De hecho, en Europa, 50 centrales de carbón serán puestas en marcha los próximos cinco años y según la Unión Europea, de aquí a 2030, el mineral se posicionará como la segunda fuente energética del mundo, produciendo un 28% de esta y siendo superado sólo por el petróleo, con un 34%; en tanto, el gas natural será relegado al tercer lugar, con un 25% de la demanda.
Pero ¿cómo logró el mineral recuperar el sitial que había perdido, hasta transformarse nuevamente en un actor relevante como productor energético? Distintos factores son los responsables: aumento constante de la demanda energética; los altos precios del petróleo y el gas, y la falta de consenso que sigue provocando la energía nuclear como opción en algunos países.
En Chile, se suma el prácticamente nulo suministro de gas natural argentino, que ha obligado a volver la mirada hacia otras energías, más económicas que el diésel, que el viernes cerró en US$ 134,86 el barril -el gas lo hizo en US$ 12,63 el millón de BTU-. El incremento de la demanda se ha hecho notar, tanto que en dos años la tonelada de carbón duplicó su valor. Mientras en abril de 2006, el costo era de US$ 65 por tonelada, hoy la cifra alcanza US$ 130 por tonelada, y para fin de año ésta se incrementaría a US$ 150 por tonelada. Aun así, sigue siendo más competitivo ante otros combustibles.
El gas ha llegado a un valor de generación de US$ 200 por MWh; el diésel hasta US$ 240 por MWh y el carbón está en torno a los US$ 180 por MWh, según fuentes del sector eléctrico. Ahí radica su principal ventaja: la competitividad.
En nuestro país, las cifras son elocuentes. Según la CNE, a diciembre de 2007, un 9,19% de la potencia bruta instalada del SIC, equivalente a 837,7 MW, correspondía a vapor-carbón; en el SING, en tanto, el mineral representó el 33,5% de la potencia total, equivalente a 1.205,6 MW. Asimismo, de acuerdo a las proyecciones de la CNE, mientras este año se utilizarán 3,6 millones de toneladas de carbón en generación, en 2015, la cifra habrá aumentado a 8,3 millones de toneladas. Y es que las generadoras y algunas mineras han hecho eco de las ventajas que tiene este combustible.
Es más, para Francisco Aguirre, socio de ElectroConsultores, “todo el plan de obra eléctrico actual de Chile, está basado en carbón, eso refleja que es el combustible más competitivo en el mediano plazo, pues tiene proyecciones más estables que otros”. Esto es complementado por el gerente general de EcofysValgesta, Ramón Galaz, que explica que “aún cuando ha subido bastante de precio en el último tiempo, por el aumento de la demanda, históricamente siempre se ha considerado que por su diversidad de procedencia es más competitivo y estable”.
El aumento de la demanda mundial puede complicar esta situación, sobre todo considerando que, de acuerdo a la CNE, el 92% del carbón utilizado en generación eléctrica, industria del cemento, azúcar, pesca y otros sectores, correspondió a importaciones; y sólo un 8% a la producción que propia del país, en las VII y XII Regiones, con Enacar y Catamutún.
Aunque en el mediano plazo esto podría cambiar, ya que en febrero de este año, la Sociedad Minera Isla Riesco, controlada por Copec y Ultramar, se adjudicó las pertenencias mineras de carbón en Isla Riesco, Región de Magallanes, luego de una oferta de US$ 250 millones. En este lugar, en teoría, se ubican los mayores recursos carboníferos del país, con reservas estimadas en más de 1.000 millones de toneladas.
