Las interrupciones introducidas en el Mundial nacieron para proteger la salud de los futbolistas frente al calor, pero varios especialistas consideran que su efecto va mucho más allá de la recuperación física. La posibilidad de detener el partido dos veces por cada tiempo puede alterar la dinámica competitiva y ofrecer a los entrenadores una herramienta táctica inédita en el fútbol.
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