus compatriotas sean quemados vivos.
La nueva insurgencia
El detonante de la actual insurgencia es la ciudad de Faluja. Se calcula que uno a dos de cada mil de sus 300,000 habitantes ha muerto desde que el 31 de Marzo cuatro guardias de seguridad estadounidenses fueron mutilados y sus cadáveres fueron abusados públicamente. El 6 de Abril 17 marines murieron en esta ciudad sunnita y al día siguiente 2 bombas norteamericanas de 500 libras cada una fueron lanzadas en represalia contra una mezquita. Una cuarentena de feligreses sunnitas fueron asesinados en un lugar que los musulmanes consideran sagrado. Ello, lejos de amedrentar a los insurgentes, produjo más rabia y el que por todo el país se hayan producido más brotes armados así como masivas colectas de víveres y sangre donada para los pobladores de Faluja.
La sublevación adquirió una nueva dimensión durante el primer fin de semana de Abril. El Sábado 3 fue arrestado Musafá Yacoubi, lugarteniente del clérigo chiíta Muqtada Sadr. El domingo 4 los partidarios de Sadr, incluyendo los 10,000 milicianos de su ‘Ejército Mahdi’se levantaron. La insurrección chiíta brevemente tomó la gobernación de Basora (la segunda urbe del país) y ha logrado capturar tres importantes ciudades.
El alzamiento chiíta implica un significativo giro en la escena iraquí. Implica que la resistencia deja de centrarse en el ‘triángulo sunnita’, en el cual vive entre un cuarto y un quinto de los habitantes y se esparce dentro de la etnia chiíta que representa el 60% de la población del país.
El ‘chillido’ chiíta
Durante toda la época republicana ésta se ha sentido desplazada por la minoría sunnita concentrada en el centro. Cuando en 1979 el Shá iraní fue depuesto por una revolución capturada por los ayatolas, occidente temió que el siguiente lugar en caer bajo la influencia de éstos era Iraq. Para contener ello y socavar al fundamentalismo chiíta Washington, Moscú, París y Londres apuntalaron a Saddam para que invadiese su vecino oriental ocasionando una guerra en la cual moriría un millón de personas.
En 1991, cuando Bagdad fue expulsado de Kuwait, el presidente Bush (padre) instó a los iraquíes a levantarse. Los chiítas acudieron a su llamado pero EEUU dejó que Saddam los sofoque pensando que su victoria podría desestabilizar la región y favorecer a sus adversarios de Teherán.
Luego, cuando los aliados lanzaron la invasión a Iraq en la primavera del 2003, uno de los objetivos fue ganar a la mayoría chiíta para que no defienda al gobierno. El principal partido en el cual se apoya la autoridad provisional iraquí nombrada por los EEUU es el Consejo Supremo de la Revolución Islámica Iraquí guiada por el clérigo chiíta Al Sistani.
La ‘Ciudad Saddam’, el distrito más populoso de Bagdad, fue rebautizada con el nombre de Muhammad Sadiq Sadr, en homenaje al sacerdote chiíta asesinado por Hussein en 1999. Moqtada, el hijo de Sadr de 30 años de edad, se ha convertido en el líder del ala del clero chiíta que se opone a la ocupación y que cuestiona a Al Sistani por colaborar con los EEUU.
Sadr formó el ‘Ejército Mahdi’ en junio pasado y plantea una alianza con el Hizbola chiíta libanés y el Hamas sunnita palestino. Ambos tienen en común ser movimientos de resistencia contra la presencia de fuerzas extranjeras que se apoyan en la infraestructura asistencial de una red de mezquitas y que combinan un movimiento confesional de masas con grupos armados dispuestos a todo.
Este tipo de movimientos difiere del panarabismo secular del tipo de Arafat o de los Baath sirio e iraquí. También abiertamente rechaza a Al Qaeda por atacar blancos civiles en occidente.
Su objetivo es una sociedad teocrática donde los derechos de ciertas minorías y de la mujer queden restringidos y donde se implante una autocracia que de bienestar y seguridad social en base a modelos de proteccionismo y soberanía nacional.
Perspectivas
Las posibilidades que Sadr tenga para transformarse en el líder de un levantamiento generalizado se ven aminoradas debido a su rechazo a la autodeterminación kurda, el querer hacer retroceder los grados de emancipación que tiene la mujer iraquí y en la resistencia que genera dentro de organizaciones sindicales, democráticas e izquierdistas que siguen contando con cierta fuerza ene se país.
La insurgencia popular iraquí posiblemente le desborde a éste y a cualquier autoridad religiosa. Algo que genera una crisis en las fuerzas ocupantes es el hecho que sunnitas y chiítas coordinan y combaten conjuntamente, y van demostrando que lo que viene ocurriendo es un alzamiento nacional. Anteriormente se quiso presentar a la resistencia como la acción de un puñado de incondicionales ya sea de Saddam Hussein, de sus dos hijos Uday y Qusay o de su lugarteniente Izzat al-Douri, y más tarde, del binladenista Zarqawi. Ahora el teniente general norteamericano Ricardo Sánchez sostiene que los insurrectos son una banda de terroristas y matones.
La sublevación iraquí muestra que las 160,000 tropas ocupantes son rechazadas por la población. Continuar con ésta solo podrá generar más resistencia e inestabilidad, así como el riesgo que fuerzas fundamentalistas acaben capitalizando el descontento occidental. Igualmente podría, también, dar paso al desarrollo de nuevos movimientos de oposición masivos en el mundo árabe que combinen demandas contra EEUU junto a demandas sociales.
Al ganarse la enemistad abierta de la mayoría chiíta Bush y Blair pierden la paz y con ello pueden acabar perdiendo la guerra.
Isaac Bigio
Analista Internacional
