La contaminación por plásticos sigue ganando presencia en ecosistemas marinos, de agua dulce, terrestres e incluso polares, donde la acumulación de microplásticos y nanoplásticos se ha convertido en una preocupación ambiental creciente. En ese contexto, un equipo internacional de investigación ha constatado que el potencial microbiano para degradar este tipo de materiales es mucho más amplio de lo que se había descrito hasta ahora.
El estudio, desarrollado por investigadores de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), La Salle-URL, la Universidad de Turku (UTU, Finlandia) y el Institute of Science Tokyo (IST, Japón), concluye que más del 95 % de las especies procariotas contienen al menos un gen con capacidad para degradar polímeros plásticos naturales o sintéticos. El dato refuerza la idea de que la biodegradación del plástico constituye una capacidad ecológica extraordinariamente extendida en bacterias y arqueas.
Según el trabajo, esta respuesta biológica frente a la contaminación plástica no se limita a unas pocas especies con funciones muy especializadas. Pere Puigbò, investigador de la UAB y coautor del estudio, subraya que «nuestros resultados muestran que el potencial de biodegradación del plástico no está limitado a unos pocos microbios especializados; es casi universal». En la misma línea, añade que «esto sugiere que las comunidades microbianas de todo el mundo ya poseen las herramientas moleculares necesarias para responder a la contaminación plástica».
El trabajo, liderado por equipos de la UAB, La Salle-URL, la Universidad de Turku y el Institute of Science Tokyo, apunta a que esta capacidad no se concentra en unos pocos microorganismos especializados, sino que está ampliamente distribuida entre procariotas de todo el planeta.
La investigación se enmarca en el proyecto MicroWorld, que ha dado lugar al recurso descrito por los autores como el más completo hasta la fecha sobre biodegradación microbiana de plásticos. Se trata de los Plastic-Degrading Clusters of Orthologous Groups (PDCOG), una base de datos que reúne 625.616 proteínas potencialmente degradadoras de plástico, clasificadas en 51 grupos ortólogos. El catálogo pretende facilitar una visión de conjunto sobre el papel que bacterias y arqueas pueden desempeñar en la degradación de microplásticos y nanoplásticos en ecosistemas muy diversos.

Representación esquemática de bacterias que producen una enzima degradadora de un polímero de plástico.
Los PDCOG agrupan proteínas vinculadas con la degradación de 11 polímeros naturales y 28 sintéticos. A partir de su análisis en 23 tipos de ambientes —desde sedimentos oceánicos profundos hasta suelos, fuentes termales, ecosistemas endolíticos o regiones polares—, el estudio muestra que el potencial de biodegradación no se distribuye de manera homogénea, sino que está fuertemente condicionado por el contexto ecológico. Algunos hábitats presentan un enriquecimiento particularmente notable en enzimas degradadoras, lo que, según los autores, apunta a procesos de adaptación local.
Kari Saikkonen, de la Universidad de Turku y también coautor del artículo, resume esta idea al señalar que «la capacidad microbiana de degradar plásticos no solo es amplia, sino que está claramente moldeada por el entorno». Esa observación introduce un matiz relevante: la biodegradación no depende únicamente de la presencia de genes potencialmente útiles, sino también de las condiciones ambientales en las que esas capacidades se desarrollan y se conservan.
El trabajo no se limita a describir un fenómeno ecológico, sino que también abre una vía de interés para la ciencia de materiales y la biotecnología. Los investigadores plantean que comprender qué enzimas prosperan en hábitats concretos y bajo determinadas presiones ecológicas puede orientar el diseño de nuevos materiales y tecnologías adaptados a condiciones locales. En otras palabras, la forma en que los microorganismos responden en la naturaleza podría servir de referencia para desarrollar soluciones tecnológicas más ajustadas a los procesos biológicos existentes.
En ese sentido, Miho Nakamura, vinculada a La Salle-URL, la Universidad de Turku y el Institute of Science Tokyo, destaca que «este recurso ofrece una visión global del potencial de biodegradación que existe en la naturaleza» y añade que «entender cómo los microbios se adaptan a sus entornos permitirá diseñar materiales y soluciones biotecnológicas que estén alineados con los procesos naturales».
La creación de una base de datos de estas dimensiones proporciona además una herramienta de consulta para futuras investigaciones sobre degradación microbiana de plásticos, tanto naturales como sintéticos. Su valor reside no solo en la cantidad de proteínas registradas, sino en la posibilidad de comparar patrones evolutivos, ecológicos y funcionales a escala global, con una base común para estudiar la respuesta microbiana ante un problema ambiental que afecta a múltiples ecosistemas.
El artículo de referencia es: Mustari S, Pham LT, Saikkonen K, Nakamura M, Puigbo P (2026), “Plastic-degrading clusters of orthologous groups reveal near-universal biodegradation potential in prokaryotes”, publicado en Environmental Technology & Innovation. DOI: https://doi.org/10.1016/j.eti.2026.104872
La base de datos PDCOG puede consultarse en: https://phylobone.com/microworld/PDCOG
Artículo redactado con asistencia de IA (Ref. APA: OpenAI. (2026). ChatGPT (GPT-5.4 Thinking, 16 de abril). OpenAI).
