Con mi cámara, con la que he querido plasmar en este proyecto algo que siempre me ha llamado la atención: la visión privada de esos detalles que nos hacen tan especiales, nuestro estatus de replica diferente, provocando esa comunicación no verbal tan nuestra que nos delata, nos confunde, y nos embellece a través del cuerpo. Uno de tantos cuerpos como una de tantas músicas que nos construyen y nos embriagan en un ejercicio paralelo a todo lo relacionado con la música, que es nuestro principal motor.
Mas allá del artificio, creo que estas fotografías otorgan a quien las observa el privilegio de acercarse a la casa donde vive el corazón, de cada uno que se desnuda en esta ocasión tanto objetiva como subjetivamente gracias a la diversidad de los sonidos, y los gestos, y queda enmarcada en un proyecto fotográfico para ilustrar de algún modo esta fiesta tan especial de nuestro programa de radio.
La primera idea surgió de forma espontánea una tarde en que Jorge y yo estábamos comiendo con unos amigos, y se daban cita fotografía y música. Esta combinación daría lugar a un proyecto ambicioso con una doble dificultad, primero la de persuadir a unas 200 personas para que depositaran su confianza de forma desinteresada en nosotros mostrando parte de su cuerpo desnudo ante una cámara, y en segundo lugar, jugar con las variables que se hacen menos expresivas (dinámicas) visualmente, al trabajar sin el resto del cuerpo, y sin el rostro. Pero la sorpresa fue mayúscula al comprobar que la respuesta de la gente era muy positiva, y la gente se adhería al proyecto con entusiasmo, haciéndolo así también un poco suyo.
Lo cierto es que ha sido una experiencia muy fructífera y didáctica con la que hemos disfrutado todos y donde todo el mundo ha aportado su granito de corazón. El trabajo ha transcurrido en los lugares más variopintos y contando con los medios mínimos imprescindibles, así como de los que disponía el lugar, habitualmente una pared blanca, y el tiempo según las circunstancias, y ya fuese de viaje, en la casa de un amigo, en hoteles, en festivales de música, discográficas, oficinas o bares, allí estaba cámara en mano dispuesta a disparar a todo el que me dijera que si quería participar, siempre buscando un gesto nuevo, siempre dinámico y siempre sorprendente al ver las reacciones de la gente. Días llenos de anécdotas agradables.
Por eso es un proyecto que ha tomado un cariz especialmente cálido y adrenalínico, y es difícil ponerle punto y final y dejar de hacer fotos, ya que aún sigue envuelto en una cordialidad interactiva y creativa que lo hace inolvidable y adictivo. Es un proyecto que ha sido posible gracias a la disposición de la gente que ha participado en él, a la gente que tenga la inquietud de verlo, a mi cámara de 35mm, y la especial colaboración y al ánimo de Jorge, sin el que este proyecto no se hubiese llevado a cabo. Ante todo un lujo de corazones grandes.
Alicia Gosálvez
